opinión

El uso del mensaje

Desde el marxismo surgió la necesidad de revisar y redefinir el concepto de hegemonía.

El uso del mensaje

La noción de recepción ha ocupado un lugar muy importante en los debates contemporáneos sobre teoría cultural, teoría literaria, semiótica y sociología de los medios de comunicación. A partir de su uso, se exhibe relacionada a conceptos vecinos, tales como lectura, interpretación, público, audiencia y consumo.

A partir de estos “usos”, aparecen dos paradigmas sobre la recepción: uno mecanicista y otro interpretativo, donde la noción adquiere sentidos radicalmente diferentes.

El concepto sólo comienza a ser utilizado sistemáticamente en las ciencias sociales en el marco de la teoría de la información, desarrollada en los Estados Unidos a partir de la década del 40. Hasta entonces, la Mass Communication Research, que hegemonizaba el estudio de los medios en la sociología norteamericana, se había ocupado del efecto o impacto directo que los medios de comunicación producían en la audiencia. Sin embargo, si bien la noción de recepción es reformulada en forma continua en la sociología norteamericana de los medios de comunicación de masas, es en su aplicación a la crítica literaria, realizada por un grupo de teóricos alemanes nucleados en la llamada Escuela de Constanza, a mediados de la década de 1960, donde puede rastrearse un momento clave para la reformulación específica de una “teoría de la recepción”, que tuvo como objetivo la escritura de una historia de la literatura abordada desde un punto de vista del lector y el análisis del proceso implicado en el acto de leer hasta conformar una teoría de la comunicación literaria (Jauss, 1981).

El problema de la valoración fue objeto de debate a partir del desplazamiento desde la recepción literaria y artística hacia la recepción cultural, convertida en un objeto privilegiado de análisis de los Estudios Culturales. Richard Hoggart ubicó el problema en este punto cuando analizó los usos de la alfabetización masiva a través de dos abordajes complementarios: la descripción de la cultura de la clase obrera desde el punto de vista de los sujetos, para lo cual apeló a su experiencia personal, y el análisis literario de las publicaciones populares, para lo cual utilizó un enfoque literario y “mucho más crítico” (Hoggart, 1957; 1990).

Aunque el trabajo de Hoggart no se situó en el marco del análisis de la recepción, inaugura una larga serie de indagaciones sobre el tema en el campo de los Estudios Culturales, donde la recepción queda asociada a la problematización de las culturas populares y a los productos de la industria cultural.

En este sentido, el modelo propuesto por Stuart Hall suma una mirada marxista a la conceptualización del proceso de comunicación al reformular el modelo lineal de la comunicación en términos de una “estructura producida y sostenida a través de la articulación de momentos ligados pero a la vez distintos de producción, distribución/consumo y reproducción” (Hall, 1980d). De esta manera, la circulación y la recepción son reincorporadas en el proceso de producción a través de una cantidad de feedbacks oblicuos y estructurados. Sin embargo, Hall subraya la ausencia de equivalencia entre los dos lados del intercambio comunicativo, donde los procesos de codificación y decodificación pueden no ser simétricos. Por otra parte, si bien los medios de comunicación se basan en códigos polisémicos, “la polisemia no debe ser confundida con pluralismo, ya que los códigos connotativos no son iguales entre ellos. Cada sociedad/cultura tiende, con diversos grados de clausura, a imponer sus clasificaciones del mundo social, cultural y político. Esto constituye un orden cultural dominante, aunque no sea ni unívoco ni incontestable” (Hall, 1980). De manera que diferentes áreas de la vida social se presentan, si bien no determinadas, si jerárquicamente organizadas en significados preferentes o dominantes, frente a los cuales la decodificación se manifiesta como posiciones hipotéticas –dominante, negociada y oposicional– a identificar.

A diferencia de las estéticas de la recepción o la semiótica, los Estudios Culturales se orientaron a probar de forma empírica estos supuestos teóricos, hasta formular la necesidad de una “etnografía de audiencia” de los medios de comunicación de masas.

Sin duda, este es el concepto de mayor relevancia en los Estudios Culturales, lo cual implica toda una redefinición del lugar que ocupa un sujeto en la estructura social y la función de su relación con la ideología dominante. La tesis del receptor activo rompe, por un lado, con las concepciones marxistas de la ideología, que sólo ven dominación y manipulación de la conciencia, donde el sujeto con sus prácticas reproduce la ideología dominante. Aquellas teorías de la acción sin sujeto (estructuralismo, marxismo althusseriano) sólo reconocen una dirección unilateral de la hegemonía-ideología-dominación. Es decir, la que va del emisor al receptor, en este caso, pasivo, sin dimensión autonómica en su acción social y cultural. Por otro lado, la idea de receptor activo supone una ruptura con la clásica concepción de la comunicación, más conocida como “teoría de los efectos”, que plantea el esquema: emisor-receptor-canal-código-mensaje. En otras palabras, se le reconoce una “dimensión activa” en el proceso comunicacional al receptor, ya que toda producción de mensajes es polisémica y hay múltiples posibilidades de interpretación desde el consumo por el sujeto.

Desde los Estudios Culturales, entonces, cabría la posibilidad de encontrar cuáles son las resistencias que desde el sujeto se establecen con relación a la hegemonía comunicacional. Es decir, explicar cómo era posible que la gente no creyera todo lo que le dicen los medios o no comprara todo lo que la publicidad ofrecía.

Y es justamente desde el marxismo que surgió la necesidad de revisar y redefinir el concepto de hegemonía. Esta transformación en el concepto intentaba responder a la pregunta ¿cómo es que el poder dominante “a veces” no es tan dominante y los subordinados no son totalmente dominados?

Es Raymond Williams quien va a lanzar la discusión en torno a cómo entender el proceso hegemónico, proponiendo que la “hegemonía es un proceso social activo”. Para el autor, “la hegemonía no es solamente el nivel superior articulado de la ideología, ni tampoco sus formas de control consideradas habitualmente como manipulación o adoctrinamiento. La hegemonía constituye todo un cuerpo de prácticas y expectativas en relación con la totalidad de la vida: nuestros sentidos y dosis de energía, las percepciones definidas que tenemos de nosotros mismos y de nuestro mundo. Es un vívido sistema de significados y valores –fundamentales y constitutivos– que en la medida en que son experimentados como prácticas, parecen confirmarse recíprocamente. Por lo tanto, es un sentido de la realidad para la mayoría de las gentes de la sociedad, un sentido de lo absoluto debido a la realidad experimentada, más allá de la cual la movilización de la mayoría de los miembros de la sociedad –en la mayor parte de las áreas de sus vidas– se torna sumamente difícil”. Entonces, la hegemonía no sería el resultado exclusivo de la lucha de clases sino la lucha misma, donde los elementos de las distintas clases se relacionan.

Es por ello que esta nueva concepción de la hegemonía construye un “sujeto activo”, no sentado frente al televisor consumiendo pasivamente las publicidades y lo que le dicen los medios, sino un sujeto productor de significaciones y constructor de códigos, con capacidad de resignificación.

Opiniones (5)
24 de noviembre de 2017 | 06:43
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24 de noviembre de 2017 | 06:43
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  1. Es al dope Marce, todavía no saben que el mejor elogio al capitalismo es de Marx y, para colmo, se creen que eso es igual a comunismo. Un despelote tremendo en la cabeza. Es a lo que te referías ¿no es cierto? Bueno, con los comentarios te dan la razón. Es muy dificil que quieran ver la verdad, no la quieren, no saben qué hacer con ella, sólo se han acostumbrado a la vida en permanente realidad-fantástica del tipo: "Dios existe y él me cuida" y cosas por el estilo. Imposible hacerles ver que no hay nadie que los cuida ni que quiere que les vaya bien o mal. Su fantasía cultural les clausurará siempre la posibilidad de ser libres.
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  2. me voy a preocupar por el capitalismo el dia que los yankes arriesguen su vida tirándose al mar en balsas precarias para llegar al hermoso comunismo cubano...
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  3. cuando nada sale de la cloaquita que tenés en la cabeza...te dedicás a "copiar: pegar, copiar: pegar, copiar: pegar????
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  4. Marcelito de sociología nada no? Venezuela esta cerca, te pago pasaje y estadia de por vida
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  5. MUY CORTITO: CUALQUIER BASURA PODRIDA CAPITALISTA ES PREFERIBLE AL MEJOR COMUNISMO QUE SE PUEDA IMAGINAR.-
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