opinión

Sismo en Chile

Bachelet suma al Comunismo a la Concertación. Piñera trae al "regalón de Pinochet".

Sebastián Piñera se sentó en el escritorio de Barack Obama y se acomodó exhibiendo su sonrisa cerámica. “¿Qué se siente?”, le peguntó el dueño de casa o, mejor dicho, el inquilino de la Casa Blanca. Cómodo, el presidente chileno está caminando hacia el llano acumulando la mejor imagen posible para allanarle al camino a quien pretende sucederlo desde la derecha, Pablo Longueira.

Chadwick, Longueira y Lavin junto a Pinochet.

Mientras tanto, Michelle Bachelet, ex presidenta que quiere ir por un nuevo mandato y que, cuando le tocó, ejerció la representación de un socialismo liberal o moderado, afín a las causas latinoamericanas (como cuando primereó a todos defendiendo a Evo Morales de un intento golpista), recordó en un programa televisivo que su paso por la ONU le garantizó anonimato. “Suficiente –dijo- para andar en hawaianas cuando hacía calor e ir al supermercado”.

Digamos que Piñera, puesto en promotor de Longueira, ejerce en su desenlace presidencial un derechismo de manual, sin estridencias, como para que no se note que su ahora delfín (el anterior, Golborne, debió renunciar a su precandidatura por verse involucrado en cuestiones judiciales) forjó toda su carrera política como el “regalón de Pinochet”, como reconoció la hija del dictador, Lucía. Y Bachelet, ya que estamos, trata de disminuir la intensidad de que el Partido Comunista, el PC, se esté sumando a la Concertación de su archienemiga histórica Democracia Cristiana, la DC, mostrándose común y silvestre, tan capaz de chancletear por las calles de Manhattan como de liderar el futuro de Chile.

Pero lo que se viene detrás de la cordillera es un sismo de proporciones latinoamericanas. Piñera está dejando todo en la construcción de la opción geopolítica capaz de arrebatarle protagonismo al bolivarianismo: la Alianza del Pacífico. Y a Bachelet le tocará optar por uno u otro bloque, pero con el pie derecho bien afirmado ya por su antecesor.

La región vive movimientos orogénicos de importancia. Los reacomodamientos son tanto internos como externos en los países. Se habla del retorno a un Lula bolivariano, aunque respetuoso del libre mercado en Brasil y e Venezuela, una disputa por la legitimidad de la sucesión de Chávez se ve amenazada por el casi triunfo de un opositor claramente ubicado en las antípodas del poder actual. Perú vivió el último cimbronazo cuando pareció vivir un deja vu de Ollanta Humala hacia su nacionalismo nacido al rescoldo de Hugo Chávez, pero fue fuertemente reprendido por Mario Vargas Llosa, su “corrector” y el dueño, digamos, de su nueva compostura del otro lado de las opciones posibles en esta Latinoamérica.

Una vez más las opciones, en cada uno de los países, no son mucho más que dos. Tiempo de polarizaciones y simplificaciones, tanto, como que en Chile el PC y la DC puedan iniciar un camino de la mano, juntas, a pesar de los golpes que se han dado a lo largo de la historia.

Lo mismo sucede, aunque en el discurso diario de los medios y la política se hable de cualquier trivialidad, en la Argentina. La diferencia está en que todavía no sabemos quién encarna la figura de “el otro”.

Opiniones (1)
20 de noviembre de 2017 | 06:24
2
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20 de noviembre de 2017 | 06:24
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  1. conte, SIQUIERA CUANDO SU DIARIO SE REFIERE AL GOBIERNO DE NUESTRO PAIS, NUESTRA QUERIDA ARGENTINA, FUERAN TAN DIPLOMATICOS PARA DECIR LAS COSAS Y Y QUE NO LES NOTE TANTO SU INCLINACION Y FAVORITISMO POLITICO .POR OTRO LADO SI PIÑERA SE SENTO EN EL ASIENTO DE OBAMA ES PORQUE LOS YANQUIS LES METIERON UNA BASE MILITAR EN CON CON, TOTALMENTE INDEPENDIENTE COMO SI FUERA LA EMBAJADA. AVERIGUEN UN POCO, ES SU TRABAJO , O NO ?
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