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La patria, las fechas y nosotros

¿Qué es la patria y qué significan sus símbolos?

La patria, las fechas y nosotros

Todo el mes de mayo nos congrega para reflexionar sobre el significado de palabras vinculadas a la ‘patria’: la propia palabra ‘patria’, pero también ‘himno’, ‘bandera’,  ‘escaparela’, ‘escudo’. 

Es necesario hacerlo porque nuestros niños y adolescentes muchas veces no saben qué se esconde tras cada término y qué se rememora el 25 de mayo; si les preguntamos, probablemente las respuestas se referirán a aspectos secundarios de la celebración tales como ‘nos disfrazamos con ropa antigua’, ‘bailamos el pericón’, ‘nos ponemos escarapela’, ‘cantamos el Himno Nacional’, ‘la Directora dice un discurso que no entendemos’, ‘es feriado, pero este año no se nota porque cae en sábado’, ‘a veces, hay desfile’, ‘tocan esa música folclórica que le gusta a mi abuelo’…

El 11 de mayo se recuerda, cada año, la importancia de uno de nuestros símbolos patrios: el Himno Nacional. ¿Qué significa el vocablo ‘himno’? Los antiguos lo usaban para designar una composición poética en loor de los dioses o de los héroes. Así, la tradición occidental de este tipo de composiciones se inicia con los himnos homéricos del siglo VII a. C., en alabanza a las deidades de la religión de la Antigua Grecia.

En el ámbito de las distintas religiones, un himno es una composición poética en alabanza de Dios, de la Virgen o de los santos; encontramos en este sentido, los espirituales negros, adaptaciones populares de los himnos religiosos protestantes, hechas por trabajadores afroamericanos que generalmente estaban esclavizados o discriminados.

También, un himno puede ser la poesía cuyo objeto es exaltar a un gran hombre, celebrar una victoria u otro suceso memorable o expresar júbilo o entusiasmo: el himno al General San Martín o a Sarmiento, son ejemplos de este tipo de composiciones.

Pero, como nación, el término evoca  una composición musical emblemática de una colectividad, que la identifica y que une entre sí a quienes la interpretan; doscientos años han transcurrido desde que la Asamblea del año XIII transforma la Marcha Patriótica, con letra de Vicente López y Planes y con música de Blas Parera, en la canción que nos identifica ante el mundo. Su comienzo imperativo (“¡Oíd, mortales!”) y la opción planteada en el estribillo nos hacen emocionar cuando llegamos a entonarlo: ¡Sean eternos los laureles/ que supimos conseguir,/ coronados de gloria vivamos / o juremos con gloria morir!.

La festividad del 18 de mayo se centra en otro símbolo: la Escarapela. ¿Qué es una escarapela? El diccionario la define como “divisa compuesta de cintas por lo general de varios colores, fruncidas o formando lazadas alrededor de un punto. Como distintivo, se coloca en el sombrero o morrión”. La Wikipedia nos amplía un poco el concepto: “La escarapela o cucarda es un símbolo nacional en muchos países. Consiste en un rosetón de tela superpuesto a un lazo en forma de V invertida, cuyos extremos exceden el diámetro del rosetón. La cinta con que se elabora tanto el rosetón como el lazo debe tener los mismos colores que la bandera nacional del país que representa. Actualmente tiene también un uso práctico, por ejemplo, en los aviones de guerra; pintado en el dorsal para distinguir el pabellón nacional al que pertenece cada aparato, es llamada ‘Escarapela Aeronáutica’”.

También podemos ver qué significa ‘bandera’ y cómo se relaciona el término con nuestras ideas patrióticas: el diccionario nos la define como “tela de forma comúnmente rectangular, que se asegura por uno de sus lados a un asta o a una driza y se emplea como enseña o señal de una nación, una ciudad o una institución”. Es sinónimo de ‘estandarte’, cuya bella etimología nos dice cómo debe ser nuestra actitud de conservar los ideales nacionales, pues deriva del antiguo stand hard, “mantente firme”.

¿Y el Escudo? También la Asamblea del año XIII lo aprobó como símbolo nacional. Es posible explicar el valor simbólico de cada una de sus partes: su forma oval abarca dos partes: la superior, azul, representa la justicia, la verdad, la lealtad y la fraternidad; la inferior, en cambio, simboliza la pureza, la fe, la hidalguía, la integridad, la firmeza y la obediencia. Las manos entrelazadas representan la "Unión Fraternal de los Hombres"; ellas sostienen una pica, como símbolo de autoridad, el mando, la dignidad y la soberanía. En el extremo de la misma se ubica el gorro frigio, que representa la libertad, la igualdad, y el sacrificio.

Detrás de todas estas verdades parciales, parece asomar una partecita de lo que debemos entender por ‘patria’. El vocablo hunde sus raíces en el latín, idioma en el que se decía tal como la decimos hoy nosotros; el término ha viajado durante más de veinte siglos a lo largo de la historia y sigue conservando el valor de “suelo o lugar natal, país donde se ha nacido”. Lo interesante es que se vincula al término pater que, dicho en singular, designaba al progenitor, pero que, puesto en plural, patres, nombraba a los antepasados. Esclarecedora, entonces, la etimología de ‘patria’: “tierra de los antepasados”.

Hay una vieja frase, también latina, del famoso Cicerón, que nos dice que la patria se lleva consigo, a cualquier sitio al que se vaya: Ubi bene, ibi patria, que se traduce “Donde se esté bien, allí, la patria”.  Llevemos, entonces,  a nuestra patria argentina, con cada uno de nosotros, rememorando el esfuerzo que, para construirla, hicieron nuestros antepasados. Hagámosla cada día, con nuestro trabajo consciente, con el sacrificio del deber cumplido, cada uno en el ámbito en que le corresponda desempeñarse. Que el 25 de mayo no se agote en la celebración de esa fecha; que llevemos la noción de patria al día a día, sin mezquindades, sin rencores, sin banderías. Hagamos nuestro el contenido de aquellos versos del poeta Francisco Bernárdez:

“Dios la fundó sobre la tierra para que hubiera menos hambre y menos frío.
Dios la fundó sobre la tierra para que fuera soportable su castigo.
Desde aquel día es para el hombre desamparado como el árbol del camino.
Porque da frutos como el árbol y como el árbol tiene sombra y tiene nidos.
Manos de amor la hicieron grande como sus cielos, sus montañas y sus ríos.
Como el candor de sus rebaños y la virtud de sus trigales infinitos.
Manos seguras en el día de la victoria y en la noche del vencido.
Tanto en el puño de la espada como en la mano y en el hombro del amigo.
Podemos dar gracias al cielo por la belleza y el honor de su destino.
Y por la dicha interminable de haber nacido en el lugar donde nacimos. (...)

Nuestro es el día perdurable, nuestro es el sol, nuestra es la luz maravillosa.
Para gozar lo que hoy gozamos fue menester la noche larga y tenebrosa.
Este sosiego pensativo tiene relámpagos de hierro en la memoria.
En los arados impasibles hay un lejano resplandor de espadas rotas.
La patria duerme como un niño, con la cabeza en el regazo de la historia.
Su sueño es dulce y reposado como el que sigue a la virtud y a la victoria.
La patria vive dulcemente de las raíces enterradas en el tiempo.
Somos un ser indisoluble con el pasado, como el alma con el cuerpo.
Como la flor con el perfume, como las llamas y la luz con el incendio. (...)

En las tinieblas de la historia la Cruz del Sur le dicta el rumbo más seguro.
Ninguna fuerza de la tierra podrá torcer este designio y este rumbo.
Por algo hay cielo en la bandera y un gesto noble y fraternal en el escudo.
¡Gracias, Señor, por este pueblo de manos limpias, frentes altas y ojos puros!
¡Gracias, Señor, por esta tierra de bendición y porque somos hijos suyos!”

* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.

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