opinión
Argentino Luna, sinónimo de folclore
Homenaje a uno de los referentes de nuestra música, a 72 años de su nacimiento.
Argentino Luna, sinónimo de folclore
por Lucio Albirosa

Rodolfo Giménez nació un 21 de Junio de 1941 en General Madariaga, Provincia de Buenos Aires. Hijo de padres campesinos ligados por enteros a las tareas rurales. Su niñez y adolescencia transcurrieron entre La Pampa y Villa Gessell, ciudad esta que lo vio crecer como artista y hombre; también allí fue ayudante del primer fotógrafo de la ciudad, Enner Shafer. Fue además pintor, carpintero, vendedor ambulante y mozo –a veces–, como él decía.

Desde siempre estuvo lejos de las escalinatas graduadas de renombre académico literario. Apenas terminó sexto grado. Pero se instruyó, como tantos otros poetas y cantores, con el Martín Fierro de José Hernández y el decir popular de nuestro criollo suelo. Fue así que aprendió en los rancheríos, por boca de algún viejo, a pensar honradamente en la augusta libertad. Luego descubrió entre páginas a Unamuno y Borges, escuchó a Yupanqui, a tal punto que le compuso, después, una milonga a su guitarra. Así fue hilando un sueño de canto para hacerlo realidad.

Andador de caminos sobre un mapa musical que pocos lograron atravesar, siempre con el paisaje y su gente a cuestas, esa gente que escribía trabajando lo que él quería cantar. Tan así que le cantó al gaucho por “mandato de los dioses que bajaron del Olimpo / canto al gaucho porque el gaucho es principio y es final”.

Allá por 1968, un grande como Hernán Figueroa Reyes lo descubre, poética y musicalmente, al escuchar al que por entonces oficiaba como albañil de lunes a jueves. Aquella Zamba para decir adiós interpretada por quien adoptaba el seudónimo de Argentino Luna, por recomendación, según dicen, de Horacio Guarany, fue grabada al tercer día de su audición, ni más ni menos que en el sello Odeón. Comenzaba así otra historia.

Filósofo dentro de su genuina simpleza en cuyo pañuelo de vida se anudaron los dolores de todo un pueblo desprendido como torrente en su voz y guitarra, destacó las acciones del hombre de campo y simplificó el sudor como ejemplo de bondad, dignidad y crecimiento del ser íntegro. No desvalorizó otra cosa más que la falta de conciencia sobre el desprestigio a nuestros pares, que, por cierto, tanto lastima. Cantó al amor y a la vida e hizo del gaucho un símbolo emblemático, defendiéndolo a venas y versos. Su invitación a unirnos como patria, a cultivar la educación, el respeto por los demás, es la semblanza que, hoy por hoy, en muchos casos hace falta recepcionar en nuestra moral.

El saber popular del campo instaló a Argentino Luna como ícono del folclore surero. Su vasta obra poética-musical de diversa significancia arribó  a más de 400 letras de su autoría. Más de 60 discos integran su prestigiado repertorio folclórico-poético, y sus canciones fueron interpretadas por artistas de renombre, como Ramona Galarza, Los Chalchaleros, Jorge Cafrune, Alberto Marino, Los Quilla Huasi, Soledad Pastorutti y Los cuatro de Córdoba, entre otros. Fue amigo de Hamlet Lima Quintana y ferviente lector de Armando Tejada Gómez, a quienes definió como militantes de la vida. Emponchando las estrellas, su voz llegó a España, Brasil, Paraguay, Japón, Costa Rica, Panamá y Uruguay, país este que en 1995 le otorgó su máximo galardón folclórico, el Charrúa de Oro. Obtuvo además el Gardel de Oro por su trayectoria, el Limón de Oro (reconocimiento artístico de la provincia de Tucumán) y la Palma de Plata. En su ciudad natal, el escenario mayor de la Fiesta del Gaucho lleva su nombre.

Cantó en todos los rincones de nuestro país y nos invitó a repensarnos como pueblo en general durante casi todo su andar, con versos como esos que dicen: “Si a los argentinos se nos diera un día / por amar la tierra que nos vio nacer / seguro que muchas cosas cambiarían / y el trigo en el surco empezaría a crecer. / Si a los argentinos se nos diera un día / por hablar poquito y mucho trabajar, / seguro que el techo no se llovería / y en casa de pobre habría más pan”.

La fría mañana del sábado 19 de marzo de 2011 nos traía una triste noticia: Argentino Luna se marchaba físicamente de este mundo para divagar como “el malevo” de una de sus canciones más populares: trote y trote por el tiempo…

Vaya este recordatorio a quien predijo su estadía por siempre en nuestra memoria con estos versos: “Yo sé que soy tiempo de junio, / de luna y hondo mar es mi destino, / del niño que está en mí, que no murió; / la inédita verdad que miro. / ¿Qué día es hoy? Ni lo pregunto, / mi triste funeral tiro al vacío. / Para volver a ser quiero ser lluvia, / no el rumbo de un puñal perdido”.

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25 de Octubre de 2014|06:24
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