opinión

Massa y la nueva-vieja política

El tamaño de la “ofensa”. ¿Tres tercios en territorio bonaerense? El resurgimiento de Daniel.

Massa y la nueva-vieja política

Por Julio Villalonga*

La decisión del intendente de Tigre, Sergio Massa, de postularse como primer candidato a diputado nacional del Frente Renovador, una coalición con peronistas tradicionales, macristas y figuras mediáticas, no parece el lanzamiento de una fuerza política de nuevo cuño, pero dejó en evidencia la fragilidad del sistema político, en general, y supuso un llamado de atención al oficialismo y casi la bancarrota del empresario-diputado Francisco de Narváez.

El kirchnerismo ofreció una lista de ultraleales encabezada por el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, y es evidente que quien la diseñó, la presidente Cristina Kirchner, decidió que así fuera y descartó a las figuras “nacionales” como el ministro del Interior y Transporte , Florencio Randazzo, y a su colega de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, entre otros, en cada caso por razones distintas: uno por el golpe del último accidente ferroviario; la otra porque nunca se recuperó de las bajas mediciones. Cristina “midió” el tamaño de la “ofensa” de Massa, que es estrictamente bonaerense.

La “opción territorial” de Cristina enfrentará el “mix” del “massismo”, que está rodeado de intendentes pero apeló a los mediáticos Mirtha Tundis, la experta en temas previsionales de TN, la señal de noticias del Grupo Clarín, y al ex titular de la UIA, José Ignacio de Mendiguren. Massa envía dos mensajes clave para los próximos dos años, en los que irá construyendo su perfil de “presidenciable”: uno, que como el kirchnerismo y por su pasado en el Anses, tiene muy en cuenta a los jubilados (y a los desvalidos, en general); el otro, que está a favor de un desarrollo industrial, con lo que busca lavar su pasado de administrador financiero, el mismo por el que desembarcó muy joven en el organismo previsional, posta que luego pasó a su socio y ahora vicepresidente Amado Boudou. Con afinidad política debido a su origen, Massa, que comenzó militando en la Ucedé, como Boudou, acordó finalmente con el macrismo provincial, que no tenía candidatos ni desarrollo suficientes en la Provincia como para cerrar otra cosa que no fueran pactos municipales. Con la incorporación del ex "lilito" Adrián Pérez, el alcalde trató de mostrar que en el futuro, después de octubre de este año, no sólo buscará recoger adhesiones dentro del colectivo del peronismo.

En el caso de Daniel Scioli, el aislamiento del gobernador bonaerense quedó patentizado por el hecho de que sólo Gustavo Arrieta, ministro de Agricultura bonaerense, entró a la lista del kirchnerismo, aunque lo hizo en el décimo quinto lugar, sitio desde el que muy probablemente no entre a la Cámara Baja. Arrieta era considerado el más K de los integrantes del gabinete e ingresó a la lista por su histórico alineamiento con el Ejecutivo nacional, no por gestión del sciolismo, que hasta último momento intentó negociar algún lugar para el jefe de Gabinete, Alberto Pérez, aunque sin éxito. Pasadas 48 horas del shock inicial, cerca de Scioli creen que después de los comicios legislativos el sol volverá a salir “para Daniel”, a quien no dan por perdido en la carrera hacia el 2015.

”Ese señor coloradito”, como lo llamó la presidente Cristina Kirchner esta semana, ha sido el que más que nadie sufrió el salto de Massa, que compromete seriamente su performance. De Narváez llevará consigo a lo que queda del Peronismo Federal, a lo que suma al líder de la CGT Azopardo, Hugo Moyano, en un muy simbólico 35º lugar. Moyano salió a despotricar contra Scioli y Massa en un gesto de despecho hacia la política que demuestra que sus aspiraciones y sus expectativas eran muy superiores a lo que la realidad le podía entregar. De Narváez, se supo por Solá, trató de entrar a las listas de Massa pero fue rechazado por el tigrense, lo que lo instala en un tremendo lugar de humillación, casi en el destierro político.

De hecho, la provincia de Buenos Aires como distrito electoral, más allá de lo que ocurra en las PASO del 11 de agosto, en las que pocos competirán, deparará un escenario muy parejo en el que Massa puede “comerle” adhesiones a De Narváez, pero en el que el kirchnerismo bonaerense tratará de conservar un tercio del total de los votos de la mano de la propia tropa, compuesta por los intendentes adictos y las organizaciones sociales nucleadas en Unidos y Organizados.

Si el oficialismo y el massismo se reparten dos de cada tres votos en octubre próximo, el voto restante quedará para las opciones no peronistas representadas por la FAP y la UCR, que esperan terciar en la disputa “intraperonista” y sacar ventaja de ese enfrentamiento.    

* Director de gacetamercantil.com

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29 de Junio de 2017|13:17
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