opinión

El lado oscuro de Pink Floyd

Leandro Mattanó esta vez se mete de lleno con la historia de uno de los grupos más importantes del mundo.

El lado oscuro de Pink Floyd
Pink Floyd es una de las bandas más importantes de la historia de la música. Sin entrar en ninguna división de géneros su obra, maravillosa e inconmensurable, sobrepasó todos los límites y encasillamientos, y sin lugar a dudas, ellos serán “la música clásica” del futuro.

Ya en una entrega anterior, nos referimos a uno de sus fundadores, Syd Barret,  y a su pequeña gloria y ocaso. Pero cuando Syd se fue, suplantado por su amigo David Gilmour, la banda tuvo una etapa en la cual volvió a reencontrarse sin su líder (1969 a 1972), en la cual hicieron muy buenos discos experimentales (Atom Heart Mother, Meddle, Ummagumma y Obscured by Clouds), hasta que en 1973 atraparon la gloria con esa obra maestra que fue “The dark side of the moon”,  siguiendo igual suerte con “Wish you where Here”, aparecido en 1975. 

En estos años Pink Floyd se convirtió en algo monstruoso, gigante, difícil de sobrellevar, y esto provocó cambios bruscos en la psiquis de Roger Waters, ya que por su propia naturaleza, no podía tolerarse como un “rock star”, lleno de lujos y placeres, que sí se aprestaban a disfrutar sus compañeros  de la banda. Ello, primero por su triste infancia marcada por la muerte de su padre en la Guerra, y segundo por el desmoronamiento que estaba reinando en Inglaterra ante el cierre de fabricas, huelgas, gran desempleo, cien mil jóvenes egresados que no tenían trabajo, subsidios para desempleados,  violencia racial,, y resentimiento de los ingleses desocupados ante los inmigrantes que había en su país, todo esto, como se sabe, ocurrido durante 1976 y que dio pie culturalmente al movimiento Punk.

Roger Waters no se sentía indiferente a todo esto, aunque el dinero, la fama y los placeres lo abrazaban. Y a partir de acá su cerebro empezó a funcionar, si bien dentro de Pink Floyd,  separado de sus compañeros de banda. Sus preocupaciones sociales, políticas y económicas, unidas a sus solitarios pensamientos, culminaron tomando forma en “Animals”, aparecido en 1977, el primer disco de Pink Floyd en el cual Roger Waters quiso hacer todo, y de hecho casi lo logra, a no ser porque Gilmour compuso algunas melodías en el disco. Tomando ideas del clásico “Rebelión en la granja”, de George Orwell, en el disco Waters divide a la especie humana en cerdos, perros y ovejas (los temas Pigs, Dogs, y Sheeps), pero aquí para representar al capitalismo individualista y salvaje, a diferencia de la obra referida que critica a la Unión Soviética, y proclamando Waters en su obra el triunfo de las ovejas que despiertan de su ostracismo y sumisión. En este disco nació el famoso “cerdo volador” que, junto a la Central Eléctrica de Battersea ilustran la tapa del disco. A partir de acá en adelante, a diferencia de sus discos anteriores donde las letras y músicas de Pink Floyd siempre eran una invitación a la imaginación, Waters empezó a bajar línea en sus letras, y se mostró preocupado por llevar a la banda a cuestiones concretas, ser más directo, y de tratar de orientar a la gente en como tenía que pensar, lo que contribuyó a que el grupo se disgregara, ya que los demás miembros no estaban de acuerdo con esa forma de hacer música.

Para presentar el disco, Pink Floyd hizo su primer megagira con estadios, y Roger Waters se volvió insoportable con las indicaciones y especificaciones técnicas frente a todo el mundo. Supervisó todo: filmaciones, música, escenificación, momento en que empezaba el humo a salir, luces, todo estaba monitoreado por él en persona. Y como escenificaba todo, para coordinar sus acciones en el escenario, utilizaba, cantando en vivo, auriculares, lo que encima, lo hizo alejar del calor que el público provoca un recital en vivo. Llegaba solo a los recitales en helicóptero, y comenzó a dar señales de paranoia, estaba siempre aislado, no iba a los agasajos que preparaban para la banda en cada ciudad, y gritaba en cada recital, repetidas veces, un número alocadamente: era el número de actuaciones que la banda llevaba hechas desde que había empezado la gira, como si no la aguantara más. Veía todo como algo sin sentido y no soportaba que la sensibilidad de su obra se desparramara en la multitud de un estadio, donde no se podía comunicarse con sus espectadores; sentía que formaba parte del gran mecanismo de la industria del rock, por primera vez, pero desde adentro.

Todo aquello con lo que Pink Floyd había despotricado en “Wish You Where Here” (el famoso apretón de manos  del ejecutivo prendiéndose fuego en la tapa del disco, y el “vendedor” de Pink Floyd sin rostro, ni pies, ni manos en la contratapa) se había vuelto en su contra. Ellos eran ahora la maquinaria vendedora de sí mismo, lo que siempre habían criticado. Así se sentía Roger Waters en esta gira que se llamó “In The Flesh” (como el primer tema del disco siguiente….). Y la gira terminó con un episodio que hizo estragos en la mente de Waters, y que determinó que una de las obras  más espectaculares de la historia del rock fuera tomando forma. El episodio es híper conocido. El ultimo día de la gira, en Canadá, un fan que estaba medio borracho le gritaba a cada rato a Waters que tocara la vieja canción de Pink Floyd “Cuidado con el hacha, Eugenia”, con tanto éxito que Waters se dio cuenta. Lo encaró y no pudiendo mitigar el desprecio que le provocaba el fan, totalmente fuera de lo que el artista estaba ofreciendo en ese momento, y siendo eso un resumen de a lo que Waters lo fastidiaba,  con un desprecio nunca visto, desde arriba del escenario se le acercó y lo escupió.  El episodio podría haber quedado en la nada, a no ser porque Roger Waters se juró en ese momento que si alguna vez volvía a tocar en vivo, lo iba a hacer… detrás de una pared. Este episodio fue la génesis de “The Wall”, obra que ya estaba dibujándose en la mente de Waters hace mucho tiempo, pero que a partir del fin de esa gira tomo vida.

Frente a todo esto, el resto de Pink Floyd disfrutaba de paraísos terrenales, autos caros y de colección,  islas y cruceros en Grecia, y Waters se refugió en un campo para construir su muro. Paralelamente, y como prueba de la disgregación, en esta época aparecieron los primeros discos solistas de Gilmour y de Wright. Roger Waters, sin ninguna colaboración de nadie, hizo las maquetas y se las presentó al grupo. La idea de escenificar un muro delante de los músicos, separándolos de la gente, lo fascinó.

Pero ¿por qué esto del lado oscuro de Pink Floyd? Porque a partir de acá en adelante el grupo siguió adelante, prácticamente sin ser un grupo y  pocos sabían que eso era así. Gilmour sentía que no tenía porque cantar detrás de un muro, y que no compartía los mismos problemas que Waters tenía en su cabeza. Ya en esta época se juntaban solo para grabar, y no tenían ningún vínculo social.  Y para peor, Roger Waters decidió, y convenció a Gilmour y a Mason, de echar del grupo a Richard Wright, circunstancia de la cual nadie se enteró hasta años después. Wright estaba en una isla griega navegando que era lo único que le interesaba y no quiso volver a las últimas grabaciones del álbum, no lo soportaba más a Waters. Los tres le compraron la parte del grupo, y lo “contrataron” a sueldo para que se quedara figurando en corta y complicada gira que se hizo de “The Wall”. Curiosamente, en esto tuvo el apoyo de Gilmour y de Mason que pensaban que no estaba haciendo su trabajo como correspondía. Y ya para esta altura, la personalidad de Waters lo llevo al conflicto con su mejor amigo del grupo: Nick Mason. No le dio ningún crédito en el disco, ya que según afirmó, sólo tocó y no hizo ningún aporte al álbum.  El asunto de que Rick Wright no formaba parte del grupo, se supo cuatro años después. Pero faltaba algo más: Stom Thorgerson (recientemente fallecido), había hecho las tapas de todos los discos de Pink Floyd desde sus comienzos, incluso la célebre de “The Dark Side of the Moon”, y ¿qué pasó? Waters no lo dejó hacer la tapa de The Wall. Otro histórico más que caía dentro del mundo de Pink Floyd. Y él diseñó la tapa de ladrillos blancos, sencilla pero representativa de la obra. Como todos sabemos, a poco de salir, el 30 de noviembre de 1979, The Wall se convirtió en una obra maestra, y tal como se escribió en una reseña del Melody Maker,( siendo una de las frases que mejor describe al álbum)  “…Waters se presentó valientemente con el corazón en la mano…”.

Pero The Wall no era solo un disco, estaba concebida como una trilogía (disco, representación teatral, y película de cine). Por eso necesitaban todavía a Rick Wright, porque Pink Floyd no podía pasar a ser un trío, en el medio del proyecto. Y la paradoja es que fue el único que ganó plata con las pocas presentaciones que se hicieron en vivo de “The Wall”, ya que el espectáculo era tan costoso que el grupo lo hizo a pérdida, pero el cobró su sueldo. De la película poco vamos a hablar, pero es ilustrativo contar que cuando Waters se conectó con Alan Parker para que la dirigiera, obviamente tenía en mente que él iba a ser el protagonista de la misma. Y le costó horrores aceptar, por consejo del mismo Alan Parker, que no tenía que hacer el papel que terminó haciendo Bob Geldof. El 14 de julio de 1982 se estrenó la película en Londres, en una gala, y la forma en que los Pink Floyd se presentaron en el cine teatro, mostraba su compromiso con la misma: Waters de etiqueta, Gilmour saco sin corbata, Mason con jean y remera, y Wright….no fue. Ya cuando la estrenaron en Nueva York, Mason, que estaba ahí, se fue a jugar al billar. Y la alienación de Waters no paraba más.

Después de estar cinco años con un proyecto en el cual la muerte de su padre en un conflicto bélico había sido detonante, y frente a todo lo que The Wall representaba como consecuencia de una guerra, nuestro país, y el suyo entran en la Guerra de Malvinas, tan cara a nuestros sentimientos. Y a los de Waters también. No podía entender como después de todo, todo seguía igual. Estos acontecimientos se vieron reflejados en el último disco de Pink Floyd llamado “The Final Cut”, cuando en uno de sus versos pregunta: Oh Maggie, Maggie, what have we done?

Ya a esta altura Pink Floyd no existía más. Verdaderamente, “The Final Cut” fue un disco hecho solamente por Roger Waters. De hecho, los fans del grupo se enteraron de que Rick Wright no formaba más parte del grupo recién en este momento, al leer en la tapa del disco que Pink Floyd estaba compuesto por tres miembros, desapareciendo Wright. Gilmour y Mason, técnicamente, fueron solo meros instrumentistas. Recién acá se supo todo.

Sabiendo que “él” era Pink Floyd, y que sin él, nada habría, Waters comenzó su carrera solista. Hubo advertencias de Gilmour: si te vas, seguiremos nosotros, y respuestas de Waters: jamás lo lograrán sin mí. Las luchas que vinieron después fueron tremendas.  Aparecieron álbumes solistas de ambos (Gilmour con “About Face” y Waters con “The Pros and cons of Hitch Hiking”) y Pink Floyd desapareció, hasta que en 1987, bajo los designios de Gilmour, el monstruo apareció de nuevo. La jugada maestra estaba en Rick Wright . Gilmour lo convenció, Mason estaba dispuesto,  y Pink Floyd volvió al ruedo ¡sin Roger Waters! algo impensado, con un gran disco “A Momentary Lapson of Reason”. Y los juicios comenzaron. Para que no usaran el nombre de Pink Floyd sin él, Water inicio un juicio que lo perdió; para disolver la sociedad “acabada” hubo otro, para controlar los ingresos bajo el nombre de Pink Floyd se creó una cuenta nueva, fuera de las garras de Waters. En fin, una serie de conflictos que nunca terminó.  Pero por suerte, los cuatro pudieron compartir escenario juntos en el año 2007 en Live 8, en la famosa reunión de Pink Floyd. Luego de la muerte de Wright, Waters lo despidió con cariño lamentándose de que “no haya habido más”. En sus recientes giras con The Wall, Gilmour y Mason estuvieron con él en el escenario en Londres, lo que también conmovió a todos.

El lado oscuro de Pink Floyd existió, y nada más, queríamos contarlo, y estas circunstancias no empañan su música que fue de lo mejor que se ha escuchado en toda la historia del rock.

Opiniones (2)
23 de noviembre de 2017 | 10:22
3
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23 de noviembre de 2017 | 10:22
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  1. Pure business. Será por eso que cuando recuerdo estos episodios, más me gustan Wire y el jazz
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  2. Pienso que hablar en pasado -su música que fue- no va.- Para mí, su música sigue siendo lo mejor que se escucha en toda la historia del rock.-
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