opinión

Hoy es el Día del Idioma Español

Curiosidades en torno de una fecha única.

Hoy es el Día del Idioma Español

Hoy no es feriado ni tampoco, seguramente, se hará en los establecimientos educativos una referencia especial a que el 23 de abril es el “Día del Idioma Español”. Esta conmemoración se debe al Instituto Cervantes y tiene por objeto poner de relieve que el español posee gran importancia como lengua internacional, pues es usada por más de 450 millones de hablantes en todo el mundo.

¿Cuándo y cómo se originó esta conmemoración? En el año 1926, el escritor y periodista valenciano Vicente Clavel Andrés propone crear un día para rendir homenaje al libro.

En el documento original en que Clavel Andrés propicia la instauración de esta fecha, podemos leer la siguiente fundamentación: “Es el libro español sagrario imperecedero que difunde y expresa el pensamiento, la tradición y la vida de los gloriosos pueblos hispanoamericanos y plasma o perpetúa las concepciones del genio de la raza, vigorizando sus energías espirituales y abriendo cauces de expansión al vínculo más indestructible de muchas generaciones hermanas. Y para enaltecerlo como guardador de las esencias, de las virtudes y de la cultura hispana, dándole impulso espiritual y material, como medio también de fecundo enlace de ideas, sentimientos y creencias, propone el Comité Oficial del Libro del Ministerio de Trabajo, Comercio e Industria que se instaure en España la fiesta anual del libro español en la perdurable fecha del natalicio del  inmortal Cervantes”.

Veinte años más tarde, el 13 de octubre de 1946, se recoge aquella creación del escritor Clavel y  se fija el día 23 de abril como “Día Mundial del Idioma Español”; la causa de la elección de esta fecha radica en el hecho de haber fallecido el escritor Miguel de Cervantes, el 23 de abril de 1616. Se recuerda e inmortaliza la figura de Cervantes a partir de su vasta obra, pero sobre todo por su novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

Casi cuatrocientos años después de aquella fecha de la desaparición física de Cervantes, se nos hace un deber, como profesores de español, reivindicar el valor de la palabra, que configura el idioma, y del libro, portador de palabras ejemplares.

En ocasión del V Congreso Internacional de Lengua Española, frustrado por el terrible terremoto que sacudió Valparaíso en marzo de 2010, en la ponencia inaugural, a cargo de Agustín Squella, difundida luego en la página oficial de la Real Academia Española, podemos leer el siguiente texto que nos lleva a reflexionar:

“Pensamos con palabras, y el examen de las palabras es el examen del pensamiento. Por lo mismo, perder palabras es perder las cosas que tales palabras designan. Si la lengua, su vocabulario y su sintaxis, se empobrecen, el pensamiento se empobrece. Entonces, ser pobres de palabras es ser pobres de pensamiento. Con las palabras pensamos, con las palabras percibimos, con las palabras nombramos, con las palabras recordamos, con las palabras distinguimos, con las palabras relacionamos. Ricos de palabras, percibimos y expresamos más realidad, mientras que pobres de palabras percibimos y expresamos menos realidad. La educadora Mabel Condemarín ejemplificaba más o menos de la siguiente manera: de dos personas puestas frente a una gran cantidad y diversidad de árboles en el valle central de Chile, una de ellas exclama «¡Qué lindo bosque!», mientras la otra dice «¡Qué lindos eucaliptos, boldos, peumos y quillayes!”

¿Cuál de esas dos personas percibe y transmite más realidad? Ciertamente la segunda, puesto que dispone de las palabras que nombran cada una de las especies que tiene a la vista. En consecuencia, y al revés de lo que suele decirse, aquí es el bosque el que no deja ver los árboles. 

 ¿Y qué digo yo a los jóvenes que estudian conmigo? Les digo: vean los árboles, cada uno de los árboles, pero para verlos, para reparar en ellos, para distinguirlos, y desde luego para pronunciarlos, necesitamos las palabras que los nombran. Palabras que son actos, puesto que también hacemos cosas con las palabras, de manera que estas permiten no solo comprender y describir el mundo, sino también intervenirlo y transformarlo. A leer, pues —invito a los jóvenes—, para que no sean personas de pocas palabras, sino de muchas, y para que consigan colmar el cofre de su lenguaje, de modo que la cubierta de ese cofre no cierre de puro rebosante de palabras que en él se encuentran, cual si se tratara de un tesoro que desparrama su abundancia desde un arca que no es suficiente para contenerlo”.

La palabra en español, nuestro bello idioma, debe ser nuestro instrumento de comunicación: con ella nos adueñamos del mundo, amamos y expresamos odio, alabamos y condenamos, enseñamos y mostramos nuestros aprendizajes, decimos discursos solemnes, susurramos, declamamos, creamos…

Defendamos, entonces, la palabra española y sigamos cultivando la lectura del libro, en cualquier soporte, tradicional o digital, pero continente singular de contenidos plurales.

* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.

Opiniones (2)
18 de diciembre de 2017 | 00:50
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18 de diciembre de 2017 | 00:50
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  1. Excelente escrito, profesora...por demás sentido: usted hace que nosotros, sus alumnos amemos nuestra lengua. Ayer, una alumna del terciario me dijo: profesora, con usted aprendí a leer. Y yo le digo a usted profesora que con usted aprendo cada día a amar nuestro idioma. Gracias por sus escritos. La sigo incansablemente
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  2. Excelente nota. El habla castellana es de una riqueza y una belleza extraordinarias, celebremos, pues, su buen uso que resulta tan placentero. Me gustaría agregar que ese mismo día, 23 de abril de 1616, murió también otro escritor grandioso, William Shakespeare, quien era unos 15 años menor que el español. Notable coincidencia. Saludos
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