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¡Aparateame que me gusta! - Capítulo dos

Va la segunda de tres notas dedicadas a tratar de entender los 10 años de krichnerismo recién cumplidos. ¿Podremos?

¡Aparateame que me  gusta! - Capítulo dos

HOY: EL APARATO ECONÓMICO. La tesis central de esta columna, de la anterior y la próxima es que el krichnerismo ha sustentado su permanencia en la creación y fortalecimiento de tres aparatos distintos pero complementarios: el político, el económico y el mediático. Hoy nos ocuparemos del segundo, fundamental en el Gobierno tanto como los otros dos pero a su manera.

Recordemos: Cuando asume Néstor, el 25 de mayo del hoy mítico 2003, la economía argenta estaba en una especie de limbo o intervalo producto en parte del default de Rodríguez Saá y también de que el interino Duhalde y su ministro de economía, Remes Lenicov, se habían sentado encima de la caja y no largaban un mango ni para Dios. Mientras, funcionarios diversos viajaban por el mundo para explicar que, aunque le debíamos a cada santo una vela, por ahora de pagar ni hablemos. En poco tiempo se formó un colchoncito interesante que Néstor encontró muy confortable para reposar. O sea que tampoco era el infierno poshiperinflacionario que encontró Menem o el incendio recesivo que halló el cabezón bonaerense luego del apocalíptico 2001/02. Pero el caudillete que vino del sur no se privó nunca de boquear que “salimos del infierno...”, lo cual era cierto pero no del todo por su mérito. Cuando ÉL llegó estábamos dos metros afuera y alejándonos rumbo al próximo peaje, que no tardó en llegar.

Fue el de la deuda social, hipoteca que ya consumía el bienestar de dos o tres generaciones. Aplicose el nuevo gobierno a paliarla, y comenzó la lluvia de planes sociales que hasta hoy no ha mermado, con su efecto multiplicador sobre el consumo, que se transformó en una especie de fetiche para los K. “Mirá, prefiero que insultes a mi vieja pero no te metás con el consumo de las clases populares. Con eso no se jode...”, decían. El efecto fue rápido y furioso, multiplicador y eficaz (no tan eficiente...) porque se volcaba una ingente cantidad de dinero sobre gente que venía con consumos atrasados largamente, que se puso a satisfacerlos como fuera. Ahí vimos la pata de la sota del primer engranaje del “aparato” económico Super-K: los “distribuidores” de esos planes, líderes de organizaciones sociales que se subieron al novísimo caballo (de Troya) de la administración kirchnerista; eran los dirigentes sociales (ex punteros) que repartían el dinerillo y otros suministros. En una primera lectura superficial podrían parecer actores políticos, pero no, por ser polea de transmisión entre la caja estatal y la gente con necesidades. Ganaron un protagonismo importante y un poder nada despreciable que podemos apreciar hasta hoy. ¿Que se quedaron con varios vueltos, decís vos? Bueno, recordemos la genial frase de un funcionario de aquellos tiempos: “Tener poder es como hacer gárgaras; aunque uno no quiera, siempre traga un poco”. Nada de lo que nos podamos sorprender acá.

Ahora bien: acelerar el consumo es algo netamente inflacionario, porque la demanda de bienes siempre es superior a la producción, ya que comprar un televisor, por decirte algo, lleva mucho menos tiempo que fabricarlo. Entonces, el bien deseado no está tan disponible como cuando nadie tiene un peso para adquirirlo y, por lo tanto, su precio tiende a subir. En eso estábamos cuando llegó el último superministro de Economía que recordamos: el hoy contrera Roberto Lavagna, serio como perro en bote y transmisor de tranquilidad a los mercados. ¿Todavía  hacía  falta una bocha de guita que ya no prestaba ni el loro? Cierto, pero estaba Chávez (QEPD), quien nos compró unos bonos imposibles con intereses que triplicaban lo que cobraba el Fondo, pero qué importan esos detalles... era un amigo, snifff... Ahí vislumbramos otro rulemán del “aparato” económico remil-K: remplazar el crónico endeudamiento externo por otro un poco interno y otro poco externo “de amigos” como el occiso Huguito, que además de guita facilitaban energía. Empezó un proceso bien característico: el acoso, captura y usufructo de “cajas”: Las AFJP, YPF, Aerolíneas, Anses, no en ese orden pero casi, en actos siempre decorados de copiosos discursos para fundamentar políticamente lo que económicamente era mucho más simple de explicar; seguíamos viviendo en base al “mañana te pago sin falta”, pero como los morlacos del otario no venían de afuera los rascábamos adentro y para adentro, porque la idea seguía siendo volcarlos al reactivador consumo, y dale que va. Además, en dos tercios de esta década “empatada”, tuvimos el oficialmente negado “viento de cola” que no era más que el crecimiento descomunal de los BRIC (Brasil, Rusia, India, China), que demandaba materias primas y, sobre todo, alimentos en ingentes cantidades, y nosotros podíamos brindárselos. En realidad, fueron China e India las que nos salvaron las papas con su demanda de... (suenen fanfarrias gloriosas) ¡SU MAJESTAD LA SOJA! Piedra fundamental de la “kirchner-nomic”. No por nada un diario hoy cooptado por dineros paraestatales definió entonces el programa económico K como “el plan SS”: Soja y Suerte. Al promediar la dékada, sordos ruidos oír se dejaban de problemas en ciernes: la inflación se aceleraba, un tradicional comprador de todo lo nuestro (Europa) empezaba su duro colapso, el consumo se desaceleraba de a poquito y el empleo en negro crecía. Asume ELLA, se muere ÉL, los ministros de economía se suceden pero eso ya no importaba, porque ahí vemos otra de las piezas del “aparato” económico-K: Minga de “superministros”. La conducción económica quedaba subsumida  al poder político, que le hace sentir su rigor a todos los oligopolios nacionales. Entre ellos hay algunos más amigos, unos se benefician y otros no tanto pero prosperan con perfil más bajito. Como la inflación empieza a ser un serio problema (promediando el primer gobierno de ELLA), ahí vemos lo que sería más parecido a un ministro de Economía a la vieja usanza pero mixturado con patotero de cancha: Guillermo Moreno, boxeador frustrado que impulsa unos controles de precios que a todos los que peinamos alguna cana nos traen nefastos recuerdos. Los grandes lineamientos de la política económica pasaron de estar centralizados en ÉL a ser monopolio de un grupete formado por el susodicho Moreno para perrear índices de precios y apretar empresarios, el incombustible De Vido para la energía y estatizaciones varias, Axel Kicillof en el papel de niño terrible y pontificador serial, Hernán Lorenzino para negociar deuda externa y querer irse y Mechi Marcó Del Pont del Banco Central a cargo de la maquinita zarpada de hacer moneda y bonos. Los cinco grandes del buen humor, como los llamaron ciertos chistosos. Igual, es ELLA y nadie más quien le sube o baja el pulgar a cualquier iniciativa, además de proponerlas. En esos cinco poco magníficos está hoy el motorcito del “aparato” económico que nos rige, con el soporte de las organizaciones sociales y el conglomerado mediático del que nos ocuparemos la próxima semana.

Resumiendo: alta inflación y su consumo incentivado desde arriba a como de lugar, endeudamiento externo neutralizado pero interno grosso entre organismos estatales, onda  bomba de tiempo, bonos blanqueadores para casi todos y todas, déficit energético manejado a sopapos, industria y construcción desaceleradas después de largo crecimiento, Dólar que es un despelote y expectativas bajas, cosa grave porque sabemos que la economía no es una ciencia exacta, por muchos numeritos y diagramas que te muestre, y se maneja mitad con hechos comprobables y mitad con esperanzas. No es bueno dar señales de improvisación (hoy sobran) ni de contradicciones (abundan). El “aparato” económico K deja ver hasta sus entrañas: menos deuda externa y más interna institucional, alta soja, conducción colegiada pero con la decisión final en una única cabecita, todo el consumo posible y todos los controles posibles sobre todo lo posible, aguante popular de las “orgas” que luchan contra las “corpos” (al menos nominalmente) y  demasiado “tachin tachín” mediático.

Final abierto aún, pero destaquemos que al cabo de 10 años no ha volado nada por los aires, y una década en este país es como 100 almanaques en cualquiera de los más desarrollados. Si se cierra un ciclo de crecimiento, mala suerte... sólo pido un “aterrizaje suave”. Con eso me conformo, visto lo que hay. No sé ustedes...

Bueno, hasta la semana que viene, y no se hagan mala sangre.

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16 de enero de 2018 | 15:26
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