opinión

Causas de la destrucción o de la conservación y engrandecimiento de las naciones

En el Día de la Bandera, un texto de Manuel Belgrano publicado el 19 de mayo de 1810 en "Correo de Comercio".

Causas de la destrucción o de la conservación y engrandecimiento de las naciones

Procurando indagar en la historia de los pueblos las causas de la extinción de su existencia política, habiendo conseguido muchos de ellos un renombre que ha llegado hasta nuestros días, en vano las hemos buscado en la falta de religión, en sus malas instituciones y leyes, en el abuso de la autoridad de los gobernantes, en la corrupción de costumbres, y demás.

Después de un maduro examen y de la reflexión más detenida, hemos venido a inferir que cada uno de aquellos motivos, y todos juntos, no han sido más que concausas, o mejor diremos, los antecedentes que han producido la única, la principal, en una palabra, la desunión.

Esta sola voz es capaz de traer a la imaginación los más horribles desastres que con ella puede sufrir la sociedad, sea cual fuere el gobierno que la dirija: basta la desunión para originar las guerras civiles, para dar entrada al enemigo por débil que sea, para arruinar el imperio más floreciente.

Tantos ejemplos podemos presentar a nuestros lectores de esto, cuantos han sido los pueblos de quienes nos da noticia la historia antigua y moderna; no hay más que abrir sus hojas, y en ellas se verá la verdad de nuestra proposición.

Nos dilataríamos demasiado si nos pusiésemos a referir las naciones que han existido en Asia, África, Europa y este continente, y describiésemos los hechos que acreditan que la desunión ha traído consigo su anonadamiento, después de haberlas hecho el juguete del primero que se aprovechó de ese estado, y haberlas reducido al de la estupidez más vergonzosa.

La historia misma de nuestra nación, en la época que estamos corriendo, nos presenta más de una prueba de que la desunión es el origen de los males comunes en que estamos envueltos, y que nos darán muchos motivos para llorarlos, mientras existamos, aun logrando salir victoriosos de la lucha gloriosa en que se halla nuestra España europea.

Todos saben la consonancia que hay entre el cuerpo político con el cuerpo físico: uno y otro tienen su principio, medio y fin; y así como este se acelera en el segundo, cuando pierde la unión de las partes que lo componen del mismo modo sucede en el primero, cuando por la división de opiniones, por el choque de intereses, por el mal orden, y otras concausas resulta la desunión.

Pero si todavía hay alguno que lo dudare, examine la historia de su propia familia, que no e smás que en punto menor la copia de la gran familia que se llama una nación; y estamos ciertos que encontrará muchas razones para convenir con nosotros, que la desunión de sus individuos le habrá hecho experimentar mil perjuicios, y tal vez descender de la prosperidad a la desgracia más espantosa.

Por el contrario, la unión ha sostenido a las naciones contra los ataques más bien meditados del poder, y las ha elevado al grado de mayor engrandecimiento; hallando por su medio cuantos recursos han necesitado, en todas las circunstancias o para sobrellevar los infortunios, o para aprovecharse de las ventajas que el orden de los acontecimientos les ha presentado.

Ella es la única capaz de sacar a las naciones del estado de opresión en que las ponen sus enemigos, de volverlas a su esplendor, y de contenerlas en las orillas del precipicio; infinitos ejemplos nos presenta la historia en comprobación de esto, y así es que los políticos sabios de todas las naciones siempre han aconsejado a las suyas que sea perpetua la unión y que exista del mismo modo el afecto fraternal entre todos los ciudadanos.

La unión es la muralla política contra la cual se dirigen los tiros de los enemigos exteriores e interiores, porque conocen que arruinándola, está arruinada la nación venciendo por lo general el partido de la injusticia, y de la sinrazón, a quien comúnmente, lo diremos más bien, siempre se agrega el que aspira a subyugarla.

Por lo tanto, es la joya más preciosa que tienen las naciones. Infelices aquellas que dejan arrebatársela, o que permitan, siquiera, que se les descomponga; su ruina es inevitable, y lo peor es que se hace imposible recuperarla, o si se consigue, es padeciendo las convulsiones más violentas, y los males más penosos.

De lo dicho deducimos que la desunión es el aniquilamiento de las naciones; y que al opuesto, la unión, cuando no las engrandezca, al menos las conservará en medio de las asechanzas, insidias y ataques por poderosos que sean. Cicerón decía al Senado en su oración acerca de las respuestas de los augures, «que en otro tiempo Roma por su firmeza y valor podía sobrellevar los descuidos del Senado, y aun las injurias de los ciudadanos, pero que ya le era imposible, porque todo se había trastornado; ni se respetaba la autoridad, ni se pagaban los derechos, ni se sostenía la justicia, y en vano se buscaría un ciudadano que se opusiese al torrente que amenazaba la salud de la patria».

Pero añade que en medio de tantos males solo la unión puede conservarla: «quare hunc statum, que nunc est, qualiscumque est, nulla alia re, nisi concordia, retimere possumus».

Véase aquí una lección, producto de los grandes conocimientos, y de la propia experiencia de un político tan sabio, dada a sumisma nación, y en ella de todas las demás que habían de sucederla.

La unión es un valor inestimable en una nación para su general y particular felicidad; todos sus individuos deben amarla de corazón y pensar y hablar de ella como de la égida de su seguridad; cualesquiera que así lo ejecuten, no importa que le falten grandes recursos; con la unión se sostendrá, con la unión será respetable; con ella al fin se engrandecerá.

Opiniones (3)
20 de noviembre de 2017 | 09:03
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20 de noviembre de 2017 | 09:03
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  1. De paso, me gustaría hacer una sugerencia a la redacción de MDZ. Con el ánimo de revalorizar las ideas de nuestros próceres, se me ocurre que sería muy interesante un segmento semanal con escritos de los personajes de nuestra historia, como hoy lo hicieron con Belgrano, luego con Sarmiento, San Martín, Moreno, etc... a modo de "columnista invitado" de la historia.
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  2. Qué cabal prueba, la de nuestro gran prócer Manuel Belgrano, de que la sabiduría es eterna, cuando, dos siglos después, sus escritos tienen la misma vigencia que si hubiesen sido redactados ayer. Gloriosos y brillantes serán los días en que nuestra dañada nación sepa abrazar el liderazgo y consejo de tan nobles líderes.
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  3. ...Perdón...pero, este escrito de este BELGRANO es de hace pocos días ¿no? porque es imposible que haya escrito eso el Belgrano que conocemos de 1810...digo, porque lo que dice ese texto es lo que JUSTAMENTE nos ocurrió aqui, y sucede HOY!!!!!....debe ser un error la nota....je
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