opinión

Los evocéntricos y los obedientes

Lo que dejó la última "no cumbre" de Unasur.

La cumbre de Unasur en Cochabamba, que no fue tal debido a notorias ausencias, logró poner en visibilidad un mensaje de apoyo al presidente de Bolivia, Evo Morales, tras el escándalo protagonizado por Italia, España, Francia y Portugal al impedirle volar por su espacio aéreo.

Pero más allá del respaldo de presentes y ausentes al mandatario frente a un hecho calificado como “injusto” hasta por el escritor y líder de los conservadores del mundo Mario Vargas Llosa, lo que sucedió ayer en Bolivia merece un análisis aparte, a partir de los gestos de los que no estuvieron en el encuentro.

Desde los discursos de los mandatarios que hablaron ante movimientos sociales se acusó a Europa de obedecer a los designios de los Estados Unidos, a quien se responsabilizó por lo sucedido con el vuelo de Morales a su regreso de Rusia.

Nada se dijo en público sobre las ausencias de presidentes que son miembros de Unasur y que, además, son aliados del país sospechado: no viajó el titular del bloque, el peruano Ollanta Humala; tampoco concurrió Juan Manuel Santos, de la Colombia que puja por ser parte de la OTAN, ni el chileno Sebastián Piñera. El caso de la brasileña Dilma Rousseff es diferente, ya que mantiene conflictos dentro de su país que, según alegaron sus voceros, le impidieron viajar a la “cumbre”.

Pasando en limpio, entre los presentes se encontraban los países que responden a “otra obediencia”, una que es radicalmente opuesta desde lo discursivo a Estados Unidos: la de Venezuela. Se trata de un alineamiento que para algunos es económico y, para otros, ideológico. Estuvieron allí –además del anfitrión-, Nicolás Maduro, José Mujica, Rafael Correa, Cristina Kirchner y el mandatario de Surinam, Desi Bouterse.

Otro factor que aglutina a los ausentes es su “Alianza del Pacífico”, bloque comercial desinhibido de los condicionantes bolivarianos, abiertamente proestadounidenses y que fue presentado por primera vez como núcleo de negocios en Moscú, sede de quien es señalado desde Unasur como el gobierno que le dará impulso al desarrollo a sus países, en una remake de los tiempos de la URSS y sus estados satélites.
Fue Evo Morales quien, tras recordar su situación en Viena durante su discurso en Cochabamba, depositó en Rusia las esperanzas de consolidación económica de la región.

Correa y Maduro cumplieron roles diferentes a la hora de usar el micrófono.

El venezolano tuvo la misión de invocar al fallecido Hugo Chávez como “comandante” de todo el proceso de la Unasur y de romper lazos con Europa y, especialmente, con el gobierno español, al tildar a Mariano Rajoy de “indigno y abusador”, y Correa se mostró como un defensor de las gestiones de los países bolivarianos. Puntualizó lo que une a los gobiernos de ese signo y, obviamente, dejó afuera a los que no.

Justamente “los que no” faltaron a la convocatoria bajo diversas excusas, pero ausentes al fin.

Como primera conclusión, debe tenerse en cuenta que no resultó tan fácil a la Unasur reunirse en defensa de uno de sus mandatarios como lo logró Michelle Bachelet cuando se atentó contra la continuidad democrática en Bolivia, en 2008. Tampoco hubo la efervescencia que sí existió para respaldar a Rafael Correa, acorralado por un intento de golpe policial en 2010. En aquellas oportunidades el apoyo fue unánime.

Y mucho tiene que ver la “Alianza del Pacífico” en esta nueva posición asumida por sus impulsores que, además, son parte de la Unasur. Las reacciones que ocasionó en los socios de este último bloque el surgimiento del nuevo espacio apadrinado por el ex presidente peruano Alan García fue violenta. Por ejemplo, Humala, Piñera ni Santos deben haber olvidado que el propio Morales los trató el pasado 17 de junio, ayer no más, de ser los herederos del Consenso de Washington”. “A qué se debe –preguntó ante la prensa el presidente boliviano- la llamada Alianza del Pacífico, qué era el ALCA antes, de donde viene el Consenso de Washington”.

Tampoco deben olvidar Piñera y Humala las consideraciones públicas de Evo frente a los conflictos binacionales que Chile y Perú mantienen con Bolivia desde los confines de la historia y que son traídos a la superficie para llevar agua al molino nacionalista de uno y otro lado.

Por esto, por lo que vemos, escuchamos y sabemos a simple vista, el escándalo por la hostilidad europea hacia Morales consiguió que la Unasur se consolide como un bloque ideológico, dejando afuera a los que no piensan igual y actúan diferente, eligen a otros socios y, en todo caso, acatan “otras obediencias”.

La “cumbre” que fue convocada para una cosa, pudo haber terminado –de acuerdo con diálogos y negociaciones que no vemos, no escuchamos ni conocemos- en otra: un realineamiento de naciones en el continente y, probablemente, un cambio de época a nivel regional.

Opiniones (2)
16 de enero de 2018 | 10:48
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16 de enero de 2018 | 10:48
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  1. Son conmociones extraordinarias como la afrenta a Bolivia que tienen la virtud - si así se le puede llamar - de mostrar la verdadera cara de los protagonistas. En las buenas y cómodas somos todos re-piolas; hace falta una parada brava - que nadie busca - para encontrarse con lo que realmente es cada uno y dónde tiene puestas sus fichas. Esta humillación a Bolivia se ha encargado de mostrarlo en estas latitudes.
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  2. Muy importante la presencia de el mandatario de Surinam: Desi Bouterse. Imagínense...y por si fuera poco la presencia del comunista Nicolás Maduro, el amaestrador de pajaricos !! VamosUnasur !! Adónde vamos? no sabemos, pero siempre adelante mi comandante!! pa llevarle la contra al capitalismo. Siempre adelante con kretina y sus secuaces...regionales
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