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Algo personal

Una bóveda y otra. La traslación de significantes. Libertad de prensa y de empresa. Y aquella nota de Escribano.

Algo personal

Por Julio Villalonga (@villalongaj) *

La palabra bóveda ha comenzado a tener otras resonancias. En el programa Periodismo para todos, virtual tractor de la oposición, una ex secretaria de Néstor Kirchner aseguró que el entonces secretario privado del ex presidente, Daniel Muñoz, le mostró unos bolsos en los que, según le aseguró, había dinero. Muñoz le habría dicho a Miriam Quiroga, la ex secretaria en cuestión, que esos bolsos viajaban al Sur para ser depositados en la casa de los Kirchner en Calafate.

El ex vicegobernador santacruceño Eduardo Chiquito Arnold, también entrevistado en ese programa, relató que a Kirchner le gustaba llevar grandes cantidades de billetes encima. Y habló de la bóveda, de aquella que construyeron los Kirchner en la casa de Calafate. Con detalles, el arquitecto que diseñó esa casa y que dejó de trabajar para el ya presidente en 2005 relató en el mismo programa, y con un enorme plano de la planta, la distribución de las habitaciones y, obviamente, el lugar donde se hallaba la bóveda. Admitió, sin embargo, que el arquitecto que lo remplazó le contó después que ese espacio había sido mudado de lugar.

La nota sobre la bóveda no ha venido a sembrar en el desierto, lo hace a sabiendas en un terreno fértil, como se verá. Hace ya meses, las redes sociales venían siendo el escenario elegido para advertir, primero por anónimos avatares y luego por los mismos mecanismos con que se expanden los rumores, que el mausoleo donde fueron depositados los restos de Kirchner era una enorme bóveda donde Cristina guardaba miles de millones de dólares.

Ni Jorge Lanata ni sus entrevistados habían dado el peligroso paso de relacionar una bóveda con otra. Lo hizo un subsecretario de la presidente, el radical Gustavo López, quien pisó el palito y salió a criticar por su morbosidad las acusaciones que invaden Twitter y Facebook. Una torpeza.

Pero la operación de traslación de significantes entre las bóvedas ya había ocurrido y, naturalmente, no hay nada que la pueda volver atrás. De aquí en más, Lanata seguirá instalando temas sin demasiado sustento, las denuncias llegarán a la Justicia, la mayoría serán desestimadas y esas decisiones judiciales les demostrarán a los convencidos de que no hay Justicia que vivimos en una “diktadura” y que nos desbarrancamos sin remedio hacia una Venezuela chavista.

Otra traslación de sentido es la que deriva de la presunta pretensión del Gobierno nacional de intervenir al Grupo Clarín a través de la Comisión Nacional de Valores (CNV). Como en otras ocasiones –no es la primera vez que se habla de esto y ya hubo un patético intento del juez Bento­ de intervenir Cablevisión desde Mendoza–, también de manera calculada, los directivos del grupo que conduce Héctor Magneto advierten sin matices que el Ejecutivo avanza hacia la intervención de todo el grupo, lo que incluye a Cablevisión pero, particularmente, a Canal 13, Radio Mitre, la señal de noticias TN y hasta el propio diario Clarín. De este modo rodean a Cablevisión, que supone el 60 por ciento de la facturación del grupo, de los medios del conglomerado para que el bien a resguardar sea la libertad de prensa y no la de empresa. La propia Corte Suprema de Justicia advirtió ya que no está en juego la libertad de prensa si se aplica la Ley de Medios, pero no importa. El fantasma del ataque a las libertades individuales es más digno que el de la pedestre defensa de la propia billetera. No hay épica en esto.

Paralelamente, dos diputados ultra K, como Carlos Kunkel y Diana Conti, presentaron un proyecto de ley para que el Estado se quede con el control de Papel Prensa. Estos mismos legisladores agitan la bandera de un imposible, la convocatoria a una Asamblea Constituyente para reformarla Carta Magna y permitir la re-re de Cristina.

Es oportuno preguntarse por qué hacen lo que hacen. ¿No es acercar más leña al fuego? No, no es esa lógica la que aplican. En el contexto actual, al menos hasta octubre pero también después, la pelea con Clarín y el mantenimiento de la fantasía de la re-reelección están íntimamente vinculadas. Permiten mantener el músculo tenso.

El martes por la noche, la presidente habló ante un auditorio de magistrados y abogados en el Congreso nacional sobre Democratización de la Justicia, en la Universidad de La Matanza. Dijo muchas cosas en su discurso. Lo más importante, después de insistir en que no buscará una reforma para ser reelegida, Cristina advirtió sobre la existencia de una Justicia “a dos velocidades”, con “corporaciones que presionan”, como en el caso de la Ley de Medios o de la Sociedad Rural. Y otra para la gente común. Dijo que la Justicia “no puede tener una agenda mediática” sino una “agenda de la sociedad”, sin importar el rango o el poder de los juzgados. “Igualdad para todos ante la ley”, pidió la presidente. Una obviedad en un régimen republicano, si no fuera porque hoy, como en pocos momentos de la historia reciente, se desnuda la formalidad y los límites del sistema democrático.

Le pasó factura a la Suprema Corte por la reforma de uno de los seis proyectos de reforma de la Justicia que presentó, cinco de los cuales ya fueron aprobados, la que, por gestión de Ricardo Lorenzetti, mantuvo en manos del Máximo Tribunal la administración de los recursos del Poder Judicial.

No se privó tampoco de recordar una vieja herida. La que le infligió José Claudio Escribano desde las páginas de La Nación cuando en una nota, apenas asumió Kirchner la presidencia, en 2003, consideró que un discurso suyo era una “mala señal”, que había comenzado con el pie izquierdo y que debía cesar al autor de ese texto porque con esas afirmaciones no podría ser considerado nunca un jefe de Estado. Cristina reveló que fue ella quien escribió el encendido discurso del 14 de mayo de ese año. “Y por suerte él no me echó”, dijo, con sorna. “Y fue un jefe de Estado”, completó, casi a los gritos.

Como diría Serrat, entre “estos tipos” (esa poderosa articulación entre empresarios, medios y Justicia) y Cristina, definitivamente, “hay algo personal”.

* Director de www.gacetamercantil.com

Opiniones (2)
18 de enero de 2018 | 21:32
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18 de enero de 2018 | 21:32
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  1. La justicia no tiene dos velocidades. En todo caso son los jueces. Con sus antecedentes la presidente (así, con minúsculas) ya dijo que era y es una "exitosa abogada"-Parece que eso le sirvió en épocas de la 1050 para ejecutar deudores y quedarse con un montoncito de casas y le sigue sirviendo con Oyarbide y de todos los que le han tapado tropelías, cometas, aprietes a ella y sus mafiosos amigos..
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  2. La Presidente SABE que la Justicia tiene 2 velocidades, y lo SABE POR EXPERIENCIA. ¿O acaso la Justicia no falló en tiempo super rápido avalando el aumento patrimonial del matrimonio Kirchner? ¿o resolviendo en tiempo record la apelación de la Jubilación de SU MADRE? Entonces, ¿DE QUE SE QUEJA?
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