opinión

El contrarrelato

Las verdades relativas a que aludía Néstor, el tolerante, han dado paso a las absolutas. Los miedos del monopolio. Y el antibiótico Lanata.

El contrarrelato

Por Julio Villalonga (@villalongaj) *

Las últimas semanas han marcado un cambio de rumbo en la política argentina. La oposición mediática ha conseguido instalar un contrarrelato, antítesis del acuñado por el oficialismo desde 2007, pero más marcadamente desde la reelección de la presidente Cristina Kirchner.

El relato oficial ha venido advirtiendo sobre el nacimiento de un nuevo modelo de acumulación basado en la redistribución de la riqueza y en la primacía de lo industrial sobre lo financiero. Insiste además en que la última década fue la “década ganada” si se tienen en cuenta los datos económicos y sociales. Su contraparte admite apenas el “rebote” de la economía en los primeros años del kirchnerismo, luego de la debacle de 2001/2002. Y encima le atribuye el mayor mérito a Roberto Lavagna, el “bombero” de aquellos años desde el ministerio de Economía, desde hace tiempo pasado a la oposición.

Si el kirchnerismo tiene a Ricardo Forster y a Horacio González como exégetas intelectuales, la oposición exhibe a Tomás Abraham, presentado por el propio diario Clarín como “el filósofo del contrarrelato”.

El esfuerzo de unos y otros por desacreditarse ha terminado por unirlos en una misma afirmación, útil a ambos: que el país está dividido en dos. De ese modo, los que no están ni con unos ni con otros, los que no adhieren al “cristinismo” a ultranza ni al “clarinismo”, se han quedado huérfanos, sin líderes que los reconozcan y los conduzcan. Sin embargo, ultraoficialistas y ultraopositores representan a dos minorías: la mayoría silenciosa, esa que en buena medida le dio su voto a Cristina para que arrasara con el 54 por ciento de los votos en 2011 frente al magro 17 por ciento de su segundo, Hermes Binner, no aparece en las encuestas.

Claramente, ni el relato ni el contrarrelato alcanzan para explicar en totalidad lo sucedido en los últimos años en la Argentina.

Las verdades relativas a que aludía Néstor Kirchner cuando quería mostrarse tolerante, aunque imponía de todas las maneras la suya propia, han pasado a ser absolutas, aunque se sabe que las estadísticas dicen lo que queremos que digan.

La estrella política de la oposición, Jorge Lanata, se posesionó de su rol y el pasado domingo terminó su programa en Canal 13 aclarando que no era golpista y que deseaba que el Gobierno terminara su mandato en 2015. No dijo cómo, pero con el nivel de encarnizamiento con el que acusa a la mayoría de sus integrantes bien parece que espera que no sea en condiciones de gobernar y menos de elegir su sucesión o de hilvanar alguna alianza. Lanata, lo hemos dicho en esta columna, es la salvadora herramienta que encontró el Grupo Clarín para conseguir que su defensa tenga un discurso masivo, con llegada. Los 20 puntos de rating de “Periodismo para Todos” representan a tres millones de televidentes (no cinco, como se ufanó el conductor), un mercado cautivo que básicamente lo elige porque tiene el oído y el corazón preparados para el discurso de Lanata, hoy a mitad de camino entre “Tato” Bores y Bernardo Neustadt sin llegar a ser ni tan gracioso ni tan influyente.

El ex director de Página/12 continuó con la tarea de victimización del Grupo que lidera Héctor Magneto cuando afirmó que había terminado el programa de la semana anterior con la incertidumbre sobre el futuro de su ciclo por lo que consideraba la inminente intervención de los medios del Grupo. Ese ataque a la libertad de prensa ya estaba –y sigue estando– decidido por el Ejecutivo nacional, pero se postergó por la evaluación del costo político que podría entrañar, aseguró Lanata.

Ya lo hemos escrito aquí pero en este contexto resulta necesario repetirlo. La idea de la intervención de Cablevisión/Fibertel (no del Grupo Clarín en su totalidad) ronda la cabeza de algunos funcionarios del Gobierno desde al menos hace dos años. Se atribuye la iniciativa al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, pero hay cargos más altos que verían con agrado una decisión semejante. Moreno denunció hace cuatro años a Cablevisión ante la Justicia por la usurpación de la licencia de Fibertel, la proveedora de servicios de Internet que absorbió en 2008. Paralelamente, decenas de denuncias en todo el país tuvieron dispar resultado en los juzgados cuando desde las oficinas estatales se acusó a la empresa de Clarín de cobrar montos abusivos por el servicio de TV por cable. Los pedidos de informes de la Comisión Nacional de Valores (CNV) de hace dos semanas, que pusieron en alerta a los directivos del multimedios, eran indiscriminados y apuntaban a todas las empresas, pero buscaban dejar sentados los incumplimientos de Cablevisión.

Pablo Cassey, sobrino de Magneto y en la actualidad uno de los directivos de peso del Grupo, no ha dejado de advertir a quienes se le han cruzado en las últimas semanas que el Gobierno preparaba “algo gordo” contra Clarín. Convencido o solo un “acting” para dar credibilidad a las denuncias públicas posteriores, lo cierto es que tanto él como Jorge Rendo, el lobista del conglomerado de medios, exhibieron una hiperactividad en la semanas previas al declarado temor de Lanata por la cercana intervención. Lo hemos dicho, un zarpazo a un grupo de medios de comunicación privados es una cosa y otra, bien distinta, la intervención de una empresa de cable cuya razón de ser es brindar servicios de TV e Internet pagos. Puede que haya razones legales o no para tomar una medida de este tipo, pero se trata de “fierros”, no de periodistas.

La Presidente se burló este martes en La Plata de los que dicen que tienen miedo. “Miedo era lo que sentíamos entonces”, dijo, en alusión a las épocas de la dictadura. El temor actual por una medida del Estado sobre una empresa privada no se equipara, pero no fue feliz la comparación. Después de treinta años de democracia sería escaso el avance si nuestras incertidumbres actuales debieran confrontarse con la barbarie dictatorial. El sistema democrático debería darnos más.

Pero la verdad es que no da mucho, según piensan los miles y miles de argentinos que ven que la impunidad es la regla y que, para evitar consecuencias, lo mejor es robar en grande. La famosa democracia formal en cuyo altar nadie quería inmolarse en los setenta, es hoy una realidad palpable. Y ya sabemos, la historia nos lo demuestra, que a ese vacío terminan cubriéndolo los aventureros. Que así no sea.

*Director de gacetamercantil.com

Opiniones (2)
19 de enero de 2018 | 02:44
3
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19 de enero de 2018 | 02:44
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  1. LO FELICITO VILLALONGA, POR LA HABILIDAD QUE HA DEMOSTRADO EN DAR VUELTA LA TORTILLA. ESCRIBE UNA NOTA DICE MUCHAS BARBARIDADES, QUE SON SIERTAS, PERO LAS PONE EN LA OTRA VEREDA,EN LA DEL ENEMIGO. SUS PALABRAS CAEN EN SACO ROTO, YA NADIE LES CREE, SUS AMIGOS A FUNDIDO EL PAIS Y ESO NI UD., NI NADIE VA A PODER NEGARLO. NOS CAGARON A TODOS LOS ARGENTINOS.-
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  2. Que queres decir Villalonga ??? Pero que están robando a dos motores es cierto, lo diga o no el grupo clarín. Primero como que queres defender al gobierno y despues terminás hablando un chiquito nomás de cristina ???
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