opinión

El miedo a la política en la escuela

La jornada convocada por la DGE para hoy generó una polémica infundada. Participar sería lo mejor.

El Consejo Federal de Educación convocó a dos jornadas denominadas Escuela, Familia y Comunidad, y la primera de ellas se realiza hoy, mientras que la segunda no tiene aún fecha.

Ayer, ante la inminencia de la concreción de la primera de las jornadas convocadas, se alzaron voces que por momentos dejaban expuesta una importante ignorancia no sólo sobre educación, sino, específicamente, sobre lo que involucraba la propuesta del Concejo Federal de Educación.

Trataremos de analizar algunos de los aspectos que ayer fueron mostrados como polémicos a priori, porque, seamos claros en esto, la mayoría de las críticas que se hicieron oír surgieron de prejuicios antes que del conocimiento de lo que se proponía para que las escuelas trabajaran hoy.

Vayamos por partes.

La imposibilidad de una escuela apolítica

A propósito de prejuicios, invito a quien desee continuar leyendo este artículo a que repase las columnas La lección que ni La Cámpora ni el kirchnerismo entendieron e Iglesia vs. La Cámpora: el discurso del terror, por dos razones: primero, porque en la primera de ellas se marca la diferencia entre política en la escuela y partidismo en la escuela, y segundo, para evitar que comiencen las calificaciones de oficialista u opositor que se me pueden hacer, según quién lea y la interpretación  parcial que pueda hacer de alguna parte de este texto.

Ahora, aceptando que se entiende la diferencia entre política y partidismo en las escuelas, pasemos a una suerte de verdad irrefutable: es imposible que no haya política en las escuelas.

No faltaron, a lo largo de la historia argentina, quienes pretendieron asegurar que existía una educación apolítica. Nada más falso. De hecho, no puede haber un sistema educativo si no está basado en un conjunto de concepciones políticas, y quienes pretendan mostrar una escuela aséptica sólo están faltando a la verdad.

Si no, echemos un repaso a lo que la escuela argentina ha ofrecido a nivel ideológico desde siempre.

Para empezar, tengamos en cuenta que la versión de la historia que se ha priorizado en las aulas es la mitrista, y no hace falta ser un revisionista para darse cuenta de que de esa manera hubo una parte importante que quedó fuera.

Pero, además, veamos el caso de los manuales. Se multiplican las investigaciones que revelan cómo las editoriales se encargaron de definir currículas y de imponer sistemas de pensamiento. Y ni hablar de los libros de Formación Ética y Ciudadana o de material similar.

A eso hay que agregarle las lecturas que predominaron en determinados momentos, desde las que buscaban generar identidad con la tierra (debido a las masas inmigrantes) hasta las que buscan establecer un puente simbólico entre Néstor Kirchner y el Eternauta, sin dejar de lado los libros de lectura que exaltaban las figuras de Perón y Evita o los sensibleros y “lindos” textos de Constancio Vigil.

Y, para más datos, también están las revistas para chicos, con ejemplos como la Anteojito y la Billiken, en contraposición de esa genialidad que era la Humi.

El tema da para mucho más, pero es de suponer que con esto podemos arriesgar una hipótesis concreta: no se puede evitar que la política y la educación se relacionen, y es de esperar que cada gobierno genere expectativas que tienen que ver con la formación de la juventud. En todo caso, el problema está ahí, en el egoísmo de los partidos políticos que arriban al poder, porque la experiencia nos demuestra, como mendocinos y como argentinos, que el cambio de color político en el gobierno implica a veces cambios radicales en la educación, sin pensar en que lo que se hace hoy en educación no tendrá resultados visibles hasta dentro de diez o quince años.

De esta manera, el camino no sería pedir que no haya política en la escuela, sino, por el contrario, comprometernos para estar atentos, reclamar los derechos de nuestros hijos a una educación integral que prevea el futuro, exigir que los gobiernos escolares piensen en lo mediato y, por fin, hacernos cargo de que la escuela es un espacio político que también reclama nuestra participación.

Escuela de puertas abiertas

Que hay una intencionalidad partidaria en la convocatoria a la jornada de hoy no es algo que escape a cualquier análisis, especialmente pensando en que mañana se celebra la denominada por el oficialismo “Década Ganada”. Pero que las cosas sean tan claras, antes que un infortunio, marcan una oportunidad.

Cualquier tema relacionado con la educación genera debate, y gran parte de la sociedad parece estar atenta a que surja alguna discusión sobre esto para participar. Acá se plantea algo que por ahí, como padres, no tenemos muy en claro, o no queremos tener en claro.

Ninguno de los padres o madres que se acercan a la escuela a criticar la práctica de los docentes de nuestros hijos nos animaríamos a detenernos ante un edificio en construcción, pedir hablar con el arquitecto y decirle que lo que está haciendo está mal. Salvo, claro, que seamos profesionales de la construcción.

Sin embargo, la gran mayoría sí nos sentimos capaces de ir a cuestionar una práctica docente, aunque de educación no entendamos nada y nunca hayamos oído hablar siquiera de Vigotsky.

¿Quiere esto decir que la familia debe permanecer fuera de la escuela? No, para nada. Porque la educación de los niños no depende sólo de los docentes y no se concreta sólo dentro de la escuela. Pero los padres debemos saber que la educación escolarizada debe ser definida por profesionales.

Sin embargo, la comunidad educativa debe tener un rol importante dentro de la escuela, porque debe participar. Cientos son las experiencias en las que nacieron proyectos educativos a partir de las necesidades del barrio en el que está la escuela, o de un grupo en particular, o de un padre o una madre que llegó a la dirección a explicar cómo los compañeros maltrataban a su hijo.

Más allá de esto, nadie podría sostener que la educación escolar y la familiar están disociadas, por eso, que uno o dos días nos inviten a participar en actividades en las que la propuesta es reflexionar sobre determinados temas no está mal. ¿O acaso no es eso lo que le hemos pedido tantas veces a la escuela?

Y, en todo caso, si tanto nos resistimos a participar junto con nuestros hijos en una actividad como esta, tampoco nos quejemos cuando un día venga otro gobierno y cambie todo de nuevo, para bien o para mal.

La jornada de hoy

Llegamos así a la primera de las jornadas Escuela, Familia y Comunidad, que hoy se realiza en las escuelas, y deberíamos partir de una pregunta que por elemental puede parecer peyorativa, por lo que es necesario aclarar que de ninguna manera tiene este sentido. La cuestión sería: quienes están criticando las jornadas calificándolas de polémicas, pletóricas de consignas kirchneristas y adoctrinadoras, ¿leyeron los documentos que emanaron de la DGE?

Pongamos blanco sobre negro. Sí es cierto que la realización de la jornada es obligatoria en todas las escuelas de la provincia (incluso en las técnicas, que por estar en ellas los alumnos rindiendo los trimestrales, se pospondrán hasta la semana que viene), ¿pero alguien podría señalar en dónde dice que las actividades vienen prediseñadas?

Llegaron desde la Nación sugerencias (a ver: “sugerencias”) de actividades, pero son sólo eso, sugerencias, y por si queda alguna duda, veamos lo que dice el Memorándum Nº496/13 de la DGE en los puntos 4 y 5 del ítem “Características de la jornada”: “4. Cada escuela tiene completa autonomía para idear y organizar las actividades, en el marco de los objetivos establecidos para esta jornada. No obstante ello, a fin de contribuir con este encuentro, se ponen a disposición de las instituciones el material elaborado por el Ministerio de Educación de la Nación. El mismo se encuentra accesible en el portal educativo de la Dirección General de Escuelas (www.mendoza.edu.ar) y contiene propuestas de actividades, organizadas por niveles, que pueden colaborar con la organización del encuentro. Ellas son sugerencias que pueden servir como puntos de partida para elegir temáticas afines o diversas, para seguir alguno de estos recorridos o inventar otros. 5. Se sugiere utilizar los múltiples materiales en diferentes soportes con los que cuentan hoy las instituciones en bibliotecas escolares y bibliotecas de aula, así como los recursos y materiales de Educ.ar y el Canal Encuentro, entre otros”.

Insistimos: ¿dónde dice que las escuelas “deben” usar el material y hacer las actividades que sugieren desde el gobierno escolar?

Y el resto del memorándum se mueve en el mismo sentido, es decir, todo son sugerencias, de la misma manera en que son sugeridas las actividades que llegaron a las escuelas en los cuadernillos para los niveles inicial, primario y secundario.

Incluso, se escuchó por ahí una versión que decía que estaba previsto que militantes de La Cámpora estaban previendo ir a las escuelas a adoctrinar. Estaría bueno saber de dónde sale esa versión, no porque no sea posible, sino porque aparece claramente como un sinsentido ante el hecho de que las escuelas invitan a los padres y a las madres a participar en las jornadas. Es decir, si padres y madres van a estar ahí, en el aula (aunque la cantidad de padres y madres no supere los cinco), ¿no son ellos mismos garantía de control de que ninguna agrupación partidaria apareciera a difundir sus principios políticos? Y en caso de que algo así se diera, ¿no podrían estos mismos padres y madres denunciarlo?

La Cámpora ha dado muestras de muchas cosas, pero no de ingenuidad, y aparecer en las escuelas con banderas cuando se ha convocado a los padres no sería muy inteligente.

Y esta misma presencia de padres y madres sirve, sin dudas, para garantizar que se debata, amplia y claramente, a partir de los conceptos alrededor de los cuales giran las jornadas.

En definitiva, participemos primero de las jornadas y después elaboremos nuestras conclusiones, y es esperable que las críticas que surjan de la experiencia lleguen a las escuelas y a los medios de la misma manera en que llegaron los juicios a priori. Eso sería más constructivo.

Alejandro Frias

Opiniones (5)
21 de noviembre de 2017 | 00:33
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21 de noviembre de 2017 | 00:33
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  1. Entiendo el análisis y coincido en algunos puntos, pero hoy, con un gobierno sediento de poder, que ha superado toda barrera de lo normal en parámetros de clientelismo político, con una agrupación tan agresiva y coercitiva como la campora, no es momento de abrir las puertas de las escuelas para "discutir" en igualdad de condiciones que nunca se darán. Primero participemos en la política y volvamos a la normalidad, luego podemos dar participación cívica a los menores. Antes es como pedirle a caperucita que vaya a charlar con el lobo!!!!
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  2. Por fin, una nota que expresa inteligencia y mesura. Felicitaciones!!
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  3. Me parecio muy bueno el analisis que desarrollas en tu nota. Y como expresas al final "primero participemos y después elaboremos concluciones . Eso es más contructivo" Me parece que falta mucha participación de la sociedad toda, en muchas asuntos que nos trascienden pero es más facil la critica y el pre concepto facilista que la participación ciudadana responsable.-
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  4. Hola Ale: El apoliticismo no existe a ningún nivel, aunque la mayoría confunde esto con "banderías" que es un tema distinto. Desde que comencé el periplo educacional formal (y mitrista), allá por el '57 hasta hoy, siempre se ha dejado un contenido político en la educación, deformado o partidizado por el educador. Recuerdo en la secundaria, época de Onganía, Levigston, Lanusse, tener una profe de historia que porque su marido era ministro de los militares, era profundamente anti-gaucho, pues esto significaba que se podía tener simpatía con la "montonera" de la época rosista. También otro que era profundamente anti bolivariano, opuesto totalmente al revisionismo, incipiente y resistido en esos años. Que se ponga sobre el tapete el ejercicio de la discusión es más que saludable, después de tantos años de amnesia, aunque demasiados tengan miedo. Peor es NO pensar, y el NO te metás, tan común hoy.
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  5. excelente nota, esta muy claro.................PARTICIPAR!
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