opinión

El poder infantil

Goyo Torcetta hace un análisis histórico del folclore en la región cuyana y su influencia.

El poder infantil

“Una ronda de torcazas / le hace ronda a los sauzales / y soy niño de nuevo /magia en la tarde / pájaro y canto /cueca en el polvaderal. / A Mendoza enamorada / mi canto regresará”

Armando Tejada Gómez en “Regreso a la tonada” con música de Tito Francia

Este concepto que aquí se utiliza como título, pertenece al profesor Félix Collucio (*) cuya obra es bien conocida en toda América Latina y buena parte de Europa. Sus trabajos son pilares en la ciencia folklórica y están acordes con su pensamiento nacionalista –en el más concreto y noble sentido del vocablo. Su obra ha buscado el trasfondo cultural y tradicional de nuestro país hasta sus más profundas raíces.

“…Los niños constituyen un poder y reclaman esa atención que no siempre se les ha sabido brindar”.

Cada día los países más civilizados se preocupan por manejar con el mayor respeto su patrimonio tradicional y popular.

Se esmeran por conservar y divulgar su folklore porque se enorgullecen de él. Es la fuente de su identidad.

“La tradición determina valores que luego proyecta en el tiempo. Tradición es algo en lo que se cree y al mismo tiempo es aquello por lo cual se cree, por lo que se sigue creyendo toda la vida y es lo que condiciona esa vida…” sostiene el gran pensador italiano Giuseppe María Sciacca.

Es en su forma popular cuando la tradición se hace más fuerte.

El folklore es una realidad que viene del pasado conservando su esencia para nutrir el presente y proyectarse hacia el futuro.

Un futuro distinto a nuestro presente. Hasta incierto, debido a la tecnología masiva que, indudablemente, ofrece aspectos positivos asombrosos en los campos de la comunicación y la ciencia, pero aparece como un juguete peligroso en manos de quienes no saben sacarle un provecho positivo y servirse de ella para alcanzar objetivos superiores en favor de la comunidad. Pero convengamos que no es culpa de la tecnología, sino del individuo.

Integrar al niño

Al niño hay que despertarle su interés, su motivación.

Si ello queda satisfecho, ayudará en gran medida a conformar su personalidad en libertad, imaginación y creatividad.

Nuestro país cuenta con un vastísimo caudal folklórico en lo musical, literario, coreográfico, entre otros rubros.

Adaptado convenientemente, esto genera en el ámbito infantil, una tarea sencilla y agradable que se enriquece con el dinámico entusiasmo de los pequeños en reuniones escolares, familiares y populares.

El propósito es integrar al niño a una actividad en la que se sienta feliz: actuando, ejecutando un instrumento, cantando, bailando, recitando. Jamás un niño debe ser presionado intentando convertirlo en figura estelar y mucho menos proyectado a la competición.

La tarea debe ser sencilla y agradable y nunca deberán faltar la belleza y el buen gusto.

La importancia del folklore

Al niño debe inculcársele que pertenece a un pueblo; que ese pueblo tiene una historia y un espíritu que lo caracterizarán para siempre y harán que él sea de un determinado modo frente al mundo. Su pueblo le da identidad.

El folklore nace con el pueblo. Es el tesoro del pueblo. Son los hechos anónimos guardados en el alma del pueblo a través del tiempo, la tradición y la identidad transmitidas de generación en generación en forma oral gracias a la memoria colectiva.

Es lo que sabe el pueblo. Lo que el pueblo sabe hacer por tradición y que aprendió de sus antepasados oralmente.

Todo pueblo tiene su propia historia. Ese pasado para ser historia necesita documentar la verdad de los hechos y esta verdad descansa en la autenticidad de los documentos escritos que la certifican. Sin documentos escritos no hay historia.

Paralelamente a esa historia escrita hay “otra historia” que no está registrada en ningún libro; sólo en la memoria y en el alma misma del pueblo. Está consustanciada con el hombre y la tierra y constituye el patrimonio cultural del pueblo: eso es el folklore.

Los primeros vestigios folklóricos en Cuyo

Mendoza fue eje del transporte comercial en la época colonial, con fluidas comunicaciones hacia los grandes centros urbanos de esa época: Lima, Callao, Potosí, el Tucumán, Río de la Plata, Asunción, Santiago de Chile.

Era la ciudad receptora de las novedades llegadas de ultramar y también las del Nuevo Mundo, como las recreaciones del cancionero que procedían, en buena parte del Perú.

Los cantores con sus instrumentos hicieron trascender en América el cancionero español introducido por los colonizadores y a ello agregaron temas de raíz aborigen.

El uso masivo del cancionero popular hispano, por parte de la población infantil, desde la época de la Colonia, fue moneda corriente en las comunidades indianas. Sus temas sirvieron de base a juegos y entretenimiento para niños en aquellas primeras comunidades americanas en desarrollo.

Las canciones populares tradicionales españolas –mayoritariamente andaluzas y castellanas- se complementaron con elementos americanos y africanos, para satisfacer las necesidades artísticas de las nuevas comunidades donde se había mezclado la sangre indígena con la española y hasta con la africana.

Importante fue la influencia quechua, cuya música y poesía llegó a extenderse por todo el noroeste argentino hasta Cuyo, donde, prácticamente no dejó vestigios. Si permaneció en Jujuy, Salta, Santiago del Estero, Tucumán, Catamarca y La Rioja.

Los instrumentos en el folk cuyano

En nuestra región cuyana, los primeros vestigios musicales folklóricos parecen partir de la época colonial. Poco y nada hay de la música aborigen. En el Cancionero Cuyano de Rodríguez (1938) dice que los instrumentos aborígenes fueron tamboriles, calabazas que empleaban como sonajeros, flauta de caña a manera de silbato con dos o más agujeros y la quena fabricada con varias cañas unidas entre si que aumentaban progresivamente de longitud y espesor.

Con la aparición del criollo –afirma Alberto Rodríguez- el instrumento de cuerdas desplaza al tamboril, flauta y quena, dando paso a nuevos cantos y danzas propios de la América colonial.

La guitarra fue y es el instrumento de mayor predilección popular en Cuyo.

El requinto tiene 12 cuerdas y su tamaño es más reducido que el de la guitarra. En España se lo llama bandurria. En nuestro medio es el compañero inseparable de al guitarra criolla para rasguear cuecas, gatos y tonadas. Es el reemplazante de la mandolina y como tal llegó a las orquestas y hasta los aristocráticos salones sociales.

El arpa es un aristocrático instrumento que en América reemplazó al piano. En Cuyo cautivó a músicos y cantores populares. También se la incorporó a las orquestas de la época.

¡Alerta!

Siempre los grandes capitales internacionales, fieles a sus objetivos consumistas, despliegan todo un sistema que apunta a masificar y uniformar la sociedad humana, borrando fronteras y suprimiendo banderas.

Un punto neurálgico dentro del plan es desvirtuar el folklore. Ignorarlo. Intentan borrar de las mentes jóvenes, la imagen de un pasado en el que estamos sustentados.

Buscan educar en el desconocimiento de nuestro propio patrimonio cultural. Quieren despertar sentimientos de menosprecio por todo lo que amasó nuestro pueblo, dejando su vida en el esfuerzo para construir el legado que hoy tenemos en el presente. Persiguen cultivar el gusto por lo foráneo en detrimento de lo que es genuinamente nuestro.

¡Cuidado con las falsas necesidades que se crean en la mente de nuestros niños!

Opiniones (1)
22 de noviembre de 2017 | 12:47
2
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22 de noviembre de 2017 | 12:47
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. GOYO: COMO SIEMPRE, IMPECABLE TU VISION DE LA CULTURA CUYANA. UN ABRAZO DE UN SOLAR QUE SE HIZO ROMANTICO EN SAN RAFAEL-
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