opinión

Zulema Olivares, la mujer más culta de Mendoza

Una mujer que cura. Un video que, en apenas minutos, supera todo el daño y todo el cinismo que nos rodea.

Zulema Olivares es, con seguridad plena, la mujer más culta de Mendoza. Nació y conoció el hambre, allá en su San Juan perdido en la memoria. A partir de los cinco años, ya trabajaba: en su Chimbas (algo así como nuestro Las Heras), se iba a la vera del río San Juan a juntar vidrio y fierros. Después los vendía y con la plata, se iba a las fincas a comprar acelgas y tomates. Finalmente, se iba a vender la verdura a los barrios y con la plata, su familia comía.

De cómo un puñado de vidrios y fierros se transforman en comida, trata, en sí misma, la historia de la historia humana.

Quien, con manos niñas, es capaz de concretar exitosamente este circuito, es una persona culta, digna de loas, de libros, de honoris causa, de ferias, de papados y monarquías y más: quien, con manos niñas, cada día, sea capaz de transformarse, en cuestión de horas, de cazador-recolector, en sedentario y atravesar la revolución industrial, para terminar ejerciendo el mercantilismo, hasta multiplicar panes y peces en la mesa obrera, bueno, he ahí, el más acabado ejemplo de humanidad, de la humanidad que hemos perdido. Un voto para Zulema, todos los votos para ella.

Demos un salto en la historia y mostremos a Zulema Olivares hoy: vive en La Favorita, tiene 44 años, siete hijos, siete nietos, un amado esposo, Raúl Muñoz, con quien comparte una de las peores condiciones de la raza: están desocupados. No tienen trabajo. Así es: aquellos que más merecida tiene la bendición del trabajo, no la tiene. No obstante, bien sabemos que la paradoja es la condición esencial de nuestra especie.

Zulema limpia casa, cuida enfermos, hace changas. Y cada “Día del Niño”, invita al patio de su hogar a 200 niños para que festejen su día. ¿Cómo lo logra? Aquí ella misma nos lo contará. Sólo sepamos algo: inició su tarea, luego de ver que sus propios niños, víctimas de la indigencia, pasaron por la misma triste historia que ella transitó. Ella quiere llevar una alegría a los niños de su barrio y está dispuesta a pagar limpiándote la casa, el baño, tu vereda, tus vidrios y barrotes, a cambio de que colabores con ella.

Vamos a Zulema, en primera persona:

“Un Día del Niño, mis hijos y los hijos de sus vecinos no tenían regalos ni festejos. Estaban los niños tristes porque veían a otros niños con juguetes, pero me crucé al almacén de enfrente y la vecina me fió unas galletas, leche y también hice unos bizcochuelos y pudimos festejar con otros niños. Esa primera vez, había unos quince niños; ahora hay doscientos, que vienen al patio de mi casa. Hacemos mil cosas, pero me gustaría hacer dos mil

“Hacemos facturas, pancitos, tortitas, bizcochuelos y tortas de cumpleaños y las sorteamos. Hacemos 200 bolsitas de pororó y más de 200 bolsitas de golosinas. Hacíamos churros, pero se me rompió la máquina. Todo lo hacemos nosotros, en la casa.

“Ahora voy casa por casa pidiendo una colaboración. Antes me daba vergüenza, pero ahora muestro las fotos de los festejos de los años anteriores y me he puesto más caradura, porque quiero que la pasen bien los chicos. Voy a las casas y les explico que yo no pido dinero, no pido cosas nuevas. Pido cosas que ya no ocupen en la casa. Necesita “lo que no ocupen”. La ropa que al final se comen las polillas. Y no quiero que me la regalen: les limpio la vereda, les lavo ropa o les plancho o les limpio el baño: esas cosas que me dan, con mis hijos y mis nueras, las arreglamos y después las entregamos.

“No tenemos nada que ver con la política ni con la religión. Nos gusta ver a los niños contentos y no sólo a los niños, porque van muchos grandes también. Me acuerdo de una vez que vino una abuelita y se sentó en la esquina de la mesa y se notaba que tenía mucho hambre. Y comió y comió y comió y tomó varias tazas de chocolate. Y nos sentimos bien, no sentimos satisfechos, es algo que no puedo explicar.

“Yo paso necesidades. Yo no he tenido una niñez buena ni fácil. Desde los cinco años me ha tocado trabajar. Hemos sido muy, muy humildes, con mis padres. Nunca tuvimos cumpleaños, Reyes, Día del niño… He tenido muchos hijos y tengo nietos y voy a hacer todo para que ellos no pasen por eso que yo he pasado. Y tampoco los chicos del barrio. Lo que yo pueda hacer voy a hacer. Y les enseño a mis hijos para que puedan hacerlo después, cuando yo no esté

“Para Navidad y Año Nuevo hago pan casero y los pongo en un carro, en unas cajas bien limpias y salgo con mis hijos al barrio a repartirlo. La gente nos mira como si les estuviéramos dando algo grande y es solamente un pan. Pero yo entiendo, a mí me ha pasado que no he tenido ni una miga de pan para darles a mis hijos. Yo le pido a Dios que las cosas que repartimos lleguen a manos que lo necesiten.

“Hace unos años, en un festejo, llegaron dos niños al final de la fiesta. Hacía mucho, mucho frío y tenían los dedos afuera de la zapatilla. Yo les di las zapatillas de mis nietos y les dije que después íbamos a poder comprarles a ellos. Y mis nietos los miraron y les regalaron sus juguetitos.

“Ya hace un año que me quedé sin trabajo. Una de mis hijas se asustó y me dijo ‘Mami, ya no vamos a poder festejar más el Día del Niño’. Yo le contesté desde el alma, desde el corazón: ¿por qué no, hija? Vamos a seguir haciéndolo lo mismo” Yo no pido dinero, yo sé que todos pasan necesidades.

“Yo no lo quiero gratis: yo les voy a ir a limpiar y a planchar las casas. Es lo único que sé hacer, pero lo sé hacer bien. Yo toco el cielo cuando me abrazan y me besan. Nada más”.


¿Sabés qué, Zulema Olivares? Te vamos a ayudar, te vamos a agradecer y te vamos a votar cuando quieras ser gobernadora o sumo pontífice o Madre Tierra o lo que te venga en gana.

Y te digo: como hay mucha gente piola que lee este diario (bueno, también hay mucho garca indolente, pero uno aprende a desestimarlos en el camino), bueno, vamos a apelar a esa gente y vamos armar un festejo, con la leche, el chocolate, los juguetes y las cosas dulces que nos donen, te lo garantizo ya mismo, hermosa mujer de La Favorita. Y también juntaremos útiles escolares, alimentos no perecederos, calzados y ropa en buen estado, ¿te parece?

Zulema llora mientras habla y también se ríe, con timidez y después calla, mirando el piso. Está emocionada con la mera posibilidad de que todo esto se concrete. Y así será: ¿o acaso alguien, que no la ayudará por supuesto, se arrogará el privilegio de dudarlo, para ejercer el cinismo de puro al pedo en la vida, nomás?


Ulises Naranjo.


Pd1: Para colaboraciones: pueden traer sus donaciones a MDZ, Bandera de los Andes 350, de Guaymallén, casi frente a la Terminal de Ómnibus. También pueden escribir al mail unaranjo@mdzol.com o bien comunicarse directamente con Zulema Olivares, su teléfono es 2616599439.

Pd2: Algo más: si tenés diez minutos de tu vida para concretar una de las mejores inversiones del año, te ruego que mirés este video, con una entrevista que el sociólogo Héctor Castagnolo le hizo a doña Zulema Olivares:

 

Opiniones (2)
18 de noviembre de 2017 | 15:48
3
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18 de noviembre de 2017 | 15:48
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  1. Se de lo q habla zulema,y es verdad quienes menos tiene son los mas generosos ,ya q en verdad sabemos lo q es no tener nada,al igual q zulema yo tengo siete hijos y nietos y tres niñas mas q la vida q no fue buena con ellas me las puso en el camino para poderlas ayudar ,por eso me contactare con ella y la ayudare desde mi rinconcito no menos triste ya q vivo en el barrio la gloria barrio q de seguro habra festejos del dia del niño y mas este año ,año de elecciones a donde la dadiva de politicos pretenden comprar votos esta bien eso es otro tema zulema me encantara conocert y asi sera ...beatriz lecaro.
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  2. que pena, una noticia tan importante, cero opiniones, que cínicos que somos..... cuánta miseria hay en nuestras almas....
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