opinión

La conspiración de los zonzos

Inconstitucional, la palabra con la que ahora sueña el cristinismo. Los errores y los excesos. "No pasarán".

La conspiración de los zonzos

Por Julio Villalonga*

Sólo una visión conspirativa acerca una posible explicación para la decisión de Cristina Kirchner de encarar la mentada “democratización de la Justicia”, que este martes recibió un golpe en su corazón con la declaración de inconstitucionalidad de parte de la Suprema Corte de cuatro de los artículos de la Ley que reformaba el sistema de elección de los consejeros de la Magistratura. Esa visión es la que apunta al supuesto de que el Gobierno habría acordado con el Máximo Tribunal la “entrega” de la “elección popular” de los consejeros a cambio de la declaración de constitucionalidad de la Ley de Medios, en particular del artículo que obliga a los multimedios (a Clarín) a desinvertir (vender) las licencias que excedan el tope establecido por la norma.

Un extremo semejante, que reclamaría un acuerdo entre la presidente Cristina Kirchner y el titular de la Corte, Ricardo Lorenzetti, en representación de los otros seis ministros de la Corte, supone un nivel de relación hoy casi inexistente y un rol de liderazgo que el titular del Máximo Tribunal no tiene. Y descarta la existencia de algún error de cálculo desde el poder político.

Como en el caso de la paranoia, las miradas conspirativas se basan en el hecho cierto de que los complots existen. Y vaya si existen. La historia humana está plagada de conspiraciones. Ahora bien, el oscurantismo sólo cede ante la luz, en este caso la que arroja la información, un bien escaso en los tiempos que corren pero indispensable para desbrozar y separar la paja del trigo.

Es verdad que en una gestión de último minuto Lorenzetti consiguió que el Ejecutivo no le quitara el manejo del presupuesto del Poder Judicial, lo que dio pábulo a las versiones conspirativas,  pero no más.

¿Imaginaba la Presidente que una norma como la declarada inconstitucional tenía posibilidades de pasar el filtro de la Corte? Un análisis no demasiado profundo de la letra anticipaba problemas, y seis de los siete magistrados rechazaron la ley por razones que ni Cristina ni sus asesores podían ignorar, pero se plantaron en un lugar fronterizo del Derecho, más allá de la evidente defensa corporativa que desató la iniciativa.

El “cristinismo”, siguen los conspirativos, buscó poner sobre el tapete la existencia de los privilegios de la corporación judicial con aquella serie de leyes para luego tener una “moneda de cambio”. En ese caso, tal como señaló Horacio Rosatti, ex ministro de Justicia de Néstor Kirchner, la movida de la Casa Rosada “se quedó a mitad de camino”. Una verdadera democratización del sistema de Justicia debería haber contenido el juicio por jurados, que no se reglamenta desde 1850, subrayó el connotado abogado.

Es cierto. No obstante, la chicana de Rosatti, un peronista tradicional, ni siquiera un jacobino, no atiende a la cuestión evidente de que Cristina no buscaba “tomar la Bastilla” del Poder Judicial, como no lo ha hecho tampoco en ningún otro capítulo durante su gestión aunque en un país como el nuestro, que ha mantenido durante décadas desigualdades evidentes que a pocos le quitaron el sueño, algunas medidas puedan catalogarse de revolucionarias.

Sin duda la Presidente quería presionar a fondo a los ministros de la Corte, pero en el propio oficialismo, y en el más alto nivel, se preguntan perplejos por qué se encaró esta batalla de previsible (y negativo) resultado. Porque claramente Cristina quiso mostrar las maniobras a que son afectos en ese poder del Estado casi intocable que es el servicio de Justicia y porque la batalla de la Corte no define la guerra por dar vuelta como una media las relaciones de fuerza entre el Judicial y el Ejecutivo, que estarán en el centro de las políticas de la primera mandataria hasta diciembre de 2015. Lo dijo la semana pasada: le gustaría dejar a su sucesor un país “libre” de corporaciones.

Ahora bien, ¿el fracaso puede convertirse en un boomerang para el Ejecutivo? Los múltiples frentes en los que está embarcado lo mantienen en el centro del ring, aunque ahora sin la soltura de cuando no había rivales.

Al Gobierno se le animan, de a poco, cada vez más. Y sus propios fallos permiten que otros sumen, algo que hasta comienzos de este año no era frecuente. Después de diez años, el desgaste provoca una baja de las defensas. Y la cada vez más notoria evidencia de que no será Cristina quien se suceda a sí misma alborota a los caciques peronistas de todos los niveles, aquellos que tienen poder territorial y capacidad de negociar algo.

Sin estas dos condiciones no habría modo de que el intendente de Tigre, Sergio Massa, ocupara el lugar que ocupa hoy en el menguado negocio de la política argentina.

El “clima social”, hoy impregnado de las referencias a las redes sociales gracias al lugar que le otorgan los propios medios, luce enrarecido, pero no “baja” a la política real y tampoco se refleja todavía en las encuestas. Por otra parte, hay que decir (y les pedimos disculpas a los que se ganan la vida con esto) que sólo el 7 por ciento de las “conversaciones” entre personas se dan en la comunidad on line, en particular en Twitter y Facebook. Esto no significa que no vayan a ser cruciales en el futuro, pero como en tantas otras cosas los argentinos somos aún impermeables a las tendencias que se verifican en los países centrales, tanto para lo bueno como para lo malo. O retardatarios.

Volviendo a los complots, bien querría la Presidente, en este escenario, asegurarse que la Corte le “entregue” la Ley de Medios. La incertidumbre política que aporta el oficialismo, y los vaivenes que en buena medida la provocan, alimentan una cohesión entre los ministros que de otra manera sería difícil de concebir. Por dignidad, a casi ninguno de ellos le agrada andar a los tirones, como es el uso. Pero en la Rosada consideran que hasta aquí se han mostrado débiles para enfrentar las presiones corporativas. Y que se unen sólo para soliviantarse contra el Ejecutivo.

Un análisis menos febril dejaría ver que cada uno ha aportado lo suyo para haber llegado a este punto. En los días que vienen llegarán los balances de daños. Como en otras escaramuzas, el Gobierno dirá que sale incólume y quienes han defendido con todo su arsenal la presunta virginidad de la Justicia, se pararán sobre el cadáver de la ley frustrada para advertir que “no pasarán”.

La sobreactuación en ambos bandos es otra de las claves de la hora. Habrá que ver si la feroz ofensiva oficial no golpea de muerte también al máximo trofeo, la Ley de Medios.   

* Director de gacetamercantil.com

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18 de noviembre de 2017 | 12:34
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