opinión

Parecidos pero muy distintos

¿Usás correctamente los verbos "detentar", "detectar" y "detestar"?

Parecidos pero muy distintos

En la prisa cotidiana, hablamos sin atender, en muchos casos, a pequeñas distinciones en la pronunciación, que conllevan grandes diferencias en el significado. Es el caso de tres verbos muy similares en su escritura y en su configuración fónica, pero muy distintos en su valor semántico: se trata de ‘detentar’, ‘detectar’ y ‘detestar’.

El verbo ‘detentar’, de origen latino, tiene dos valores: el primero, “retener y ejercer ilegítimamente algún poder o cargo público”, hace hincapié en la ilegitimidad en el ejercicio del poder. Así, por ejemplo, leemos: Era ese grupo el que detentaba el  control del aparato de gobierno. Hay que señalar que es incorrecto el uso de este verbo cuando el ejercicio del poder es legítimo. El segundo valor  se relaciona con el derecho y está referido a una persona: “retener lo que manifiestamente no le pertenece”: Desde hace dos años, el hermano mayor detenta la dirección de la empresa familiar.

El segundo verbo, ‘detectar’, de origen inglés, no guarda relación alguna con el primero, pues su significado es “descubrir la existencia de algo que no era patente”. Así, al poner en funcionamiento nuestros aparatos electrónicos, leemos el cartel que reza “se han detectado redes”, con lo cual comprobamos que aquello que no era visible o patente, se ha presentado y ha sido captado. Lo esencial, en el caso de este verbo, es la idea de descubrimiento de lo oculto, muchas veces clandestino: La policía detectó almacenamiento de armas en una vivienda rural.

En cuanto al tercer verbo, ‘detestar’, posee un origen latino, detestari, que justifica el primer valor del vocablo, hoy desusado: “Condenar y maldecir a alguien o algo, tomando el cielo por testigo”. En cambio, sí mantenemos vigente la segunda acepción: “aborrecer, tener aversión”. Entonces, decimos, por ejemplo: Aborrecíamos esas clases por lo aburridas y faltas de motivación.

Otra pareja de verbos cuyo uso puede provocar confusiones es la de ‘devenir’ y ‘devengar’, que en algunas formas de la conjugación, pueden igualarse. ‘Devenir’, según el diccionario académico, significa “sobrevenir, suceder, acaecer”; también, “llegar a ser”: Pronto, su miedo devino en pánico. Con el correr de los días, devinieron hechos poco agradables. En relación con este significado general, hallamos el valor filosófico del término, interpretado como sustantivo: “La realidad entendida como proceso o cambio, que a veces se opone a ‘ser’”. También se entiende como “proceso mediante el cual algo se hace o llega a ser”: El devenir de la cultura torna aceptables aspectos de la realidad antes condenables.

Este verbo, cuando significa “llegar a ser”, se construye con la preposición ‘en’: Con la llegada del otoño, los días, primero frescos, devinieron lentamente en fríos.

El verbo ‘devengar’ proviene del latín de y vindicare, con el valor de “atribuirse, apropiarse”. Por eso, su significado es el de “adquirir derecho a alguna percepción o retribución por razón de trabajo, servicio u otro título”. Se usa en las expresiones devengar salarios, devengar costas, devengar intereses: La deuda impaga ha devengado intereses usurarios. Cuando este verbo se conjuga, adopta formas en el indicativo que coinciden con  el subjuntivo de ‘devenir’, pero sus significados son absolutamente diferentes: Sus servicios a la compañía devengan salarios (verbo ‘devengar’) y ¡Ojalá ese lío no devenga en una pueblada! (verbo devenir).

En algún artículo anterior, he aludido a la FUNDÉU (Fundación del español urgente), asociación española que, con la supervisión del Instituto Cervantes, se preocupa por la actualización y cuidado de la lengua usada por los comunicadores. Precisamente, en estos días, esta fundación ha difundido una distinción entre dos sustantivos muy semejantes: ‘permisividad’ y ‘permisibilidad’. El primero de estos términos se relaciona con el adjetivo ‘permisivo’, cuyo significado es el de “que permite o consiente”. Así, podemos decir: “Los padres, muchas veces, para ganarnos a los hijos,  caemos en una excesiva permisividad”. En cambio, cuando hablamos de ‘permisibilidad’ debemos relacionar el vocablo con el adjetivo ‘permisible’, pues su definición nos indica “cualidad de permisible, posibilidad de ser permitido”. Entonces, podremos decir: “En breve, se debatirá sobre la permisibilidad de obtener la promoción con menor cantidad de asignaturas rendidas”.

En todos los casos planteados, hay un gran parecido material entre los términos, pero se deberá cuidar su uso en las situaciones adecuadas, para no decir algo que no se desea o para no provocar en el interlocutor errores no deseados de interpretación.

* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.

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