opinión

Diez años de kirchnerismo

Que la llamen “década ganada”, pero que cuenten bien quiénes son los que más ganaron.

Diez años de kirchnerismo

Innegablemente, estamos en la antesala de una etapa política clave para el país, porque mientras una parte de la sociedad festeja el cumplimiento de 10 años de este Gobierno, otra parte busca desesperadamente una alternativa y una salida democrática al modelo K, el cual arroja cada vez más saldos negativos para el conjunto de los trabajadores y sectores populares y no así para los sectores más concentrados de la economía.

El kirchnerismo fue el emergente de una situación política del país muy difícil y traumática para la mayoría de los/as argentinos/as, en la cual el sistema político nacional había entrado en crisis a partir de las masivas movilizaciones del 19 y 20 de diciembre del 2001 (y antes también), que al grito de “que se vayan todos” hizo un planteo contundente, fundamentalmente a la dirigencia política de la UCR y del PJ, por la situación extrema a la que se llegó. La “salida no fue automática”, y así se llegó al 2003, donde tanto el PJ como la UCR se dividieron en tres candidatos cada uno.

En el 2003, con la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia, pareció abrirse una posibilidad para romper ese bipartidismo retrógrado, a pesar de que aquel llegó en una alianza con un sector del PJ -encabezado por Eduardo Duhalde- pero que no condicionaba demasiado a su nuevo gobierno. Kirchner planteó, además, la formación de una nueva fuerza política a la que llamó “Transversalidad”, porque contemplaba la mejor parte de los partidos existentes y a los movimientos sociales que surgieron después del 2001, para cubrir los huecos que dejó el Estado neoliberal y resolver las necesidades más urgentes de los sectores más humildes de la sociedad.

Lamentablemente, fue el mismo Kirchner el que acabó con esa posibilidad en el 2007 -en un contexto sumamente favorable en lo económico-, cuando decidió ir de presidente del PJ, responsable principal de la destrucción del país en los años noventa, dejando en evidencia que su proyecto no era en realidad transformar en serio la Argentina. Por eso, si bien en el 2003 era claro que el neoliberalismo como expresión dominante se retiraba de la escena nacional y latinoamericana en medio de un contundente fracaso, los casi diez años que le han seguido, con Néstor y Cristina Kirchner a la cabeza, no han significado un nuevo rumbo nacional, más allá del “relato”.

Llegamos así a los diez años de kirchnerismo, en un contexto político económico inmejorable para el bloque regional que integramos y, no obstante, los índices de inclusión social alarman por sus resultados negativos y preocupa enormemente el desaprovechamiento de este viento de cola que vive el país para un desarrollo económico más integral e inclusivo, manteniendo nuestra economía en permanente estado de conmoción por la suba o baja de los precios internacionales de las comodities que vendemos y sin mayores muestras de querer salir de este subdesarrollo en un sentido soberano.

Por otro lado, no estamos resistiéndonos a debatir alrededor una reforma constitucional que busque democratizar el poder político y judicial, profundizar la participación popular en la toma de decisiones y/o ampliar los derechos civiles y políticos de los ciudadano/as, sino que rechazamos la tramposa discusión de habilitar esa reforma para permitir una nueva reelección presidencial. No estamos denunciando las falsificaciones del Indec y la persistencia de niveles de pobreza e indigencia porque pensemos que hay que volver a privatizar el sistema de jubilación, Aerolíneas e YPF, sino porque creemos que hay que reformular el sistema impositivo, sancionar nuevas leyes para las inversiones extranjeras, las entidades financieras, las inversiones mineras y hay que rediscutir una mayor y más eficiente participación del Estado en la economía que permita controlar la inflación y la fuga de capitales. No decimos que las organizaciones políticas como La Cámpora nunca serán genuinos canales de expresión de amplios sectores juveniles porque estamos defendiendo el PJ, sino porque esta está atada al clientelismo, al verticalismo y una concepción que cree que la militancia es como una carrera que persigue el éxito individual para llegar a puestos políticos, hoy escandalosamente rentados.

Si la quieren llamar “década ganada”, que lo hagan, y tal vez en algunos aspectos menores tengan razón. Eso sí, que cuenten bien quiénes son los que más ganaron en esta década. Porque de lo que no hay ninguna duda es de quiénes son los que más perdieron, y esos, como siempre desde hace años, fueron los más humildes de nuestra sociedad.

Opiniones (1)
19 de noviembre de 2017 | 21:41
2
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19 de noviembre de 2017 | 21:41
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  1. Con gente como vos, donda y con los que te rodeas ahora, (a quienes les haces lobi), no me cruzo de vereda ni en pedo con grapa.
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