opinión

¡Aparateame que me gusta!-Capítulo uno

Primera parte de una serie dedicada a tratar de entender los 10 años de kirchnerismo que cumplimos.

¡Aparateame que me  gusta!-Capítulo uno

El aparato político 

A ver, la tesis central de esta columna y la de las dos que le seguirán es que el kirchnerismo ha sustentado su permanencia en la creación y fortalecimiento de tres “aparatos” distintos pero complementarios: el político, el económico y el mediático. Hoy nos ocuparemos del primero de ellos, que ha sido central en el andamiaje del Gobierno, tanto como los otros dos pero con su peso específico propio.

Recordemos: El 25 de mayo de 2003, al asumir Néstor Carlos Kirchner la presidencia de la Nación, pocos daban dos pesos por ÉL y su gobierno. No nos engañemos, porque ahora son muchos los “de la primera hora” que pasaron y fueron pero en su momento se prendieron sólo por no quedarse fuera o porque se los imponía el gran capanga de la política argentina de entonces (Eduardo Duhalde, hoy transformado en un borroso recuerdo). Se suponía que ese caudillete del conurbano iba a manejar como quisiera a Néstor, que era no más que un oscuro gobernador del sur profundo que llegaba con un mísero 22 por ciento de los votos y ante la defección de Carlos Saúl Primero de Anillaco con vistas a la segunda vuelta electoral y a la negativa de José Manuel Pelo Prestado De la Sota, que no soportaba la idea de tener a Duhalde respirándole en la nuca si acaso  ocupaba el sillón de Rivadavia. Néstor Carlos aceptó el convite, teniendo (hoy lo sabemos) muy en claro lo que iba a hacer: revolear a Duhalde y a su jodida esposa por la ventana apenas pudiera, y eso ocurrió muy pronto. Se montó entonces sobre el “aparato” de minigobernadores del conurbano que manejaba el cabezón, y nadie osó hacerle frente porque ÉL empezó a manejar la Gran Caja, que luego de la debacle de 2001/2 daba buenas señales de recuperación gracias al default que cantara Rodríguez Saá en su épica semana como presidente, a la soja, que empezaba a ser una estrella entre los commodities internacionales, y también por la prudencia conservadora de Roberto Lavagna, ultimo ministro de Economía de Duhalde e impuesto a Néstor, quien lo recibió sin chistar porque le vio cualidades.

Pero hasta ahí y hasta la aceptación de algún otro funcionario llegó la aquiescencia de Kirchner para con Duhalde. Pronto, los caciquejos bonaerenses renegaron del antiguo mandante (porque ya era otro el que les firmaba los cheques), los gobernadores justicialistas se subieron al nuevo carro triunfal que venía a galope tendido desde el sur y empezó el ambicioso armado de la “transversalidad”, primer engendro político-discursivo para reforzar el flaco patrimonio electoral kirchnerista original. Despacito y por las piedras, más de media docena de gobernadores radicales y/o de partidos provinciales fueron coqueteando primero y arrojándose de cabeza después en la novísima estructura política que les ofrecía ese pintoresco santacruceño ceceoso, grandote e imperativo pero amistoso que  calificaba a todos los seres humanos en dos categorías: 1) Los amigos. 2) Todos los demás. De esos tiempos data una anécdota-leyenda urbana que en estos días tomó relieve por las “lanateadas” en curso, gracias a las cuales medio país está hablando de cosas que no le constan, posibles pero poco probables y menos aún probadas. Habría dicho ÉL: “Con la izquierda adentro se roba mejor”. Y a eso se aplicó denodadamente: a  meter la izquierda en su proyecto. Ya cuando las elecciones legislativas de 2005 le otorgaron un capital político propio, tenía en el buche a casi todos los organismos defensores de derechos humanos: Madres, Abuelas, Hijos, tías, primas de desaparecidos y todos los demás. Casi nadie se le resistió, porque un poco con subsidios y un mucho (muchísimo) con gestos, reconocimientos y justas reivindicaciones históricas, puso a esas organizaciones en un lugar preponderante de la política nacional. De ese modo se aseguró que la feroz combatividad de tales grupos, aquilatada en mil batallas contra la dictadura, estuviera a su servicio, y así otra gigantesca pata del “aparato” político quedó consolidada. Caja+Actitud+Convicción+Presiones fue la fórmula ganadora, y llegamos a 2007, cuando la disyuntiva sobre el próximo candidato presidencial del oficialismo (“Será pingüino o pingüina?”) quedó revelada: Fue pingüina nomás, y aquí la tenemos, promediando ya su segundo mandato. De hecho, su vice fue un inolvidable mendocino que pegó varias volteretas desde antes de quedar en la historia chica de la política nacional gracias a su “voto no positivo” que lo botó fuera del Gobierno central, transformándolo en una especie de zombie que por un año y medio deambuló en oscuros pasillos del Senado sin que nadie le sirviera ni un café. Igual zafó, porque en esto siempre hay revancha y hasta del ridículo se vuelve, está comprobado; será diputado nacional en la próxima. He ahí una derrota histórica de ÉL, continuada al año sucesivo por otra en la que decidió poner toda la carne en el asador para unas elecciones de medio término en las que nadie le pidió que se inmolara, pero lo hizo, llevando al cadalso a otros que cumplían funciones diversas y ni soñaban con bajarse de esos caballos para ser vulgares candidatos a diputados. Pero así fue, y le rompieron el invicto. Un raro millonario pelirrojo de nacionalidad dudosa (De Narváez) le ganó en la decisiva provincia de Buenos Aires, y todo pareció crujir dentro de la neopatria Nac&Pop. Igual, ÉL no se dejaba correr con la vaina y redobló la ofensiva. Aunque poco después se murió y lo convirtieron en una especie de San Martín sin caballo blanco, su impronta queda y es muy bien aprovechada.

Ahí está la esencia del aguante K a todo lo que existe; nunca retroceden, apenas toman impulso. En pocos meses se aprobó parlamentariamente la Ley de Medios (a modo de demostración de fuerza y porque si no después de diciembre de 2009 perdían la mayoría), se dieron los primeros pasos en la reformulación de un Poder Judicial que hoy casi copa los puteaderos mediáticos (con el nombramiento a mansalva de jueces amistosos) y se impulsó hasta la obsesión esta guerra contra las “corporaciones”, empezando por el Grupo Clarín, bestia negra de cientos y más cientos de opinadores oficialeros que te taladran la cabeza todo el tiempo. ¿Y qué es una corporación, me preguntas? ¡Corporación eres tú y tu fucking mother si no te adaptas al esquema que nos  cantan gozosamente! Como sea, después vino el 2011 con la consagración de ELLA viuda como motor de la política y la historia, ese célebre 54 por ciento con el “Vamos por todo”, el temible “Vamos por lo que queda”, La Campora, presentada como una fuerza de la naturaleza destinada a remplazar en el mediano plazo la burocracia sindical peronista tanto como con los sátrapas bonaerenses, Estela de Carloto y Hebe de Bonafini en el papel de artilleras impolutas disparando contra todo lo que no sea explícitamente kristinista, un sindicalismo partido en cuatro con al menos un tercio de ellos a la rastra del “movimiento”, la reforma judicial y la financiera de la “exteriorización” de dólares, las amenazas a los multimedios no dóciles, las catilinarias presidenciales en cadena nacional que no pocas veces tienen un destino internacional, los globos de ensayo para testear una reforma constitucional muy bonita en los papeles pero que implica reelecciones indefinidas para todos y todas; la declamada “integración latinoamericana” por casarnos con los que hoy tienen algo de guita (petróleo, oro, litio, etc.) pero mañana no sabemos, los artistas populares y nacionales que nos cantan la posta y cuánto más... ¡Vemos al aparato político consolidado en muchos niveles!

Es lo que hay ahora, y sé que me olvido de mucho. Pero volveré y les cantaré millones de verdades... Bah, en realidad, eso de “la verdad” es más que muy relativo, porque estamos hablando de política, materia opinable si las hay. La semana que viene nos ocupamos de los aspectos económicos del kirchnerismo, y ahí veremos. Gracias y hasta entonces. Muchos besos.

Opiniones (1)
20 de noviembre de 2017 | 10:51
2
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20 de noviembre de 2017 | 10:51
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  1. EXCELENTE
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