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10 velitas: ¿para quién es buen negocio el modelo?

Cada medida política beneficia a un grupo a cuesta de beneficios que pierden otros.

10 velitas: ¿para quién es buen negocio el modelo?

Si una empresa extranjera de servicios quiere instalarse temporalmente en Argentina o una multinacional ya instalada tiene que rehacer cuentas -sobran- ahora deberán invertir sólo 5 mil dólares anuales por un empleo promedio, menos de la mitad de los 12 mil que supone este "gasto" en 2010.
Y le puedo asegurar algo, usted y yo no podemos atesorar moneda extranjera ni tampoco recibirla, pero, como las instituciones del Estado, las corporaciones tienen varilla especial en todo.

¿Le cuento una cosa que me pasó?

El año pasado tuve un cliente extranjero, español. Y esto se aplica a cualquier tipo de transacción, pero en este caso se trataba del pago de un servicio, y yo acordé que me enviara esos euros  por Western Union, mítico correo monetario con presencia en varios puntos del interior. Tranquilamente esperé en la cola hasta llegar a la caja, entregar el formulario lleno y prepararme para recibir el fruto de mi trabajo, del que, como usted y cualquier ciudadano, soy dueño innegable, pero… no.

Me dieron pesos. Me dieron el monto transformado a cambio oficial. Y eso le sucederá a usted si le envían dinero de otro país.

¿Dónde están mis euros?

“Señor, nuestra empresa está habilitada por AFIP a convertir moneda extranjera cuando los gerentes lo crean conveniente”.

Respondió una empleada, sonriente e incómoda.

La clave: habilitada, bien diferente a obligada.

Luego, como seguramente también haría usted, llamé a su supervisor, el subgerente de la sucursal.

“Nosotros hemos cumplido, le dimos su dinero en tiempo y forma, esto no califica como un reclamo”.

Cerca de la exasperación, le espeté que sus derechos, si es que, incluyen cobrar una comisión salvaje y nada más. Pero lo que estaban haciendo era confiscarme.
Con total naturalidad y contradiciéndose con la cajera, replicó:

“Lo lamento, pero nosotros no tenemos euros, euros tienen en Buenos Aires, pero los usan para otras inversiones de la empresa”.

Claro, pero hay una ecuación que este hombre no quería entender: a mí me enviaron euros desde Madrid y yo recibí pesos en Bariloche. En alguna oficina de Western Union Argentina se atascó mi dinero, y todo el mundo que vive la sensación de crisis económica se da cuenta de que perdí la mitad de mi poder adquisitivo por ese derecho o, mejor dicho, privilegio que el kirchnerismo le otorga a la multinacional.

Luego me enteré de que en 2012 la corpo le pagó este favor a los muchachos oficialistas restringiendo a la mitad y en calidad de política empresarial, nunca obligados por nadie, el envío de dinero al exterior.

No vaya a ser que usted y yo, que apenas llegamos a fin de mes, seamos cómplices de la cruel e insensible fuga de capitales.

Cuánta razón tienen los argentinos en su odio instintivo a los bancos y entidades por el estilo.

En fin.

Todo esto se suma a las dos principales razones del cepo:

- El Estado, pese a la careta de benefactor del pueblo, es el instrumento que ejecuta la caótica ley del más fuerte. Se expande devorando jubilaciones, salarios y rentas de los pequeños comerciantes y todavía otorga ciertos sectores en concesión a testaferros políticos y otros amigos… Pero, pese a todo esto, necesita más presupuesto para pagar las deudas coloniales que se contrajeron a nuestro nombre durante modelos anteriores.

-En este modelo económico, que tiene nombre y ese nombre es keynesianismo, toda situación caldeada por los planificadores de la economía apunta a incentivar el consumo.

Incluso la inflación les sirve al gobierno y a las grandes empresas, cuyo capital nunca se deprecia aunque a nosotros este fenómeno nos lastime día a día.

Toda persona que sepa algo de economía es consciente de que lo del parque automotor indica crecimiento corporativo y decrecimiento del poder económico de la gente, que podría ahorrar e invertir en independizarse o comprarse una casa lo más pronto posible.
No poder ahorrar nos obliga a consumir, algo que la principal burguesía de este país, los industriales protegidos por aranceles, necesita para seguir haciendo plata fácil con productos carísimos e invirtiendo lo mínimo posible en recursos humanos. Total, los salarios son gratis, los obreros se patinan el sueldo en comprar lo que fabricaron.

Los pesos no son nada, pero nos quedaban los dólares, y sobre ellos se lanzaron, y sin tanta cobertura mediática pero con el mismo objetivo el oficialismo también avanza en regulaciones a la posesión de oro y plata.

Al final, les salió el tiro por la culata y ahora mil dólares son más codiciados que unas buenas vacaciones. Cada tanto, por suerte, la minoría que tiene el poder político -y responde naturalmente al poder económico- se equivoca y no logra secuestrar los recursos de la gente.

De todas formas, la clase política argentina no es original, suele copiarle desastres a la estadounidense con cierto retraso. Por ejemplo, ahora estamos viviendo el New Deal pampeano, que en su versión original se rescató reactivando la industria del acero con una guerra mundial que mató a millones.

Lysander Spooner era abogado, uno de los revolucionarios abolicionistas que acabó con la esclavitud en Estados Unidos, y se dedicaba a escribir sobre cómo lograr una sociedad totalmente libre y organizarla jurídica y económicamente. El fundador del libertarismo. Pero no sólo se dedicó a esas dos luchas en su vida, también mantuvo una en tiempo real contra el gran monopolio de correos del Gobierno federal americano, y adivine quién heredaría en parte poco tiempo después. ¡Western Union!

Spooner fundó American Letter Company y, pagando mejores salarios y ofreciendo precios más bajos, brindaba el mismo servicio que los monopolios estatales, hasta que un buen día se cargaron su emprendimiento. Pero dio a pulmón el ejemplo de que la sociedad no necesita una clase por encima de las demás para funcionar eficientemente.

Aunque a la mayoría de la gente no le guste, vivimos inmersos en un conflicto. No se puede estar bien con dios y con el diablo, y cada medida política beneficia a un grupo a cuestas de beneficios que pierden otros. Eso de que los intereses se concilian… lo dicen los que tienen suficiente fuerza para imponer los suyos.

Por eso, recuerdo lo que dice mi amigo Martín Benegas, en el 2005 todos eran kirchneristas y ahora son tan o más opositores a Cristina que nosotros.

Pero, ¿qué modelo se viene? En parte, usted responsable de elegir nuevos ciclos tóxicos para los débiles en vez de animarse a desafiar el sistema que en esencia es el gran mal que nos aqueja.

Casi me olvido, ayúdenos a organizar la Rebelión Ciudadana del 10J

Más Spooners y Morenos (de los Marianos, no de los Guillermos) para salvar Argentina.

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