opinión

Laura Bonaparte, esa mujer

Recordarla es acordarse del futuro, en ella debió haber algo inmensamente vinculado al amor.

Laura Bonaparte, esa mujer

Las noticias corren  rápido y como vienen se van. Pero entre las novedades políticas y el crimen de la joven Ángeles que conmueve a la sociedad y a los programas de color amarillo, de repente las páginas informan que ha muerto Laura Bonaparte.

¿Quién fue? Una madre de Plaza de Mayo que militaba en la Línea Fundadora y cuya familia fue casi exterminada, que se exilió en México que fue observadora internacional de diversas tragedias y que no encontró respuesta del destino de su familia secuestrada.

¿Es todo lo que podemos decir de ella y dar vuelta la página o posicionar el mouse en otra noticia? ¿Cuánta es nuestra capacidad de atención ante una historia conmovedora como la de Laura Bonaparte?

Argentina asombra por la estela de miles de personas que fueron víctimas del terrorismo de Estado y que no es ocioso recordar lo que sucedió en esas épocas ni lo que aconteció con ellas, porque nos sigue sucediendo en democracia, donde hay más preguntas que respuestas.

Recordar quién era Laura Bonaparte es acordarse del futuro, porque si ella no obtuvo justicia, mucho nos debemos preguntar entonces qué hicimos por su tragedia.

No basta decir que esa mujer fue un ejemplo extraordinario de coraje, de valor humano inconmensurable, de cómo hizo para levantarse todos los días ante el secuestro de sus tres hijos, dos yernos y el padre de sus hijos. Dentro de su ser debió haber algo inmensamente vinculado al amor y la dignidad  que pueda explicar esta fortaleza.

La muerte de Laura Bonaparte a mi entender nos convierte no en sucesores de un blasón que no nos corresponde ni de un honor que es ajeno, si en deudores a perpetuidad de un clamor por justicia.

Una sociedad que no responde a esas respuestas es una sociedad con poco futuro, no en el sentido final de la palabra, sino en el camino de la peor de las respuestas sociales; la indiferencia.

Que el dolor del otro no me conmueva es preocupante, que la tragedia no sea parte de mi historia social es una negación del inventario.

Por eso es importante saber quien fue Laura y que podemos hacer por ella y por los que como esa persona buscan y reclaman el derecho a un servicio humano de justicia.

Qué justicia, cuál, dónde, son respuestas en que todos debemos involucrarnos. Laura la encontró en las rondas de los jueves, en el pañuelo que nunca manchó, en los golpes de mano que dio a las puertas de los tribunales, en la mirada limpia frente a las dictaduras de turno y las ocupadas agendas de líderes democráticos.

Nada calmará la ausencia de la familia de Laura Bonaparte y dentro de poco como siempre otras noticias ocuparán los portales y la tinta diaria, lo importante sería que aquel viejo cartel con las caras de sus hijos, sus yernos y su pareja, pueda ser nuevamente levantado por cualquiera de nosotros en cualquier plaza de este país, y entonces sí no sólo el honor será nuestro, sino que la memoria aspirará por un momento a ser eterna porque sin justicia la democracia es finita como infinito el destino de un desaparecido.

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20 de noviembre de 2017 | 19:10
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