opinión

Homenaje a Germán Abdala a 20 años de su fallecimiento

Hace 20 años fallecía quien consiguió la sanción de la ley convenciones colectivas para estatales.

Germán El Turco Abdala nació el 12 de febrero de 1955 (cuatro meses antes del bombardeo en Plaza de Mayo y siete antes del Golpe). Su madre -Ana Mercedes Fulco- lo dio a luz en una estancia llamada La Linconia, ubicada entre San Clemente y General Lavalle, de donde era oriundo su padre -Manzur Abdala-. En Santa Teresita (Escuela N°7) hizo hasta segundo grado y luego se fue a San Clemente (Instituto Vernié) hasta 1967. Al año siguiente ingresó al Colegio Manuel Belgrano de la Capital, y allí cursó hasta 1972, llegando hasta quinto año, pero no se recibió por no rendir las materias que adeudaba.

Por esos años se vinculó a la agrupación peronista Amado Olmos, enrolada en la CGT de los Argentinos (la de los programas de La Falda y Huerta Grande, la del Cordobazo, la que no transó con el Onganiato). Allí conoció a su inseparable amigo, Víctor El Tano de Gennaro. En 1975, ingresa como pintor en los Talleres de Minería del Estado y comienza su militancia sindical. En el momento más álgido de represión, de prescindibilidades, de ataque hacia toda la estructura estatal y también de mayor debilidad de todo el movimiento obrero, se realizó en la Casa de Nazareth a pocos metros de la Parroquia de Santa Cruz (donde habían secuestrado a tres fundadoras de Madres de Plaza de Mayo -Azucena Villaflor, Esther Ballestrino y María Ponce- y a dos monjas francesa -Alice Domon y Léonie Duquet- para torturarlas en la ESMA y deshacerse de ellas en los “vuelos de la muerte”) el plenario clandestino que dio origen a ANUSATE, Agrupación Nacional Unidad y Solidaridad de ATE.

En 1984 (acababa de naufragar en el Senado -por el voto contrario del neuquino Elías Sapag- un proyecto con media sanción sobre reordenamiento sindical conocido como “Ley Mucci” en alusión a Antonio, Ministro de Trabajo de Alfonsín) llegó la democratización de ATE. Por primera vez en 60 años se presentaron dos listas: la del burócrata Juan Roberto Horvath, conocido colaboracionista de la dictadura, alineada con las 62 Organizaciones; y “La Verde”, alineada con los 25 Gremios Combativos, que se impuso con el voto de mas de 45.000 afiliados, consagrando como secretarios generales al Tano (en la Nación) y al Turco (en la Ciudad de Buenos Aires).

El intercambio dialéctico que sostuvo Germán el 20 de noviembre de 1986 con los arietes mediáticos del neoliberalismo (Bernardo Neustadt y Mariano Grondona) es memorable. Rezongó por tener que ir al programa “Tiempo Nuevo” justo en el día de la soberanía nacional, pero no se hubiese perdonado desaprovechar la oportunidad de discutir con los voceros del establishment en representación de las clases populares. En 1988, Germán es ratificado como secretario general de ATE Capital, y cuatro años más tarde (ya en silla de ruedas) asume su tercer mandato.

En 1989, es electo diputado nacional por el Partido Justicialista. Él mismo confiesa que no aspiraba al cargo y que fue candidato porque nadie quería ocupar el quinto lugar en la lista de Menem. Aquella primera reunión en la que riojano -ya presidente- se quedó dormido mientras le hablaba De Gennaro, hacía presagiar una ruptura temprana. Cuando las relaciones con las corporaciones foráneas (Bunge y Born) y el liberalismo vernáculo (Alsogaray) evidenciaron la farsa del slogan de campaña (“salariazo y revolución productiva”), un grupo de 26 legisladores amagó con formar un bloque no menemista pero la disciplina verticalista pudo más que la dignidad rebelde y sólo quedaron 8 (Darío Alessandro, Juan Pablo Cafiero, Luis Brunati, Franco Caviglia, José Ramos, Moisés Fontela, Chacho Álvarez y -por su puesto- Germán Abdala).

El Grupo de los Ocho se opuso a la oleada privatizadora (sobretodo de ENTEL, YPF, Aerolíneas Argentinas y las jubilaciones) y denunció las corruptelas del menemato, pero fueron los indultos a los genocidas los que motivaron la renuncia de Germán a los cargos partidarios y a su afiliación al PJ. Fue entonces que comprendió que el peronismo era ya un dato histórico y asumió su vocación “frentista”.

El 13 de junio de 1992 declara que “el peronismo disidente y el Grupo de los Ocho han cumplido una etapa (…) No fuimos capaces de generar una oposición desde adentro. Quisimos ser la conducción del verdadero peronismo, pero hemos perdido (…) Hay que construir una nueva alternativa popular (…) Un nuevo partido o frente que rompa con el bipartidismo. ¿Cómo hacerlo? Con diversos sectores políticos y organizaciones sociales”. Y un mes después (12 de Julio), persuadido de que la convención radical no convalidaba ya el programa de Ángeloz (“hacer lo mismo que Menem pero de buena manera”) convocó: “Me parece entonces que la oposición, desde el radicalismo hasta todos y cada uno de los peronistas disidentes, incluidos los sectores de centro izquierda y de la izquierda democrática nos tenemos que encontrar, tenemos que confluir”.

Sin desconocer los aportes de Germán en su labor parlamentaria (propició la derogación de la ley 23.696 -eufemísticamente llamada Ley de Reforma del Estado-, consiguió la sanción de la ley 24.185 de convenciones colectivas para los trabajadores estatales -meritoriamente llamada Ley Abdala-) y gremial (combatió desde las bases a los jerarcas sindicales corruptos y entreguistas, interrumpió su tratamiento en los Estados Unidos para presenciar el plenario fundacional de la CTA que lo tuvo como protagonista), creo que éste es el legado mas perdurable que nos dejó tras su angustiosa desaparición. El haber refutado la “muerte de las ideologías” cuando la derecha repetía monocordemente la tesis de Fukuyama sobre el “fin de la historia”, el haber mostrado los límites de la partidocracia conservadora y el haber demostrado que “las utopías son posibles cuando uno demuestra todos los días que va rumbo a ellas”.

Germán falleció en el Hospital Italiano a las 9 de la mañana del martes 13 de julio de 1993, hace 20 años. Su infatigable compañera, Marcela Bordenave, vio cómo el monitor dejaba de emitir señales y acarició su cabeza. Aquel cordoma de sacro que le habían descubierto por casualidad, tras golpearse en un “fulbito” de sábado por la tarde, terminó de consumirlo. Tenía 38 años y apenas pesaba 35 kilos, estaba barbudo, no veía y le habían amputado un pie. Antes de morir le hizo jurar al Tano que no habría velatorio porque no se bancaría una corona de ningún hijo de puta. Sus restos fueron cremados y sus cenizas arrojadas al mar junto a un atado de Parisiennes.

Es inútil preguntarse (como se pretende hacer en ocasiones para reforzar un relato) dónde se posicionaría políticamente Germán hoy. Pero de algo podemos estar seguros: no sería un obsecuente, ni un adulón, ni un oportunista, ni un incoherente, ni un soberbio. El desafío para los militantes del campo popular, de los sectores progresistas y de la izquierda no sectaria, es construir un espacio amplio que nos contenga y que nos permita caminar juntos teniendo en cuenta hacia dónde vamos y no de dónde venimos. Sólo avanzando sobre nuestras coincidencias y articulando nuestras diferencias podremos aspirar a una democracia menos delegativa y más participativa, que resuelva realmente los problemas más acuciantes de las mayorías y deje de servir a los poderosos de siempre.

Opiniones (1)
15 de diciembre de 2017 | 14:06
2
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15 de diciembre de 2017 | 14:06
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  1. un digno tipo siquiera hubieran 10 como el la clase sindical y politica seria otra
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Leopardo al acecho
7 de Diciembre de 2017
Leopardo al acecho