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Queen: ellos fueron los campeones

Nuestro historiador del rock hoy nos cuenta sobre una de las bandas más grandes de la historia.

Queen: ellos fueron los campeones

Hablar de Queen es hablar de calidad, de autogestión, y por sobre todo, de originalidad. Fue un grupo que ha hecho su propia escenografía,  que inventó el rock de estadios, que cambió su música a medida que evolucionaba, y que terminó produciendo sola todo lo que hacía. 

También es uno de los pocos grupos que nunca utilizó algún músico de estudio o sesionista para que toque en sus discos; todo lo hacían ellos, y si no sabían tocar un instrumento, lo aprendían.

Sus integrantes provenían de ámbitos tan diversos como el artístico (Freddie Mercury), de la Biología (Roger Taylor), de la electrónica (John Deacon), y de la astronomía (Brian May). No fue fácil que todos dejaran sus estudios para dedicarse de lleno a la banda. Fueron muy ambiciosos y de entrada tuvieron que luchar contra las etiquetas que les ponían: Glam Rock (por su estética inicial), Hard Rock (por sus guitarras y sonidos explosivos de sus primeros discos), pero lograron independizarse de todo ello y ser originales como nadie. Queen es Queen y su sonido y música es única, no se parecen a nada.  Llevaron a otro nivel a todo lo que se escuchaba.  Freddie Mercury ideó el logo de la banda, basado en los signos zodíacos de los miembros, y le puso el nombre: “Queen”; sonaba  fuerte, bombástico, universal, y no era ajena la faceta gay del nombre, pero eso no era lo que más importaba.

El primer disco se grabó en los Estudios Trident, en las horas que nadie quería, generalmente a la madrugada. Se llamó “Queen”, salió en 1973, y demostraron, ya con el primer tema “Keep Yourself Alive” que, ante todo, eran una banda de rock. En el tema “Liar” ya asomaban esas armonías vocales inconfundibles, y el sonido de una guitarra única. Y digo única, no porque Brian May  no sea un genio tocando -que lo es- sino porque la guitarra, es verdaderamente única. Llamada “Red Special”, la fabricó Brian May junto a su padre. Con un trozo de caoba vieja hicieron el mástil, con un pedazo de roble hicieron la caja, los marcadores del diapasón se hicieron con botones antiguos de su madre, el brazo del trémolo lo moldeó él con un acero especial, y le dio equilibrio con resortes de válvulas que sacó de una motocicleta vieja. Compró unos fonocaptores Burns Tri-Sonic, y luego de hacerle unos retoques, ya estaba lista, pero le faltaba encontrarle ese sonido característico que tiene la guitarra de Queen. Y lo encontró tocando con una moneda de seis peniques de la época como púa, que le daba ese sonido  puro y limpio de la “Red Special”. Con esa guitarra y una moneda como púa, Brian ha tocado en todos los discos y todos los recitales de Queen. El primer disco cierra con un tema cortito e instrumental  que es un preludio de lo que vendrá en el próximo disco: “Seven seas of Rhye”.  Con la salida del disco, hicieron una gira como teloneros de “Moot The Hoople”, y causaron un gran impacto, pero Mercury odiaba cantar en un escenario y con un público que no estaba destinado a él. Quería su propia luz, su propio público. Nunca  más fueron teloneros de nadie.

El segundo disco llamado “Queen II”, aparece en 1974 y es una continuación del primero. De hecho, aparece una segunda versión de “Seven seas of Rhye”, majestuosa y vocalizada que los llevó a los charts con una aparición televisiva histórica en “Top of the Pops” donde el grupo se hizo conocer a la gran audiencia inglesa. Y empezaron los temas majestuosos y bombásticos típicos de Queen: “The march of the black Queen” y “Ogre Battle” empezaba a insinuar lo que vendría.

Pero la consagración del sonido y de la postura del grupo,  aparecen en todo su esplendor en el tercer disco del grupo llamado “Sheer Heart Attack”, que salió en 1974. Con el primer tema, “Brighton Rock”, vuelven a avisar que son una banda de rock, pero seguidamente, con un comienzo de dedos chasqueando, aparece el primer tema que moldeó la identidad de Queen: “Killer Queen”. Este fue el tema que los introdujo en Estados Unidos, y que le dio el empujón a las grandes ligas a la banda. Un tema que inauguró una serie de canciones tipo “vodeiville” o “music hall”, que no dejaron de estar presentes en todos los discos futuros de la banda. Fue su primer Nro. 1 en Inglaterra y su primer Hit americano. En este disco quedó claro que Mercury cantando era algo inigualable: podía cantar un blues, una ópera, una balada, todo en la misma canción, y hacía que todo quede bien. Pero “Sheer heart….” no fue solo la consagración de su frontman. Brian May estaba ahí, y se hizo sentir con el gran tema “Stone Cold Crazy”, bien heavy. Impresionante. Sino pregúntenle a los de Metallica. Y en este disco Queen empezó a diseñar atmosferas diferentes en un mismo disco, ya que diversos estilos y músicas estaban presentes en las canciones, sin que nada desentone. Otra de music hall en este disco, fue “Bring back that Leroy Brown”.

Pero lo que siguió a esto es verdaderamente increíble. Los cuatro discos posteriores de Queen merecen un capítulo aparte. Son esas obras maestras que perduran y que cada vez que las escuchamos, las valoramos más. Al mencionar “A Night at the Opera” (1975), “A day at the Races” (1976) y “News of the World” (1977) y “Jazz” (1978) hay que ponerse de pie. Nunca una banda hizo cuatro discos seguidos tan buenos como estos. Merecen el lugar más exclusivo, al lado de obras como “Revolver”, “The Dark Side….”, “Led Zeppelin II y IV”, “Ziggy Stardust…”. En fin, algo que pocas bandas y discos han logrado, perdurar como obras maestras a través del tiempo. Y fueron cuatro seguidos,  en cuatro años, que no es poca cosa.

Ya estaban todas las cartas echadas y la banda no decepcionó. Pusieron todas las fichas, dinero, expectativas y sueños, en “A Night at the Opera” y funcionó. Se podrían haber fundido, pero no. Apareció su obra maestra. El disco es un perfecto compendio de todo lo que es Queen: temas heavy como “ I’m in love with my Car”, baladas hermosas como “You’re my best friend” y “Love of my life”, el tema infaltable de vodeiville “Seaside Rendezvous”, y canciones épicas y bombásticas como “The Prophet’s Song” y “Bohemiam Rhapsody”, este último, el tema que superó todas las fronteras y perdura como un himno, y que es la canción más ambiciosa de la historia del rock. Una suite de cinco partes que te lleva desde un canto a capella, a una intro de piano magistral, a una  balada, a una ópera, al heavy metal; en fin, algo que solo Queen podía hacer. Y además, una profunda letra que cuenta de alguien que acaba de cometer un asesinato. Contar como se hizo y lo que significó, implica dedicarle una columna entera. Algún día lo haremos porque lo merece. Y para destacar, todo el grupo componiendo: “You´re my best friend” era de Deacon, “I’m in love with my Car” era de Roger Taylor, su baterista, y la cantaba, “39”, el gran tema de Brian May, curiosamente ejecutado con una acústica y no con la Red Special, y las demás composiciones de Mercury. Y el music hall presente en “Good Company”. En fin, un disco íntegro, en todo sentido, que cierra con una versión del himno de su país “Good Save the Queen”.

Pero así como la aristocracia inglesa pasaba una noche en la ópera, seguramente pasaba también algún día en las carreras.

“A day at the races” siguió con la misma línea del disco anterior, como si fuera su complemento natural, hasta la estética del disco era igual, con la diferencia del fondo blanco sobre el logo de la banda en “A Night…” y el mismo logo con fondo negro en “A day…”, como si fuera un disco doble, aparecido en dos etapas. Por supuesto, también siguió la línea del anterior disco, de sacar el título de una película de los “Marx Brothers”, unos comediantes americanos de la década del 30 en Nueva York. Y tampoco defraudó. “Tie your mother down” luego de su introito instrumental, explota como un rock de los mejores, y en el medio encontramos uno de los mejores temas de la banda, el clásico “Somebody to Love”, un tema con unos coros muy onda gospel.  El music hall tiene su partida en “Good old fashioned lover boy”, y la majestuosidad se encuentra en “The Millionaire Waltz”. Otra vez, el compendio entero de Queen en un disco.

Y para seguir, en 1977 aparece “News of the World”. Un disco increíble en el cual pegan un salto estilístico. Los estadios empezaban a ser los escenarios del rock, y por primera vez una banda hace canciones orientadas a ser tocadas en dichos lugares, dando lugar al denominado “rock de estadios”.  Nos referimos a la doble apertura con “Wi well rock you” y “We are the champions”, dos temas que generalmente van unidos, y que están hechos para conmover, y no por casualidad se escuchan en grandes eventos deportivos. Y lo lograron. El primero, un tema a-melódico, sin instrumentación, y el segundo, una obra maestra de la música popular. En el disco hay otro clásico, bien a lo Queen, llamado “Spread your wings”.  Pero estábamos en el año del Punk, y la banda no fue “impermeable” al movimiento, como ninguna lo fue: ya no más canciones largas, operísticas y bombásticas. Los arreglos eran más directos, más potentes, y como dijimos, la reverencia al movimiento punk estuvo: fue el tema “Sheer Heart Attack”, un tema que había quedado afuera del disco homónimo, pero sufrió una metamorfosis y se transformó en  una canción rápida, acelerada, con guitarras abrasivas, como la música punk.

Como si todo esto fuera poco, en 1978 editan “Jazz”, un disco ecléctico, con grandes temas como “Fat bottomed Girls” y “Bicycle Rice” como destacadas,  pero contenía mas. En este disco está uno de los temas más lindos de Queen, que tiene todo lo típico del grupo. Se llama “Don’t stop me now”.

Y Queen acá dejó de lado las influencias punk, se dedicó a ser el mismo grupo de siempre, hay canciones de todo tipo, vuelven a sus fuentes, siendo totalmente originales. La presentación del disco fue polémica. A Freddie Mercury se le ocurrió alquilar el viejo estadio de Wembley y llenarlo de chicas desnudas andando en bicicleta. Lo hizo y se armó bardo. La tapa del single, que era de una chica desnuda andando en bici, tomada de atrás,  tuvo que ser retocada, dibujándole su bombacha roja. Pero el LP salió con la tapa que todos conocemos.

 Y comenzaron en esta época a realizar esas tremendas giras, con escenificaciones propias, luces que pocas veces se habían visto, y perfomances que ningún grupo brindaba, con un Freddie  Mercury imparable, un “frontman” como pocos hubo. Giraron por EEUU, Europa y Japón, y esas giras quedaron plasmadas en un doble vinilo en vivo llamado “Queen Live Killers”, aparecido en 1979 y que es un disco perfecto para poder resumir todo lo que es Queen. Están todos los grandes temas, con la vibración de los grandes recitales, y con un buen sonido a pesar de ser en vivo. “Queen Live Killers” es un buen pantallazo de lo que fue Queen desde sus comienzos, hasta finales de los 70, que en mi opinión, fue su mejor época.

Mientras giraban, los contrataron para hacer de banda sonora de una película de Dino de Laurentis. Era “Flash Gordon”,  la película no fue muy buena, y el disco poco se entendió. Solo un corte, “Flash to the rescue” y su secuela “Flash’s Theme Reprise (Victory Celebrations), sonó por ahí, pero no paso nada con el disco, ni con la película.

La banda se preparaba para el cambio de década. Y lo hizo con un pie en la vieja década y otro en la nueva, con un single llamado “Crazy Little thing called Love” que salió a fines del ‘79. De aquí en más la historia es conocida. Camperas de cuero negras, pelo corto, otra imagen, otros instrumentos (por primera vez usan un sintetizador en su futuro disco), otro “Queen”. Los mismos músicos,  el mismo grupo, pero con otra estética e impronta. Basta con solo ver la tapa de “The Game”, aparecido en 1980.  Los 80 fueron otra cosa y “Queen” también.

Continuará…. algún otro sábado.

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14 de diciembre de 2017 | 20:05
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    Leopardo al acecho
    7 de Diciembre de 2017
    Leopardo al acecho