opinión

¿Cuándo es bueno que esté bueno?

Los sutiles matices de los verbos ser y estar.

¿Cuándo es bueno que esté bueno?

Un lector preguntaba, días pasados, acerca de la corrección de la expresión “está bueno”, tan en boga hoy, sobre todo en el lenguaje juvenil y en el de la publicidad. Su reflexión lingüística contrasta esa expresión con otras, como “está bien” y “es bueno”.

En primer lugar, hay que atender a lo que denotan los verbos ‘ser’ y ‘estar’, tan indisolublemente unidos en otros idiomas en un solo vocablo y, en cambio, divididos, para expresar cosas diferentes, en nuestro español. En efecto, cuando se usa ‘ser’ se apunta a la naturaleza o esencia de algo, de carácter estable y permanente; pero si se usa ‘estar’ se indica una característica o cualidad pasajera.

Fijémonos en la diferencia entre decir “Es enfermo” o “Es loco” y “Está enfermo” o “Está loco”: en el primer caso, señalamos un defecto de alguien, de modo permanente y estable; en el segundo, por el contrario, indicamos un estado transitorio, que puede mejorarse y pasar. Entonces, si se dice de un hecho o de un objeto que es bueno, estamos describiendo una cualidad propia de su naturaleza; por el contrario, si indicamos que algo está bueno no señalamos que esa bondad sea algo inherente a la esencia de ese algo, sino que es una atribución transitoria del mismo, de modo no permanente.

Eso en cuanto a la parte significativa relacionada con los verbos; por otro lado, si apuntamos al uso del adverbio ‘bien’ o del adjetivo ‘bueno’, también en la práctica hay una diferencia en cuanto a su valor: decir que algo “está bien” quiere indicar que el modo en que se lleva a cabo o en que se presenta alcanza para juzgarlo; así, cuando un alumno está rindiendo un examen y su exposición ha sido convincente para el tribunal, es costumbre que alguien le diga “Está bien”, para señalar que es suficiente lo que ha desarrollado hasta ese momento para evaluar su desempeño.

No necesariamente esa afirmación indica que haya aprobado, sino que lo hecho alcanza ya para emitir un juicio. En situaciones de conformidad de pareceres, suele coronarse un diálogo con la afirmación “Está bien”, que cierra el intercambio de argumentos.

En relación con la forma “Está bueno”, se la utiliza para indicar algunos de los usos que la Academia registra para el adjetivo ‘bueno’: “Que tiene bondad en su género”: Está bueno el contenido de ese libro de refranes. El segundo valor señala “que es útil y a propósito para algo”: Este diccionario está bueno para los extranjeros que están aprendiendo español. Un tercer valor indica que  algo es “gustoso, apetecible, agradable, divertido”: Ese espectáculo con títeres está bueno para niños pequeños. Otro uso aceptado por la Academia es el que concede al adjetivo ‘bueno’, dicho de una cosa, el valor de “no deteriorada y que puede servir”: Este vestido todavía está bueno. Cualquiera de estas acepciones es correcta para, al juzgar un hecho o un asunto, decir de él que ‘está bueno’.

El Diccionario de la Academia registra también como correcta la forma ‘bueno está’, como expresión coloquial, con el valor de “basta, o no más, o ya está bien”. También registra las formas ‘estaría bueno’ o ‘estaría bueno que’, como expresiones irónicas coloquiales, usadas para subrayar la oposición a algo o su inconveniencia: Estaría bueno que encima tuviese que pagarlo él.

Fuentes consultadas: Asociación de Academias de la Lengua Española y Real Academia Española. Diccionario de la lengua española. Versión actualizada online al 24 de junio de 2013. ----- (2005). Diccionario panhispánico de dudas. Colombia: Santillana.

* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.

Opiniones (1)
20 de noviembre de 2017 | 06:26
2
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20 de noviembre de 2017 | 06:26
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  1. Clarísimo, como siempre, muchas gracias profesora. Recuerdo un reportaje a JLB en el que el gran maestro explicaba que en su infancia en Ginebra estaba obligado a expresarse en cuatro idiomas, en español con su padre, en inglés con su madre, en latín con su profesor a domicilio (no asistía a la escuela pública) y en francés con su nodriza. Cuando el reportero le pidió que señalara las mejores virtudes de cada uno de estos idiomas vivos, el maestro destacó los artículos del francés, como "en" o "y", que permiten construcciones muy sintéticas y expresivas con gran economía de vocablos (algo que a él le gustaba mucho y que ponía magistralmente en práctica cuando escribía en español), como "Tu peux t'en servir" o "J'y suis". Del inglés mencionó la asociación de vocablos que deriva en expresiones idiomáticas muy claras y precisas, como "calm down", "work out", etc (son muy abundantes en el inglés). El maestro prefirió del español su sonoridad (coincido en todas estas apreciaciones y opino que el español es el idioma más musical y agradable al oído que existe, con el italiano). Pero también el maestro mencionaba el hecho de disponer de dos verbos que en los otros idiomas son uno, "ser" y "estar". Decía Borges que el español es el único idioma que presenta esa ventaja y la calificaba de gran ventaja porque, según él, esto nos permite separar lo racional de lo metafísico y ese hecho nos aporta una gran amplitud de pendamiento. Me pareció, como muchos otros del gran escritor argentino, un razonamiento profundo y muy agudo. Es todo un desafío, casi una misión imposible (y me consta), hacerles comprender a un francófono o a un anglófono adultos la diferencia conceptual entre estos verbos y el buen uso de cada uno de ellos, algo que a los hispanoparlantes nos resulta tan sencillo y natural. Saludos
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