opinión

El pequeño infierno de Evo en el cielo europeo

Morales fue condenado a un breve Infierno europeo. Un acto hostil y sus consecuencias.

Frente a la situación a la que fue forzado a sufrir el presidente de Bolivia, Evo Morales, no hay posibilidad de reducir el análisis a cuestiones menores, tal vez semánticas o pequeñeces de barrabravas de la política: fue un atropello.

Las pequeñeces locales han hecho que, porque no se adhiera a lo que Morales representa en la región políticamente, no se le dé al hecho el peso que realmente tiene y se pretenda bajar la calidad del debate. Muchos medios, por ello, prefieren elegir a Egipto, ese país cuyo golpe solo despertó en el gobierno argentino un comunicado en el que expresó “preocupación”, una tímida reacción tolerante frente a la supresión del orden constitucional en un estado.

Ayer se habló de “secuestro” del Presidente, hecho basado en que el avión tuvo que desviar su recorrido, aterrizar de emergencia en Austria y permanecer 13 horas en un lugar que no estaba en la agenda. Los medios argentinos usaron una diversidad de términos: Página/12 lo tildó de “detención ilegal”, Clarín de “atropello” (Clarín), La Nación lo calificó de “desvío” aéreo, Ámbito Financiero como “odisea y desaire”, El Cronista lo redujo a un “incidente” y Tiempo Argentino habló de un “agravio”.

Pero, a decir verdad, ese no es el punto, como tampoco lo es la alineación a favor/en contra de los medios europeos y estadounidenses.

Europa le cerró sus cielos al paso de un avión presidencial lo que ya es una violación a los acuerdos internacionales que le dan inmunidad a la nave, y mucho más cuando en su interior va un Jefe de Estado.

Ese presidente podrá ser refutado, criticado, repudiado y hasta odiado, pero no cumplía con ningún requisito para ser condenado al Infierno por los dueños de los Cielos:

-         Fue elegido democráticamente y hasta se sometió a un plebiscito revocatorio de su mandato, que ganó;

-         No pesa sobre él ningún pedido de condena por algún tribunal internacional;

-         No está prófugo de la justicia de su país ni de la de ningún otro, mucho menos de los sistemas judiciales de Europa, que le impidió volar sobre su mapa;

-         No pesa sobre él acusación criminal alguna.

En conclusión, solo queda una interpretación extrema: desviarlo de su ruta, alterando su plan de vuelo, obligando a su nave a realizar un aterrizaje forzoso, puede ser considerada –según han abundado los analistas en la materia en todo el mundo- como un “acto hostil” hacia Bolivia.

Resulta una insólita situación, porque ¿qué conflicto real mantiene Bolivia con Italia, Francia y Portugal? La única respuesta posible está en que esas naciones respondieron en forma coincidente y a pesar de los signos políticos diferentes de sus gestiones nacionales, junto a España, el socio menor del escándalo de los aires prohibidos para Evo, sí vieron una “amenaza” en el avión presidencial de Bolivia.

Esa fue la potencial presencia de un desertor del sistema de espionaje internacional de los Estados Unidos, Eduard Snowen, su nuevo “Osama Bin Laden”, un invento que puso a la nación del norte en analogía con el Dr. Frankestein.

Pero hasta The New York Times les dijo “in your face” que esa sospecha era “injustificable” para proceder como se procedió. Rápidamente, mientras el Departamento de Estado ayer mandaba a una vocera a pedir tarde  irónicamente “diálogo” en un Egipto  en el que el golpe ya estaba sustanciado, evadieron hablar de Evo, su avión y los cielos de Europa. “Yo no fui”, dijo Estados Unidos al responderle a un periodista: “Pregúntele sobre ese tema a los presidentes involucrados”.

Evo podría haber ido en su avión tomando té de coca junto a Snowde y, así y todo, nadie debería haber hecho aterrizar a la nave por un puñado de razones soberanas:

-         El ex espía estadounidense está acusado de cometer un delito dentro de su país y por lo tanto, no acusaciones en su contra, formalmente, fuera de él. No puede ser detenido en cualquier parte del mundo, como si el resto de la humanidad resultase, sin más, el patio trasero de Estados Unidos.

-         Snowden puede resultar, probablemente, un peligro para todos los estados, por lo que sabe, por lo que puede filtrar o por lo que ya hizo. Pero ese es un asunto político y debe tratarse en esos niveles, para lo cual existen organismos cuya existencia no ha sido derogada.

-          Y su defección a la CIA y al gobierno de su país, en todo caso, una nueva paradoja de quienes lo formaron y contrataron como espía: se les dio vuelta, busquen al responsable dentro de Estados Unidos.

Sucede en un mundo en donde la “Guerra Fría” resucitó en pleno hervor, pero multilateralmente, con protagonistas que resultan débiles frente a la intromisión de las redes sociales y organizaciones que, como WikiLeaks, abren los archivos del espionaje para ventilarlos al sol.

¿Qué viene ahora? ¿Una guerra de discursos? Es probable que Latinoamérica se envalentone, incluida Colombia y sus pretensiones de aliarse a la OTAN, en contra de Europa y Estados Unidos, sospechosos siempre de guiar al resto de las naciones hacia el control de sus objetivos. Podremos adherir o no a este planteo. Pero lo importante es otra cosa: nadie nunca puede ejercer la fuerza sobre otros sin que medie una instancia de diálogo y justicia. Si pasa a nivel cotidiano, es ilegal y hay fuertes castigos por ello. Si le sucede a un mandatario de un país soberano, también.

Opiniones (1)
19 de noviembre de 2017 | 21:38
2
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19 de noviembre de 2017 | 21:38
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  1. Estimado Gabriel; me gusto su nota, y debemos agradecer que esto no le pasó a nuestra presidente, más allá de quien fuera, es una demostración de quién manda en el mundo y a el le importa casi nada el bochorno que sufre la víctima e incluso a quienes representa. Lo llamativo es que las cosas van empeorando pues la ausencia de varios presidentes en el desagravio indica un claro posicionamiento de los países Latinoamericanos frente al poder. ¿miedo? .Sí. En el año 2.000 unidos o dominados. No fuimos capaces de unirnos y ahora estamos tecnológicamente tan atrasados que la única salida es el diálogo, eso sí, si se nos permite expresarnos cuando tengan ganas de escucharnos y previa revisión y acuerdo (Protocolo que le llaman) de lo que vayamos a expresar. Me amargan estas cosas, mejor me voy a ver al llanero solitario. Chau.
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