opinión

Kirchner & las teorías de la conspiración

Hoy asistimos a un episodio no poco interesante, el de las teorías de la conspiración.

Kirchner & las teorías de la conspiración

                                "There is something rotten in Denmark"

Cuando en una época cunde el abatimiento de la credibilidad y repunta un pronunciado nihilismo ideológico, ha podido verse la aparición inminente o tardía de un instinto de respuesta generalizado, que obedece a una necesidad de introducir la creencia en que las cosas son peores de lo que parecen; es decir, de un “detrás de todo” ensombrecido y velado, como consuelo de tonto, en cuyo seno se urde la destinación toda y cuya moraleja consiste en intentar probar que lo verdaderamente acontecido no es lo que parece, sino que detrás de escena se oculta algo peor. Quien duda mal, piensa mal y sostiene: ”Si la escena es mala, los actores han de ser pésimos”.

Una marcada tendencia de esto es la honda presunción de que todo estaba pergeñado de antemano; dirigido por actores secretos, perversos, cuyos intereses rayan la más elevada malignidad del hombre. Esto lo explica fácilmente el temor de que cruja y tiemble todo el aparato de un mundo ya organizado. El statu quo es así vivenciado como patrimonio, como hijo, como intocable verdad. Los casos abundan. Como el del Cristianismo según E. Gibbon, cuya figura opresora fagocitó al Imperio Romano; o el del grupo de elegidos extraordinarios que propulsaron confabulaciones desde las bajas épocas de oscurantismo, buscando una consagración de su estirpe (Dan Brown obtuvo sus lauros perpetrando esta materia).

Hoy, con menos gloria y gracias a una inusitada sofisticación de la imaginería colectiva, asistimos a un episodio no poco interesante, el de las teorías de la conspiración. Estas tienen por misión acreditar que detrás de un poder que ya agotó su credibilidad general en el statu quo, anida un grupo selecto que teje perversas maniobras, y cuyo afán de dominar absolutamente todo no cesa de operar detrás de unos fundamentos todavía más desopilantes. Mediante esto se refina la capacidad y justicia para correr el ojo de los sucesos per sé. A los teóricos de la conspiración les ha valido un hermoso mérito el haber conjugado sales de la mafia, de logias santificadas, de secretas confabulaciones que tienen por misión producir los más infames designios, con el fin de mantener a la humanidad entera bajo el yugo de su poder. A partir de esta elucubración que acarrea la fantasía cerebral, no sólo se desacredita la torpeza general que pervive en cada uno de nosotros, sino que además se han convertido en dudosos, no creíbles, sospechosos y manipulables episodios no poco relevantes para una enorme cantidad de gentes; desde catástrofes naturales hasta ataques entre pueblos.

¿Por qué y cómo adquirieron un rubor peculiar las teorías de la conspiración? Para entender esto es necesario mirar de reojo cierta maña de la psicología humana; puntualmente, cuando la mente quiere exiliarse en explicaciones de un género diametralmente opuesto del que podrían ofrecerle un simple ABC lógico y unas cuantas pesquisas, se termina por creer en cuanto resulta propulsado por la imaginación sensible, que en algunos individuos alcanza refinados niveles de delirio, y cuyo poder persuasivo no deja de intrigarnos. Tales son las premisas de la fe, es decir, de toda creencia en lo raro e inexplicable sólo por raro e inexplicable. Acaso también se haga patente en estos estados de creencia una falacia ad ignorantiam, mediante la que se afirma que una premisa es verdadera solo porque todavía no se probó su falsedad (conspiración), o que la premisa es falsa porque aun no se probó su verdad (sucesos per sé); o incluso una falacia por bifurcación, a través de la que se afirma que existen solamente dos posibilidades que son mutuamente excluyentes (sucesos Vs. conspiración), cuando, de hecho, existe una tercera opción. ¿Acaso una cuarta?

Lo cierto es que una vez sembrada la creencia de que detrás de lo evidente de un suceso o de una serie de ellos, operan fuerzas oscuras que administran un plan oculto a los ojos –de un plan que asecha absolutamente todo lo que vemos y vivimos-, se acaba creyendo en tales supercherías porque reportan un grado mayor de satisfacción. Dichas creencias quieren probarse con métodos empíricos, aunque acarrean un tipo de éxtasis casi religioso. Se sabe cómo al tender una cortina de humo sobre algo se pueden llegar a confundir sus consecuencias, o sus causas; pero cuando se contrapone una cortina negra detrás de un suceso, a fin de que éste refracte una turbiedad falsa que antes no veíamos, el efecto es tanto más excitante. También confuso y discutible. Además, cotejemos que cuando las acciones de un pueblo, de un partido, de una clase dominante o de una ideología reportan más disgustos que gratitudes, se hace necesario quebrar el Statu Quo de alguna manera: los fabulistas de la conspiración han sabido traficar una mano negra detrás de todo el cuadro que ya había hartado a los ojos, y en esa perplejidad, se ha empezado a ver lo mismo pero de forma distinta, y es en este quiebre de perspectiva visual - no de ideas- que pueden manipularse todas las responsabilidades. Así, las bombas no fueron accionadas por dos caídos del catre norteamericano, sino por los Iluminati; la seguridad aérea yanqui no ha sido verdaderamente vulnerada y burlada en los ataques del 11-S, sino que el servicio secreto había preparado las detonaciones; Kennedy fue asesinado por la CIA; Shakespeare no era Shakespeare, sino un seudónimo de los habilidosos Francis Bacon o Christopher Marlowe, además de variaciones de toda índole que es capaz de reproducir la caleidoscópica imaginería. Peor que en un estado paranoico diagnosticado, aquí reina la duda, la duda sin más.

Y toda esta digresión para entender cómo en los efectos de esta onda expansiva mundial que no halla un fin visible, reside una gran encomienda del poder político que ha logrado nuestro Gobierno. La genialidad política de Néstor Kirchner, su prodigiosa operación sobre las mentes ya embotadas de tanta mentira, ha sido comprender esa necesidad pública de jaquear los contrapesos del poder. Él y sus colaboradores entendieron cómo la política argentina, luego de décadas atroces -ya de la mano de una dictadura militar; ya de la mano de C. Menem con su tenaz imposición del relato neoliberal, y seguida de la infamia dadaísta del infame Dr. De La Rúa-,el pueblo se hallaba harto de la gran mentira, de mentiras conjugadas que eslabonaban una cadena que debía cortarse. Coadyuvaron con este proceso la desestabilización del poder económico “imperialista” de Estados Unidos; la crisis ideológica atravesada por Europa; el resurgimiento de los anhelos de dominio de la “periferia profunda”, es decir, de China, Rusia y Sudáfrica, así como una tendencia de emancipación político-económica que despertó en América del Sur, propulsada por los gobiernos de Venezuela, Ecuador, Brasil, Bolivia, Uruguay y Argentina. Cabe una mención aparte para el efecto Wikileaks, que habiendo tendido el terremoto que acusó los contornos del manejo del poder y a sus agentes, demostró cuán precaria puede resultar la construcción del la subjetividad en manos de la información hegemónica.

Así, la campaña política de Kirchner (no la proselitista, no la eleccionaria, sino la que todavía mantienen en pie sus herederos) es haber sembrado la certera sospecha en todo lo que hasta ahora había tenido un halo de inmutabilidad, es decir, contra los intereses privados que dominaban el poder hegemónico. Aplicados a denunciar a los conspiradores, la campaña anti Clarín –que, al margen, me parece genial- consiste en desacreditar Todo. Porque si Clarín miente, siempre, entonces mentimos todos aquellos que alguna vez nos espejamos en algún ápice de su inmenso relato. Y los imperativos casi categóricos redundan: “Los medios de comunicación masiva mienten”; “Los que desprecian este gobierno podrían ser golpistas”. “Quien ha hecho dinero, no debe haberlo ganado en buenos términos”, y así una cantidad de pseudoverdades sazonadas al calor de la sospecha colectiva van construyendo al Gran Enemigo por vencer; ese Amo Oscuro y Dinerista que emplea las facultades humanas y que puede investir las personalidades de los Magnetto, de los Moyano, de los Macri y demás perejiles.

Esto traerá consigo dos resultados calamitosos: el primero consiste en que, acusados todos aquellos que se oponen al statu quo, vale aclarar, a la propuesta del Gobierno (ya los mencionados ut supra; ya el simple peatón) aparecerán contagiados de esa suerte de velo demoníaco, aunque no serán vistos más que como instrumentos del Gran Demonio, y acaso esta presunción infantil les quitará responsabilidades a la hora de un futuro vistazo general de las cosas. El otro resultado, no menos escandaloso, consiste en que ese dedo que aprendió a señalar todo para designarlo dependiente del Gran Demonio, gozará de plenas facultades al momento de prohibir. Los conspiracionistas gozan por derecho auto adquirido de una carta de preservación: el poder de ese dedo reside en sembrar la sospecha sobre cualquier persona, grupo o institución, incluso sobre la capacidad de su propia uña para hundirse en la torta.

Pero incluso todo esto no sería tan así.

Opiniones (4)
21 de noviembre de 2017 | 20:27
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21 de noviembre de 2017 | 20:27
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  1. Es verdad lorenzo, una manera rebuscada y extensa de decir, entonces la nota se vuelve una conspiración de sí misma; una teoría conspirativa es un rebusque. Una nota que versa de verso, hernancruciani, porque presume ser analítica, pero se vuelve Clarín, es Clarín todo el tiempo. La titulé así porque quería ser Clarín. Y lo fui. La descripción es excelente, cecilia, pero acaso miente porque se deja copiar sin reservas.
    4
  2. que manera tan rebuscada y extensa de decir las cosas....
    3
  3. Al final,de que trata la nota ?
    2
  4. muy buena la nota, excelente descripción de cómo se ejerce el poder en la Argentina
    1
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