opinión

¿Qué significa la palabra trabajo?

¿Sabías que proviene del latín "tripaliare", que se traduce como "torturar"?

¿Qué significa la palabra trabajo?

Cuando mañana 1 de mayo, nos quedemos en casa por ser el “Día Internacional de los Trabajadores”, vale la pena que reflexionemos acerca del significado etimológico del vocablo ‘trabajo’ que, en muchos casos, se desconoce o, por lo menos, se ha olvidado.

Si buscamos en un diccionario común el valor del término, nos encontramos con dos definiciones: la primera, relativa a ‘trabajar’, nos dice que es “ocuparse física o mentalmente para producir o lograr algo”; la segunda, acerca de ‘trabajo’, nos dice que es “la actividad física o mental destinada a producir o lograr algo, con esfuerzo”. De estas dos definiciones, me parece muy válido rescatar la idea del resultado del trabajo, que será la producción, logro o creación de algo.

El trabajo no constituye un fin en sí mismo, sino que es un instrumento para conseguir otro fin: el sostén de un hogar, la crianza de los hijos, la mejora material, pero también el propio perfeccionamiento, la difusión de los resultados de la tarea en beneficio de otros, la creación en cualquiera de sus manifestaciones, materiales o inmateriales. En este sentido, el trabajo es un modo de hacer digna nuestra existencia, pues nos ocupamos física o mentalmente para lograr un objetivo.

A esta idea de logro o resultado, sumo otro valor de la segunda definición, valor que hoy parece desdibujarse por la cultura de la rapidez y del instante: el ESFUERZO personal. A pesar de los malos ejemplos, a pesar de la corrupción reinante, las generaciones jóvenes deben ponderar en cualquier ocupación, física o mental, la dedicación, el tesón, la constancia, la consecución de metas difíciles a largo plazo, pero con el cumplimiento diario, silencioso, metódico, hasta aburrido, muchas veces.

Es curioso averiguar la etimología de ‘trabajo’: proviene del latín vulgar tripaliare, que se traduce como ”torturar”; ¿por qué? Pues porque la voz derivaba de tripalium, cierto instrumento de tortura hecho con tres palos. No llegamos a esos extremos en la vida contemporánea, pero sí deseamos recuperar la noción de entrega a la labor, la búsqueda de la perfección, el no a la improvisación y al facilismo, la reivindicación de la consagración a la labor elegida.

Cotidianamente, en lugar de ‘trabajo’ oímos la palabra ‘laburo’, el verbo ‘laburar’ y el sustantivo ‘laburante’. Estos términos, que pertenecen al lunfardo, se vinculan con el italiano lavorare, con el significado respectivo de “trabajo”, “trabajar” y “trabajador”. Antes de la voz italiana, está el étimo latino: labor. En ese vocablo que ha viajado a través de siglos de historia, hallamos escondidos los mismos valores que hemos ponderado más arriba: “trabajo, esfuerzo mental o físico, resultado del trabajo”. Y no es casual que ese étimo se haya multiplicado hoy en numerosas voces: ‘colaborador’ = “el que trabaja junto a otro”; ‘laboratorio’ = lugar para experimentos o para la fabricación de medicinas o productos químicos”; ‘elaborar’ = “trabajar cuidadosamente”; ‘labrar’ = “trabajar la tierra”…

Como vemos, la cultura del trabajo vinculado al esfuerzo y a la entrega a la tarea de cada actividad ha atravesado la vida humana y continúa haciéndolo. Dos etimologías relacionadas con la vida de un trabajador: las palabras ‘sueldo’ y ‘salario’.  La voz ‘sueldo’ se relaciona con el latín tardío soldare, “pagar”, pues se recibía como paga  el soldus o solidus, antigua moneda de oro romana, usada entre los siglos IV y XV d.C. En cuanto al ‘salario’, definido hoy como el “pago por los servicios de un trabajador”, proviene de salarium, que era el dinero que se daba a los soldados para comprar sal.

Todas las voces que han sido tratadas en este artículo nos llegan desde antaño. Los contextos han cambiado, pero el trabajo sigue siendo el instrumento a través del cual progresa el hombre en lo individual y en lo social, como persona y como pueblo: reivindiquemos, pues, su valor y volvamos a creer en el sano esfuerzo que debe sustentarlo.

* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.

Opiniones (2)
19 de noviembre de 2017 | 04:45
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19 de noviembre de 2017 | 04:45
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  1. Excelente exposición profesora. Llevo el latín en el alma como usted...su escrito hace que siga estudiándolo de alguna manera. Le deseo un feliz día del trabajador!
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  2. Sra. Ramallo, Sabe Ud. que sigo atentamente sus notas y que no dejo pasar ninguna sin leer. También, que suelo comentarlas (quizás demasiado). A menudo, y como lógica consecuencia, sus análisis lingüísticos nos llevan a reflexiones de tipo filosófico, pues como Ud. misma lo ha expresado, la palabra es en definitiva la manifestación del pensamiento. Particularmente su nota de hoy (que parece haber aparecido un día adelantada) conlleva muchas reflexiones de vida. No pretendo ahondar en algo que ya expresó Ud. muy bien. Por el contrario, me sirvo de este ?pie? para mencionar tres términos del lunfardo argentino que manifiestan, como yo lo comprendo, una faceta oscura del ser nacional. Popularmente, en España se dice ?currar? por trabajar. En Argentina ese término significa lo contrario, es decir conseguir dinero o bienes sin esfuerzo, por cambalaches y hasta por engaño y mala fe. ?Laburar?, como Ud. lo ha muy bien explicado, viene del italiano y, más atrás, del latín y significa lo mismo, trabajo; pues es también una palabra que se usa en la jerga del bajo fondo delictivo en Argentina para significar, lisa y llanamente, ?delinquir?. Finalmente, y quizás más tristemente pues no existe aquí la pátina del lunfardo, en esos ambientes se dice ?trabajar? por ?robar?. ?Esta bicicleta te la vendo baratita? le dijo una vez un muchacho de unos 16 años a mi hijo mayor, que tenía 14 en ese momento, ?me la trabajé por Las Heras?, indicando así el departamento en el que la había ROBADO (no ?trabajado?) y como dándole confianza para que se la comprara pues en ese momento vivíamos muy lejos, en Godoy Cruz. Quizás (así lo entiendo yo), nuestro sentido de la ironía nos ha llevado a ese extremo cínico. Nuestros abuelos también deformaban un poco el significado de las palabras pero en el sentido contrario. Así, el término ?guapo?, que siempre se refiere a virtudes masculinas, significa bien parecido en España, hábil con el cuchillo en los arrabales del puerto y trabajador serio y de aguante en Cuyo. Todo un cambio de mentalidad. Saludos
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