opinión

La “demoKratización” de la Justicia

Controlar a la Justicia les asegurará dominar los tres poderes y les permitirá garantizar el cambio de reglas.

La “demoKratización” de la Justicia

La democracia y la República son como dos hermanas siamesas unidas por su columna vertebral y que comparten órganos vitales. Si se las intenta separar, finalmente ambas mueren. Ese es el riesgo en que se está cayendo en Venezuela y hacia el que avanzan peligrosamente los presidentes y la presidenta que están siguiendo a rajatabla el manual del buen chavista.

Hasta la reciente elección entre Maduro y Capriles, nadie podía discutir la legitimidad de origen de los presidentes “bolivarianos”. En general, todos llegaron por una razón más que justificada. El propio Chávez como respuesta a décadas de un sistema corrupto de partidos que, disponiendo de la renta más importante de toda la región, postergó descaradamente a las mayorías más pobres. Una situación similar es la que justificó la llegada de Correa al Ecuador. El caso de Evo en Bolivia es algo más complejo, ya que al asunto social se le sumaba una discriminación racial de siglos. A este aspecto esencial se le agrega que en sus elecciones y reelecciones eternas siempre contaron con el respaldo popular, algo puesto recién en dudas seriamente hace poco tiempo en la primera contienda de la era postchavista en Venezuela, al ser observada en su transparencia por la mitad exacta de los venezolanos. Hasta entonces, por aquellas tierras, el chavismo podía exhibir una mayoría indiscutida en las urnas. La propia OEA con sus veedores o la comisión Carter siempre así lo señalaban. Pero la pureza del comicio no sólo tiene que ver con el correcto recuento de los votos populares, sino también con una serie mucho más larga de factores. El enorme aparato estatal y paraestatal puesto al servicio del oficialismo genera una relación absolutamente dispar a favor del gobierno y sus candidatos. Miles de empleados públicos transformados en militantes de la revolución, recursos, movilidad, anuncios de beneficios y programas especiales a pocas horas de la elección van conformando un partido que se juega con la cancha muy inclinada. A eso hay que sumarle el enorme peso del sistema de comunicación estatal y paraestatal alineado por completo con los intereses del oficialismo. La amplia mayoría de la grilla de medios o bien pertenece directamente al Estado, que, a diferencia de las democracias avanzadas, es lo mismo que el gobierno, y peor aún, que el partido oficial, o forma parte de un fenómeno mucho más artero. A través de empresarios cercanos, muchas veces sospechados de ser socios directos del poder, se van conformando grupos multimedios que, tras la fachada de dedicarse al entretenimiento, son usinas de operaciones políticas a favor de los que están y en contra de los que quieren llegar. Entre novelas muy empalagosas o deportes muy competitivos y populares, los programas de noticias están absolutamente cooptados. Ni qué hablar del abuso de la cadena nacional, casi un remedo de otras épocas. Una estrategia mediática más propia de una adaptación de Goebbels al siglo XXI que de una democracia representativa y republicana.

Pero volvamos al manual que primero en Caracas y luego imitado en Quito, La Paz y algo tardíamente en Buenos Aires se fue poniendo en práctica. Una vez en el poder, se comenzó a hacer todo lo que fuera necesario para no dejarlo nunca. Personalismo exagerado, caudillismo y avance desmesurado sobre la República. El modelo es muy claro, disponer de una enorme renta para poder manejar un aparato de asistencialismo muy extendido y sofisticado y de esa manera obtener la devolución electoral que garantice la eternidad en el poder. No puede culparse a los más necesitados por entrar en este juego, porque es cierto que su situación mejoró. Pero es también verdad que se hizo a un altísimo costo para la viabilidad futura de las economías. Lamentablemente, la historia demuestra que siempre el camino hacia el desarrollo ha sido mucho más sacrificado, constante y largo. La magia de la distribución permanente en un momento se acaba, cuando se acaban los recursos para distribuir. Y eso parece estar sucediendo ahora hasta en la inmensamente rica Venezuela. Falta de inversiones, señales rojas en la caída del empleo, inflación descontrolada, devaluación de hecho, todos problemas que se agravan por una corrupción muy generalizada y una asfixia peligrosa de las instituciones, que ponen en riesgo a la República y los derechos individuales.
En la Argentina, en forma un poco disimulada al principio, los santacruceños intentaron ir por la renta principal: la riqueza agropecuaria. Una decisión imprescindible para poder financiar al monstruo que se iba creando, siguiendo el modelo del maestro caribeño, que disponía de 150.000 millones de dólares al año manejados a gusto y paladar, producto de la riqueza petrolera. No pudieron hacerlo porque los medios independientes alertaron a la ciudadanía y lograron frenar aquel intento. Por eso después, en otro abuso semántico, intentaron “demokratizarlos”, lo que fue desestimado por la Justicia, que reaccionó frente a los atropellos a la propiedad privada. Por eso ahora decidieron ir por ella. Una vez que la controlen, acallarán todas las voces disidentes y finalmente se quedarán con la renta. Enseñanzas básicas del manual escrito en Caracas.

Controlar a la Justicia no sólo les asegurará dominar los tres poderes, dinamitando para siempre a la República, sino que también les permitirá garantizar el cambio de reglas que sea necesario para conseguir la eternización. Poco importa lo que digan la Constitución o las leyes si se maneja toda la economía, la política, las instituciones, los medios y se dispone de jueces adictos y militantes. Pero también les asegura la hipótesis de mínima de lograr la impunidad si algún día les llega la inexorable hora de tener que abandonar el barco porque la gente los obligue.
Por eso, para ellos, o para ella, surge impostergable “demoKratizar” la Justicia. Por eso para el resto es imprescindible evitarlo a toda costa y por cualquier medio. Para salvar la República, que no es otra cosa que salvar a la democracia, que tanto nos costara conseguir y para proteger y preservar nuestros derechos y garantías.

Ojalá así sea.

Opiniones (3)
18 de noviembre de 2017 | 02:49
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18 de noviembre de 2017 | 02:49
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  1. Lo irónico de esto es que lo decís desde el partido que gobernó junto a los militares, ayudándolos a desaparecer personas, matar sin juicio previo, robar bebés y mantener el control total de la fuerza estatal para hacer y deshacer durante 8 años. ¿Eso es República? ¿Para qué te sirvió esa complicidad? Lo triste debe ser para tus hijos o cualquiera descendiente tuyo el verte hacer el ridículo hablando de lo que hablás habiendo sido lo que fueron. HIPÓCRITA.
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  2. un sabio el pibe, ni que lo bancara el PJ para debilitar al PD,¿ ya se olvido de cuando militaba para Menem y Cavallo? poca memoria los argentios
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  3. Gracias Luis por, desde tu periodismo absolutamente no militante, iluminarnos sobre cómo son las cosas. Pensar que tus ideas brillantes están tan censuradas en esta diKtadura. Es porque decís la verdad con inteligencia, ironía y acompañás con propuestas que hacen a los K temblar. Gracias por las nuevas opciones que nos das, por la apuesta a una política de construcción y no sólo de embate. Gente como vos es lo que necesita nuestra Argentina. Ah! y muy picante eso de comparar el sistema de medios en Venezuela con Goebbels y qué sutileza la del neologismo "demoKratizar". Qué pluma y qué profundidad Rosalesssss!
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