opinión

Grandes caras y pequeñas ideas

¿Qué hacer con tanta hipocresía y cinismo? ¿Indignarnos? ¿Comprometernos? ¿Movilizarnos?

Grandes caras y pequeñas ideas

Pronto volveremos a tener elecciones, uno recuerda cuando no las teníamos y festeja por la continuación del sistema democrático que a pesar de sus deficiencias y formalidades sin mucho contenido, es muy superior a las tinieblas dramáticas de las dictaduras. Eso quizás permita que algunos políticos se distraigan y piensen que a pesar de sus errores, por acción u omisión, la peor democracia es preferible a la mejor dictadura, y si bien eso es verdad, la gente se está cansando, no solamente acá, en todo el mundo. No tengo duda de que hay que mejorar el sistema democrático, por no decir cambiarlo radicalmente, para que  vuelva a  ser  “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.

Veo los carteles de los candidatos, con grandes fotos y pequeñas ideas: uno propone “poner los puntos sobre las íes”, otro ofrece “mas por Mendoza”, otro promete “frenar a Cristina”, otro asegura que “es ahora” (¿?). Parece más un desfile de modelos que una confrontación de propuestas.

Otra cosa que llama la atención es la escasa renovación de personajes, hay algunos que llevan como 30 años diciendo lo mismo o parecido, se “reciclan”, se “producen”, se pelean, se abrazan, cambian o crean otro partido y continúan apelando a la falta de memoria de nuestro generoso pueblo. Qué pasa con las nuevas generaciones en los partidos políticos… Me niego a creer que se acabó el idealismo, el desinterés, la entrega, la solidaridad, la lucha por cambiar las estructuras anacrónicas y corruptas, en fin… la lucha por un mundo mejor que históricamente encararon los jóvenes de todo el planeta y en todas las épocas y que se debe hacer a través de la política.

Dónde están los dirigentes jóvenes, capaces, idealistas, rebeldes, quizás sin mucha historia pero también sin favores a devolver… Puede que estén en los partidos que representen su pensamiento en general y a los que quieren mejorar, pero qué hacer con los “viejos hombres sabios” que siguen imponiendo sus ideas y desplazando a los que piensan distinto, sin aceptar que ellos son el pasado y los jóvenes el futuro. Dirán que miden bien en las encuestas, que finalmente marcan al menos malo pero no al mejor. El que quiere un cambio real, ese por el momento es desconocido, no va a los medios, a las grandes cenas o a los cócteles con ricos y famosos, quizás por lo comentado tampoco  esté en los partidos políticos, y eso es preocupante, porque la única forma de cambiarlos es desde adentro.

¿Qué hacer con tanta hipocresía y cinismo? Recuerdo cuando Carlos Menen comentó: “Si hubiera dicho lo que iba a hacer, no me votaba nadie”. ¿No tenemos derecho a reclamar rendición de cuentas, a revocar mandatos que traicionan lo prometido?

¿Y qué hacemos con la corporación? Volviendo a Menen, después de 18 años, el  histórico y lentísimo juicio por el trafico de armas (vergüenza nacional) lo declara culpable, un senador del peronismo afirma que él va a votar en contra de retirarle los fueros que lo protegen de la merecida condena “porque los políticos tenemos códigos”.

Y qué me dicen de Cavallo dando consejos de política económica en el programa de Grondona, el mes pasado, cuando hasta el FMI le soltó la mano a su  alumno ejemplar, reconociendo el error de las politicas economicas de los 90. Hoy me entero de que se presenta para legislador. Y los errores cometidos, ¿quien los paga? Siempre las víctimas, nunca los culpables.

Dejando a los actores y pasando a las ideas, me preocupa:

1-     La expansión de las desigualdades sociales; 2- La descomposición de la democracia política, y 3- La reducción de la soberanía nacional.

Dice Francis Fukuyama (un despreocupado famoso): “Con el tiempo, las elites están en condiciones de proteger sus posiciones manipulando el sistema político, colocando su dinero en el extranjero para evitar la carga impositiva, trasmitiendo estas ventajas a sus hijos gracias al acceso privilegiado a las instituciones elitistas”.

Esto explica tantas incoherencias e injusticias, como que el trabajo pague más impuestos que el capital, que existan paraísos fiscales para que los que más tienen evadan impuestos, el rechazo de la taza Tobin para gravar los movimientos del capital, que el 5% que más tiene gane mil veces más que el 5% que menos tiene (¿serán mil veces más inteligentes? ¿trabajarán mil veces más?). En fin, que en Argentina y en todo el mundo se le cobra más impuestos proporcionalmente al que menos tiene… La connivencia política del capital acrecienta su influencia y dicha influencia acrecienta el capital, en un círculo vicioso (o virtuoso, según quién lo mire y de qué lado esté).

Decía Louis Brandeis, juez de la Suprema Corte de EEUU: “Tenemos que elegir. Podemos tener una democracia o una concentración de la riqueza en manos de algunos, lo que no podemos es tener las dos cosas”.

¿Recién nos damos cuenta de que a algunos dirigentes políticos les gusta el dinero y que frecuentan a quienes lo poseen? ¿De que todos ellos se quejan como si fueran una casta encima de las leyes? ¿De que el fisco favorece a los contribuyentes más ricos? ¿De que la libre circulación del capital les permite esconder su tesoro en paraísos fiscales que ellos mismos crearon?

Es urgente encontrar una salida. La humanidad ha pasado otras etapas nefastas: la esclavitud, la Edad Media, las grandes guerras, las dictaduras. Esta que nos toca vivir es un poco una mezcla de todas: la esclavitud al mercado(nos impone desde lo que usamos hasta lo que pensamos), el fundamentalismo religioso con tantas muertes en función  de las “verdades reveladas” (cada cual tiene la suya), las guerras que provocan para enriquecerse y argumentan que son para salvar a las victimas, y  ahora sufrimos la dictadura del capital, que para continuar su vertiginoso crecimiento, basado en su tremenda ambición y  sus escasos escrúpulos, no le preocupa demasiado llegar a destruir la vida en el planeta.

Decía el filosofo francés Luc Ferry: “Lo que me entristece, porque soy demócrata de alma, es la constancia con que el pueblo, en tiempos de crisis, elige sin falta, sino a los más malos, por lo menos a los que ocultan más hábilmente y más ampliamente la verdad”.

¿Qué hacemos? ¿Indignarnos? ¿Comprometernos? ¿Movilizarnos? ¿Participar auque no quieran? ¿Cambiar todo?

Lo que no podemos ser es espectadores pasivos.

Empecemos por casa, y realmente creo que con los carteles de las grandes fotos y las pequeñas ideas estamos muy lejos de lo planteado, es simplemente más de lo mismo.

Opiniones (1)
19 de noviembre de 2017 | 15:16
2
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19 de noviembre de 2017 | 15:16
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  1. totalmente de acuerdo. Hay que reconocer el dramático logro del gobierno de facto y del menemismo: la esterilización mental de los gobernados. El "si no es con vos no te metás" y "algo habrá hecho" ha llevado al miedo, al desinterés y la comodidad. Voto cada 4 años y que el "papá" gobierno piense por mi, haga por mi (robe por mi, disfrute por mi) y reducir la función del pueblo a mero espectador de una pelicula donde no tiene ni arte ni parte
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