opinión

Cansado, sin arriba ni abajo

Hay un instante en que estás solo, más solo que de costumbre; se sabe, siempre estamos solos.

Cansado, sin arriba ni abajo

En la vida hay minutos que son los que definen. Uno puede pasarse días, meses y años haciendo más o menos lo mismo, cambiando o mudando, pero lo que cuenta son esos minutos. La decisión. El giro brusco que no mide consecuencias. La palabra que soltaste y produjo el click en una relación o en el trabajo, con un hijo, un amigo o con la mujer que amas.

Diste en la tecla y el resultado será navegar a favor o en contra del viento. Timoneas –eso es la vida misma-, y el cansancio te gobierna y la arena te da en la espalda o, según el azaroso destino, te ciega de frente, tragas saliva con arena y escupes bolas de barro. Minutos como fotografías de una película hecha de esos minutos. O una especie de tráiler de las decisiones pensadas o inconscientes.

El agua, corre. La sombra te acompaña, la luna es omnipresente y vos no estás convocado. Hay un instante en que estás solo, más solo que de costumbre; se sabe, siempre estamos solos. Un amor que se construye en un instante de acción y un amor que se derrumba en otro movimiento torpe. La voluntad. La casa de barro que se come la inundación a mordiscones y el refugio más cercano es un puente de maderas desvencijadas que esperan ceder con tu peso.

Misteriosa es la vida. Como el funcionamiento de los relojes y la vida de los peces o la angustiosa muerte de los elefantes que saben que morirán y se retiran a un resguardo. Vivir de amor es también sufrir por el desgaste, por el descuento. Estás echado al azar en la noche, en una silla con un litro de cerveza en tu mano, algo borracho y pensativo. Oteas el paisaje. No conoces a nadie y no tienes a quién conocer.

La sangre se espesa, no bulle. El cuerpo es un estanque de sangre, inmóvil, sin meneos. Estamos hechos de agonía. Cansados. Generación de la euforia y del colchón. Hemos decidido tirar los remos y soltar las sogas para que el viento nos pierda. Como locos a la deriva en una barcaza cubiertos de miel, vamos chupándonos los dedos sin mirar hacia adelante. No hay arriba ni abajo, ni izquierda ni derecha.

El sol, la sal, el agua, el frío, la tormenta y un rayo que repica cerca, te dicen que África queda para el otro lado.

Opiniones (4)
20 de noviembre de 2017 | 01:08
5
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20 de noviembre de 2017 | 01:08
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  1. Licenciado Padilla, Usted es un escritor muy talentoso.Cuando sale de la cárcel mental de la descalificación y el ataque a los que no piensan como k, su obra es admirable. Lo felicito y lo exhorto a mantener la mente abierta.
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  2. Padilla pongámosle palabras a tus emociones: estas decepcionado con esta mentira KK que tanto apoyaste.
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  3. a veces, nobleza obliga, me pregunto: me equivoquè con Padilla? Està visto que no me euivooquè... no sè por què tu nota no tiene un 10... * La casa de barro que se come la inundación a mordiscones y el refugio más cercano es un puente de maderas desvencijadas que esperan ceder con tu peso*... o el cierre del relato son geniales... lo demàs tambièn està bueno...
    2
  4. Bueno, Padilla... Leíble; aunque como siempre triste y desesperanzador. A veces es buena la soledad, pero sólo para encontrarnos de nuevo con nosotros mismos, y volver a la búsqueda del otro con más fuerzas.
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