opinión

La Lepra y un fútbol con metástasis

Los incidentes en Independiente Rivadavia y el sistema enfermo.

Estamos enfermos. Desde hace años lo estamos, y con cada recaída nos encomendamos a todos los santos, nos despertamos transpirados e intentamos repensar nuestros días de ahora en más. Imploramos una cura, creemos muchas veces que no llegará, que es terminal, que ya no hay nada que hacer, y caemos de rodillas. Buscamos paliativos, un abrazo contenedor, y seguimos como podemos. Así vamos, quién sabe adónde y hasta cuándo, errando diagnósticos, pero respirando.

El fútbol está enfermo y el mal alcanzó a todos, me aburre repetirlo, está gastado, pero no podemos negarlo. Nos resulta facil llorar por la leche derramada, echarles la culpa a los violentos, esos lejanos átomos dispersos llamados barras, que no nos rozan, porque nosotros somos impolutos, pero que están por ahí, amenazando y golpeando. Así nos sentimos mejor, es satisfactorio saber que no tenemos nada que ver. Nos regodeamos por nuestra pulcritud, somos felices. Y caretas.

En Independiente Rivadavia se repitió una situación lamentable, absolutamente repudiable,  el ataque de 100 hinchas violentos al plantel que pugna por mantener la categoría, como si sirviera  de acción motivadora pero pensada por un necio. Un despropósito.

La Lepra no es ajena a una realidad que involucra a todos, más allá de que nos encante hablar de los inadaptados de siempre. Es imposible pensar en barras bravas sin la anuencia dirigencial, que alimenta y engorda a los grupos radicales, que les paga los mundiales, que les entrega la administración del estacionamiento, que les abre los portones. Porque, en el fondo, a veces sirven, por más que nadie lo diga.

La CD que comanda Daniel Vila intentó que el club del Parque no se transformara en una institución dominada por quienes buscan lucrar con la pasión, tomó muchas medidas que lo demuestran, como el sistema biopass, la negativa a pagar viajes, las limitaciones con las entradas, el ingreso sólo de socios, pero esta semana en el Gargantini todo se desmadró ante un nuevo fracaso futbolístico.  ¿La dirigencia tuvo algo que ver en aprietes anteriores? Nunca lo sabremos, más allá de los rumores incomprobables.

No podemos reducirnos a creer que "los salvajes" son la piedra en el zapato, todo el sistema del fútbol es cómplice, al igual que el sistema político. Los gobiernos son muy buenos para figurar como sponsores principales en una camiseta, pero son muy malos para tomar medidas que exceden a los clubes. A los periodistas nos encanta señalar, nos horrorizamos y nos llenamos la boca de adjetivos cataclísmicos ante sucesos como el del viernes, pero también alimentamos suspicacias, broncas y transformamos en cuestiones de vida o muerte el patear una pelota.

Finalmente, los jugadores no parecen ser la única pieza limpia de este sistema enfermo. Existen casos concretos, que no viene al caso nombrarlos, de jugadores de Independiente Rivadavia que en la temporada 2008 prefirieron exagerar lesiones para no jugar y evitar ser señalados por el fracaso deportivo. No hay que obviar que son los que entran al campo de juego sobre quienes después caen las sospechas o se ven involucrados en arreglos de partidos. Al igual que afuera de la cancha, adentro también hay de todo. ¿Les suena León Bustos?

Difícilmente el fútbol se cure en la inmediatez, lo dudo ante un panorama tan desalentador y por quienes tienen la toma de decisiones. Por lo pronto, seguiremos viviendo con analgésicos.

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18 de noviembre de 2017 | 23:06
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