opinión

Van y vienen por todo

La campana de largada de la campaña. La máquina berreta de robar. El "fuego amigo" de Verbitsky. Y la victoria "pírrica" de un inmaduro.

Van y vienen por todo

Por Julio Villalonga (@villalongaj)

El 14 de abril comenzó la campaña electoral. La producción que Jorge Lanata puso al aire en Canal 13 este domingo fue la campana de largada y es final y principio de un operativo destinado, primero, a sembrar los tópicos de corrupción e impunidad; y en segundo lugar, a dar frutos políticos en un in crescendo que tiene como objetivo a los cercanos cierres de listas para las PASO, el 22 de junio, a esas primarias y a las elecciones generales de medio mandato de octubre próximo. El objetivo es claro: se trata de derruir el poder electoral del oficialismo hasta dejar exánime al proyecto de Cristina Kirchner.

Los domingos, entonces, comenzarán a desfilar –como el propio Lanata anticipó este martes– todos aquellos personajes que puedan confirmar, en la conciencia ya previamente ablandada de millones de argentinos, que el kirchnerismo es una máquina de robar. Y, encima, una máquina berreta.

Rápidamente hay que decir que Lázaro Báez (aunque de ningún modo es el único) ha dado pruebas de una notable desprolijidad, y esto dicho sin la menor sombra de cinismo. Él y sus hijos, más los segundos que el primero, pero todos nuevos millonarios, han actuado como tales y se han rodeado de lo peor que podían con una tosquedad e ingenuidad también asombrosas. En una escala “zoológica” de los negocios, podría decirse que en Santa Cruz Rudy Ulloa se encuentra instalado en la base, Báez en el medio y Cristóbal López en la cima.

El objetivo es claro: se trata de derruir el poder electoral del oficialismo hasta dejar exánime al proyecto de Cristina Kirchner.

Como la actual se trata de una ofensiva en toda la línea será oportuno arriesgar algunas causas, tanto mediatas como inmediatas. ¿La ofensiva antiK es respuesta al proyecto de “democratización de la Justicia” o viceversa? Parafraseando a Jorge Luis Borges, pero en clave contraria, podríamos decir que aquí los senderos no se bifurcan sino que se cruzan. Y de la peor manera.

La Presidente subió el tono de la disputa con la corporación judicial durante el verano y en su mensaje al Congreso, el 1º de marzo último, anticipó las líneas principales de los seis proyectos que hoy transitan por las comisiones parlamentarias. Cristina debe recordar ahora aquella afirmación sobre el “fuego amigo” en las guerras, que a veces es más letal que el de los enemigos. Los planteos del presidente del CELS, Horacio Verbitsky, en particular a la iniciativa que regula las medidas cautelares, obligaron a recibirlo este martes en el Senado, donde el jueves será tratado con otros dos en el recinto. La discusión entre el influyente periodista y el secretario de Justicia, Julián Álvarez, no fue un debate entre iguales. Como es habitual en él, pero en buena medida apoyado en la precariedad del funcionario, Verbitsky planteó que a pesar de las mejoras que se aceptaron, la iniciativa es “defectuosa”. Es “lógico” que defienda su intervención en la redacción del proyecto, apuntó el titular del CELS en alusión a Álvarez, porque “no refleja lo que dijo la Presidente” en la apertura de las sesiones ordinarias, subrayó. También lo trató de mentiroso cuando el secretario advirtió, indignado por las objeciones, que la ONG había sido consultada. Y advirtió que, tal como está escrito, podría abrirle una puerta insospechada al Grupo Clarín. Si Cristina no avala el texto que impuso el Ejecutivo en el Senado se verá este jueves en la sesión donde debiera ser corregido y aprobado.

Aunque no es posible incluirlo en la categoría de “fuego amigo”, y ocupa un escalón bien inferior de la disputa política, la aparición del inefable Leonardo Fariña en el programa Intrusos, de América TV, tiene su miga. Considerado por Lanata un “valijero”, el joven agregó más confusión que la que había con su intervención televisiva. Y él cree que no le fue mal, si nos atenemos al guiño que le hizo a sus asesores que le daban letra desde atrás de las cámaras al final del programa. Apenas Fariña se fue del canal en un Mercedes último modelo, una orden cayó del “cielo" y, con prolijidad, comenzó a ser cumplida por todos los conductores. “Hay que poner el acento en la corrupción del kirchnerismo”, les dijeron. Y así fue. La sorprendente “politización” del canal que le da horas y horas a la farándula tiene una razón muy cercana: el inesperado rechazo de la oposición en el directorio de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA), este lunes, al plan de adecuación del Grupo Uno, el controlante de América TV y radio la Red y de una veintena de emisoras en varias provincias. Quien se opuso es el director y diputado (MC) Marcelo Stubrin, histórico dirigente del radicalismo que mantenía una estrecha relación con Enrique “Coti” Nosiglia, íntimo a su vez de José Luis Manzano. La decisión se pospuso porque amenazaba con producirse un escándalo y no era cuestión de sumar más alboroto al ya existente, pero en la próxima reunión de la AFSCA deberán analizar el “caso América” y la propuesta de Telefónica. Decenas de ojos estarán dirigidos hacia ese encuentro para evitar un estropicio.

El otro golpe

El mismo domingo 14 se produjo además lo que bien podría definirse como una victoria a lo Pirro que está llamada a tener consecuencias regionales. El presidente encargado de Venezuela, Nicolás Maduro, condujo al barco chavista al encallamiento con su magro triunfo sobre el derechista Henrique Capriles. Los pobres de ese país, que tenían en Hugo Chávez a su líder y conductor, a un padre político como en los ’50 lo fue Juan Domingo Perón para los “descamisados” locales, en menos de 60 días perdieron a su progenitor y, ahora, ven amenazada la hegemonía que el comandante había construido con sus más y sus menos en 14 años de ejercicio omnímodo del poder. Como ocurre con los liderazgos fuertes, ya surgirán los que recuerden con melancolía a Chávez, y no se los escuchará sólo en las filas de los “camisas rojas”, por cierto. Lo mismo ocurre en Argentina con Néstor Kirchner, a quien ahora reivindican hasta sus más acérrimos opositores. Siempre es mejor la certeza que da quien controla, aunque no se esté de acuerdo con las reglas, que la incertidumbre del vacío que dejan. Y nadie valora lo que tiene hasta que lo pierde. Al menos eso es lo que ocurre en nuestros países, y no hay que leer a Ernesto Laclau en “La razón populista” (2005, FCE) para darse cuenta de los motivos.

Cristina reclamó a Estados Unidos que reconozca de inmediato al gobierno surgido de las urnas, y entregó un argumento que, en otro contexto, no este de pre-guerra civil, podría ser de peso: que la Fundación Carter consideró al sistema electoral venezolano como el mejor del mundo, el más transparente. Las denuncias de fraude no eran generalizadas en la madrugada del lunes pero ahora, a través de los medios opositores, han comenzado a crecer como hongos después de la lluvia. La magra diferencia de 1,6 puntos porcentuales le abrió la puerta al salvajismo y los sectores más reaccionarios de uno y otro bando han comenzado a enfrentarse en las calles con un sangriento saldo. Por ahora en la intimidad, altos dirigentes chavistas maldicen el último deseo del líder de erigir a Maduro en su descendiente político. Su patética campaña le valió al chavismo la pérdida de casi toda la diferencia que lo separaba de la variopinta oposición, que, envalentonada, se ha lanzado a una campaña de provocación inusitada. Nada bueno puede parir esta demencial dinámica. Y no será gratis, ni para Venezuela ni para sus aliados. Cristina lo sabe: afuera y adentro, van y vienen por todo.

* Director de gacetamercantil.com

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23 de noviembre de 2017 | 23:46
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