opinión

Felicidad asistida

Una sonrisa por levantarse de madrugada, ahorrar en pañales, ir a las reuniones escolares...

Abre los ojos lentamente. Quisiera no despertarse, no levantarse tan temprano, pero qué le va a hacer, si de lunes a viernes se levanta a las seis y media, entonces es como que el cuerpo se acostumbra y se resiste a mantenerse dormido más allá de las ocho los sábados y domingos. Por eso, cuando abre los ojos, por más lento que lo haga sabe que ya no podrá volver a dormirse, y menos si ya hay algún que otro rayo de sol colándose por la ventana.

Cómo envidia al Quique, que tiene la capacidad de dormir hasta las once y más si te descuidás, y le tenés que tirar una bomba atómica al lado si querés que se levante antes. Y eso que de lunes a viernes se levantan juntos, pero es como si los fines de semana el chip del madrugón se le desconectara.

Por eso no tiene cuidado en hacer algún que otro ruido mientras se viste, mientras va a la cocina, mientras pone el agua a hervir, mientras se lava la cara en el baño, mientras se prepara el desayuno.

Se sienta frente al café con leche humeante y ve por la ventana que el cielo está despejado. Ojalá se mantenga así todo el día, piensa, porque hoy se juntan en la casa de su hermano mayor a festejar el cumpleaños de su cuñada. Toda la familia se junta. Son como treinta entre su otro hermano, los hermanos de su cuñada, sus padres y los padres de ella, y los críos. Por eso tienen que festejarlo en un club. Y es que no hay casa que aguante a tantas personas, y menos a tantos niños, que cuando se ponen a correr te la encargo. Son cuántos… se pregunta como si fuera la primera vez aunque sepa que no es la primera vez. Es como una especie de juego del dolor al que se somete. Su hermano, dos críos; su otro hermano, tres; entre los tres hermanos de la cuñada, siete más, además de los de las amigas de la cuñada que nunca dejan de ir al cumpleaños, ponele otros seis. Dieciocho, más o menos. Dieciocho péndex que van a andar correteando por ahí. Dieciocho y ninguno de ella. Ninguno de ella y el Quique. Ninguno. Y con todo lo que han hecho para poder vivir eso que las otras parejas relatan como si tal cosa, como si fueran nimiedades… Levantarse a las tres de la mañana porque uno se enfermó, acordarse antes de dormir de sacarles los dientes de debajo de las almohadas y dejarles una moneda, empezar a ahorrar un poco más porque dejaron los pañales, ir a las molestas reuniones de padres en las escuelas.

Y con todo lo que han hecho… La primera vez fue gracias a un crédito, pero la plata se les acabó antes de que algún embrión pudiera convertirse en esperanza. Después sus padres les ayudaron a pagar otro intento, pero tampoco resultó. Y la última vez fue cuando al Quique lo ascendieron y le empezaron a pagar un poco mejor, pero llegaron hasta donde pudieron, porque el bolsillo se estira, pero no tanto.

Hasta que dijeron basta, ya está, asumámoslo, no hay caso. Pero esa era otra de esas mentiras que uno se hace a sí mismo suponiendo que se las va a terminar creyendo, porque en el fondo ella nunca tiró la toalla. Y sabía que el Quique tampoco, aunque no dijera nada, aunque no volviera sobre el tema, porque el Quique no es que hubiera dejado todo esto de lado, sino que seguro que el gordo es tan bueno que ni siquiera lo mencionaba para no ponerla mal.

Pero anoche volvieron a hablarlo. Lo conversaron mientras cenaban y después lo siguieron hablando mientras se acostaban, y se durmieron pensando en eso. Porque anoche le volvieron a poner fichas a la posibilidad. Si todo marcha bien, ya no van a necesitar endeudarse para intentarlo.

Las manos rodeando la tibieza de la taza de café con leche y una sonrisa apenas dibujada, porque se imagina levantándose a las tres de la mañana porque uno se enfermó, acordándose antes de dormir de sacarles los dientes de debajo de las almohadas y dejarles una moneda, empezando a ahorrar un poco más porque dejaron los pañales, yendo a las molestas reuniones de padres en las escuelas…

Y también se imagina corriendo de urgencia al hospital porque rompió bolsa y el Quique poniendo su cara de desesperación… Y entonces sí que la sonrisa se convierte en risa que le transforma la cara, y es que el Quique cuando se pone nervioso hace cada pavada…

Alejandro Frias

Opiniones (2)
19 de noviembre de 2017 | 06:16
3
ERROR
19 de noviembre de 2017 | 06:16
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Coincido con vos peroncha, posibilidad de tratamientos gratis, aparte ahora implantan tres embriones como maximo, y agilizar los procesos de adopción también, no nos vayamos a los extremos en todo por favor!!! mejoremos todos y posibilidades para todos!!!
    2
  2. Tal cual. Ojalá todos pudieran verlo desde esa perspectiva. En estos días la felicidad que trajo la ley se vio un poco empañada por leer tantas apreciaciones negativas. Es obvio que cada persona enfoca el tema desde un punto de vista diferente, desde su propia subjetividad. No obstante dos o tres apreciaciones: no existe oposición o relación excluyente entre fertilización-adopción, no me parece justo el discurso religioso que demoniza las prácticas y finalmente la cobertura de estas prácticas no pone en jaque ninguno de los sistemas de salud existente.
    1
En Imágenes
Grammy Latinos 2017
18 de Noviembre de 2017
Grammy Latinos 2017
Lluvias torrenciales en Grecia
16 de Noviembre de 2017
Lluvias torrenciales en Grecia