opinión

¡Aparateame que me gusta! - Capítulo tres

Tercera y última nota dedicada a tratar de entender los 10 años de kirchnerismo. ¡Vamos que llegamos!

¡Aparateame que me  gusta!  -  Capítulo  tres

HOY: EL APARATO MEDIÁTICO. La idea central de esta columna y de las dos anteriores es que el kirchnerismo sustenta su permanencia en la creación y fortalecimiento de tres “aparatos”, distintos pero complementarios: el político, el económico y el mediático. Hoy hablamos del tercero y su peso específico fundamental para el Gobierno, tanto como el de los otros dos pero de modo muy especial.

Recordemos: Los gobiernos argentinos tienen una especie de tara congénita; creen que si ganan con determinado porcentaje de votos y acceden al poder político, una cantidad de gente similar estará dispuesta a tragarse cualquier gilada mediática que les tiren. No aprendieron la lección que brindó Perón: “En 1945, yo tenía toda la prensa en contra y gané. En 1955 los tenía a todos a favor y me echaron”. El kirchnerismo no ha sido la excepción, si bien encaró la tarea de difundir sus cosas de modo peculiar. Allá en los albores de la zarandeada Década Ganada, las relaciones entre el flamante gobierno del pingüino mayor y el principal multimedios del país (Clarín, cuál otro...) eran óptimas. Tal vez como parte de la herencia que dejó Duhalde, quien le regaló al grupo de “El Gran Diario Argentino” una “pesificación asimétrica” que le permitió licuar su multimillonaria deuda en dólares y además le obsequió la Ley de Bienes Culturales, que lo protegía de cualquier intento de copamiento hostil de parte de sus socios-acreedores internacionales. Circulaba aún la leyenda urbana de que con una docena de tapas de Clarín contrarias al gobierno de turno, este caía cual castillo de naipes, bien alimentada por los capitostes del conglomerado y confirmada tácitamente por varios gobernantes anteriores que se cuidaron de incomodar al monstruo mediático tanto como de orinarse en la cama. Por eso, en un principio, la relación fue plácida, pero las asperezas no tardaron en aparecer. Aquí los tratadistas discrepan: ¿Cuándo empezó esta guerra sin cuartel en la que nos debatimos hoy?. “La biblioteca no es pacífica”, como dicen los leguleyos. Algunos afirman   que, entre mimos, Néstor intentó comprar el grupo o parte de él apenas calculó que la Gran Caja Nacional (y Popular) se lo permitía, soja mediante y ya con el cabezón bonaerense neutralizado, y eso ofendió grandemente a Obi Wan Magnetto y Cia. Otros dicen que el caudillo sureño presionó para incluir contenidos progubernamentales en las distintas programaciones del multimedio, y no se lo perdonaron. Y otros tantos ubican el inicio de las hostilidades en los tiempos inmediatamente anteriores al “125-Gate”, cuando ÉL tenía decidido aplicar un esquema de retenciones móviles al agro y sus granos, y (previendo la resistencia campestre) le exigió a Clarín que lo bancara. Allí le hicieron notar que el grupo, junto a la Sociedad Rural y otras organizaciones por el estilo arman cada año la ExpoAgro, la mayor exposición del rubro en Sudamérica, que mueve unos cuantos cientos de millones de dólares por todo concepto (8.000 palos de pesos a 3 mangos y chauchas el dólar en ese momento), y le preguntaron si el Gobierno estaba dispuesto a resarcirlos y aún subir la oferta en caso de ruptura del entente Clarín-gauchócratas. “¡De acá...! De acá en más se las verán conmigo y mi gobierno Nac&Pop, manga de oligarcas antinacionales!”, habría dicho Néstor, y la guerra quedó declarada.

Cualquiera de las tres versiones (hay más) puede ser válida y validada por muchos. Lo cierto es que estamos entrampados en una contienda áspera como calzoncillo de virulana que llena las paciencias propias y ajenas y demuestra una cosa bien simple: si un gobierno se malquista con Clarín, deberá arreglárselas para difundir sus buenas nuevas de cualquier otra forma, porque no podrá esperar más que cascotazos del gran pulpo mediático argento. Si algo entendió el Kirchner-kristinismo de nuestra realidad es justamente eso. Y, en consecuencia, hizo la suya: o sea que sobreactuó como si no hubiera un mañana. Procedió a armar un multimierdo de propio cuño y bajo absoluto control de la “NomenKlatura” oficialista por donde despachar sus noticias reales o casi  con la alta pretensión de suprimir una supuesta dependencia que tendría “el pueblo” respecto de la usina clarinista, que en poco más de un año pasó de ser una amiga de la casa a la peor basura sobre la faz de la tierra. Pero, antes del tiroteo, ÉL ya había autorizado la fusión Cablevisión-Multicanal, que convertía tal sistema de tele paga de Clarín en el más grande de todos, y los suyos no se acordaron de la sangrienta e ilegal apropiación de Papel Prensa que hizo el grupo sino muchos años después, cuando   convenía sacarlo a la luz, aunque siempre fue vox populi en el ambiente periodístico.

En realidad, el núcleo del carozo del meollo de este aparato mediático ultra-K radica en garcarse sobre Clarín y sus supuestos protegidos (Macri-Sanz-Carrió-Binner y los que vayan apareciendo) con una perseverancia digna de mejores causas y devolver golpe por golpe. O sea: si gracias a Clarín y su telaraña un infundio puede rebotar hasta el infinito y más allá, entonces qué menos que hacer lo mismo para demostrar que la verdad está en otro lado. De modo que se armó (y consolidó a partir de las presidencias de ELLA) una constelación de medios bancados mayormente con publicidad oficial que a lo mejor no le venden nada a nadie, pero que suenan y joden... no tengas dudas. De cualquier forma, lo que se pregona con productos tan excéntricos, como pueden ser Tiempo Argentino o 678 y varios más con distinto soporte también es glosado con lujo de detalles (para rebatirlo) por la contra-clarinista, y se arma un espiral sin fin. Sumemos a esto la penetración que ha hecho el Gobierno en otros grupetes de medios como el Uno (Vila-Manzano), el de Canal 26 (del ex duhaldista Pierri), otros que casi armó (Grupo 23 de Spolski/Garfunkel o el Olmo, para copar los diarios Ámbito Financiero y Crónica, “Electroingeniería”, que se quedó con radio Del Plata  y otras), más los avances de Clarín sobre diarios locales y cables pequeños, y si le agregás las presiones que cada uno le metió a los autoproclamados “independientes” del interior, tendrás un panorama casi completo pero bastante engañoso de lo que hay. Es el “aparato mediático K”, creado para contrarrestar al preexistente, el del oligopolio (nunca monopolio) informativo que teníamos hasta 2003, con un mascarón de proa encarnado en la Ley de Servicios Audiovisuales, bienvenido corpus legal repleto de las mejores intenciones del mundo pero que nadie creería que no fue hecho para triturar a Clarín, por lo cual su legitimidad (nunca su legalidad) está cuestionada en los estrados judiciales.

A ver: para combatir a un grupo concentrado... ¿no habrá algo mejor que formar otro/s grupo/s concentrado/s y encima con plata de TN (Todos Nosotros)? ¿Y para dar a conocer los épicos logros de este gobierno K era necesario romper las paciencias con engendros como el actual C5N, el copamiento de Página/12 o la instrumentación descarada de Radio Nacional y la TV Pública para ventilar las maravillas oficiales y a la vez denostar en cinco idiomas a los opositores? No sé, chicos... para mí que las cosas pudieron hacerse de otra manera, más ordenada, más prolija y menos costosa. Pero el aparato mediatiko ya está consolidado y en funcionamiento desde hace casi una década, entre la “kadena” oficial, la extraoficial y la paraoficial, con el ánimo de copar todas las paradas y así difundir la versión feliz de lo que el Gobierno hace. Claro: por cada hallazgo como el canal Encuentro hay cinco paparruchadas que no sirven ni para reírse de ellas. A la hora de los bifes y de las urnas, ¿todo este andamiaje le servirá de algo al Gobierno? Se verá, pero lo cierto es que cansan con tanta autoglorificación y tanto despotricar contra los “enemigos” del modelo a todas horas y por mil lados diferentes.

Hasta aquí, un modestísimo análisis en tres cuotas sobre el poco discreto encanto del kirchnerismo y su importancia en la historia. La semana que viene intentaremos hablar de otra cosa, pero en realidad seguiremos refiriéndonos a lo mismo, qué remedio queda. Hasta entonces.

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21 de noviembre de 2017 | 23:04
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