opinión

Los genocidas ya no tienen impunidad

La detención de Carlos Rico pone en relevancia el compromiso de una sociedad contra el olvido.

Los genocidas ya no tienen impunidad

La detención de Carlos Rico demuestra que la impunidad ya no es con lo que los delincuentes genocidas pueden contar.

Carlos Rico Tejeiro fue instructor de un grupo especializado en secuestros, detenciones, torturas y desaparición forzada de personas. Es por lo tanto responsable de todas estas acciones. Debió estar sentado en el banquillo de los acusados en el último juicio por delitos de lesa humanidad que ha tenido lugar en Mendoza y cuya sentencia se dio el último 22 de marzo. Debió estar allí porque en ese juicio se ventiló la causa de mayo del 78 correspondiente al “operativo de los residuales”, como las nombraban a las ocho personas que las fuerzas de seguridad consideraban “residuos subversivos”. Esas personas eran nuestros familiares y compañeros: Margarita Dolz de Castorino, Raúl Gómez, Daniel Romero y su hermano Juan Carlos Romero, Víctor Hugo Herrera, Gustavo Eloy Camín, Mario Camín, Aldo Patroni.

Fueron personas con valores y compromiso por el mejoramiento de la vida en sociedad. Fueron solidarios y desde su pensamiento y militancia se oponían a cualquier régimen dictatorial. Todos tenían familia, fueron hijos, padres y madres, estudiantes y trabajadores recordados por su enorme capacidad y humanidad.

Carlos Rico creó el grupo especializado en represión conocido como G78 para impedir que voces de protesta y denuncia se alzaran durante el Mundial 78, una de cuyas sede fue Mendoza. Para esa fecha ya eran cientos los muertos y desaparecidos en nuestra provincia y los genocidas temían la reacción de quienes luchábamos por saber el destino de nuestros compañeros.

En la historia reciente, Carlos Rico consiguió mimetizarse y llegó a ser subsecretario de Seguridad, nombrado por el ministro de Seguridad del momento, doctor Carlos Aguinaga, durante el gobierno de Jaque. Fue este sentido de impunidad lo que lo llevó a aparecer en la vida pública y lo que le permitió a una sobreviviente del centro clandestino de detención que funcionó en el D2, conocido como Palacio Policial, reconocerlo como uno de sus represores.

La acción de los organismos de derechos humanos en su exigencia pública y acompañada de una sociedad que concientemente se compromete a luchar contra los genocidas consiguió que Rico tuviese que abandonar su cargo en un gobierno democrático.

Imputado y procesado podía todavía caminar por las mismas calles que sus víctimas. Nuestros abogados querellantes y el Ministerio Público Fiscal exigían, junto a los organismos de derechos humanos, su detención. Rico está acusado de gravísimos delitos para los que se preparó y luego fue instructor. Fue secuestrador, torturador, especialista en crímenes de lesa humanidad. Rico era un peligro para la sociedad estando en libertad porque está convencido de lo que hizo y lo volvería a hacer. Cuando el juez Bento dio la orden de detención, Rico se escapó. Así también lo han hecho Otilio Romano, el ex juez y Ricardo Alek de la Policía Federal.

Hoy Rico tiene que enfrentarse con la Justicia y responder por lo que ha hecho. Esa es su obra. La nuestra es buscar Verdad y Justicia y confiar en que desde la construcción honesta y solidaria y siempre dentro de las leyes de la democracia se alcanzan los objetivos buscados.

Opiniones (1)
18 de noviembre de 2017 | 16:57
2
ERROR
18 de noviembre de 2017 | 16:57
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. "La verdad os hará libres". El juicio permitirá que se pueda obtener una pieza más de ese terrible rompecabezas"
    1
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