opinión

Lugar común la muerte

Las muertes violentas marcan la agenda nacional. La defensa de los derechos humanos, para el Gobierno, parece ser solo cosa del pasado.

Muerte en el fútbol y medidas absurdas e incalculadas, en busca de rating: que los policías no lleven balas de goma… Muerte en Palermo de una chica y su cuerpo arrojado, como basura, a la basura. Muertes producidas por el choque de trenes, 16 meses después de la tragedia de Once, aquella que debió ser “la última” en su tipo.

Tomás Eloy Martínez, el gran escritor tucumano, desde muy joven reflexionó sobre la muerte y, ante su propia desaparición física, Rodolfo Terragno lo recordó señalando que era un valor asumido por aquel autor que “la literatura no consistía en imaginar; la invención le parecía ociosa”. En el mismo recuerdo, citaba lo escrito por Manuel Vicent en León de ojos verdes: narrar es "transformar hechos reales en imaginarios, conservando su sustancia verídica".

En Argentina se produce un proceso inverso en los medios de comunicación, hoy, ante otra tragedia que pudo ser prevenida, pero no. La realidad tiene un impacto imaginario: la idea flotante si tomamos lo que pasa a la distancia, como a vuelo de pájaro, es que no es una sola, que se desarrolla en varios planos según quien la cuente. Los canales de lo que el Gobierno llama “la corpo” dan unas cifras de heridos que los canales manejados por empresarios que han sido beneficiados con contratos de obra pública por la Casa Rosada, aplican un “efecto Indec”, bajando las cifras a la mitad y hasta mezclando lo que pasó en un nuevo choque de trenes con una larga agenda de “cosas que pasan”.

Es cierto que las tragedias citadas al inicio de esta nota no son las únicas cosas que pasan en la Argentina. Pasan muchísimas situaciones tan graves o fabulosamente maravillosas a lo largo y ancho del país. Pero a la hora de poner el promedio de los relatos, el oficialista y el opositor, el saldo es negativo: la falta de explicaciones claras y convincentes tanto como la ausencia de soluciones a problemas recurrentes y que afectan el normal desarrollo de la vida cotidiana. A ello, hay que sumarle reacciones insólitas como querer ganarle el rating a Lanata cambiando el horario de los partidos de fútbol y poniendo en riesgo la vida de los espectadores; o mandando a Luis D´Elía a decir que la oposición provoca los choques de trenes para hacer leña del árbol caído; o a la Presidenta de gira con su compañía por las provincias (ayer Mendoza, la semana que viene, Córdoba) poniendo sobre tablas un sketch que incluye todos los condimentos de un espectáculo: risas, lágrimas y diálogo con el público.

El lugar común del debate, por estos días, es la muerte. Bajo esa premisa estamos trabajando, estudiando, viviendo, estudiando, reproduciéndonos o disfrutando del ocio. Y es necesario un discurso y una acción para la vida. El eje está inclinado. La sensación es que sí, efectivamente, hay un gran interés del Gobierno en la defensa de los derechos humanos. Pero que claro, eso es una cosa solamente aplicable al pasado.

Opiniones (1)
19 de noviembre de 2017 | 02:24
2
ERROR
19 de noviembre de 2017 | 02:24
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  1. muy buena la nota, pero me parece un poco desacertada la pregunta encuesta de hoy.
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