opinión

Buscaré un lugar para ti

De Nino Bravo a Hilario Cuadros, algunas aclaraciones acerca de los términos "llorar", "implorar" y "jarilla".

Buscaré un lugar para ti

A veces, las palabras aparecen utilizadas con usos no actuales, cerca de su valor etimológico o, también, próximas al significado de algún otro vocablo emparentado con él, a partir de su origen.

El diccionario en vigencia registra esos casos como ‘inusitados’. Es lo que ha sucedido en la letra de esta bella canción, sugerida por “cuyano de alma”, cantada por la espléndida voz de Nino Bravo:

“Buscaré un lugar para ti, /donde el cielo se una con el mar,/ lejos de aquí,/ con mis manos y con tu amor,/ ploraré encontrar otra ilusión,/ lejos de aquí…"

Hallamos el vocablo ‘ploraré, que nos llama la atención, precisamente, por lo desusado. Si buscamos la etimología del término, nos remontamos al latín, donde hallábamos el verbo plorare. Un buen diccionario latino nos da varias acepciones: “llorar, gemir, lamentarse, deplorar”. Completamos la búsqueda con la actual versión online del diccionario de la Academia Española: para ‘plorar’ encontramos que es inusitado su uso y que equivale a ‘llorar’; pero entre las acepciones de ‘llorar’ vemos que se ha enriquecido su significado básico, pues al valor inicial de “derramar lágrimas”, se le suman otros: “sentir vivamente algo” y, también, “encarecer lástimas, adversidades o necesidades”.

Estos dos últimos valores serían, en mi opinión, los que convendrían para la letra de esta canción, cantada con un sentimiento muy profundo de amor unido a la desilusión por lo que se deja y a la expectativa por lo que se puede encontrar lejos del lugar desde donde se canta.

Por eso, también sería posible interpretar ‘ploraré’ con el valor de ‘imploraré’, verbo que se vincula, desde lo etimológico, con el que figura en la canción. Si tomáramos ese valor, significaría “pediré, con lágrimas y ruegos, encontrar otra ilusión, lejos de aquí”.

Vayamos a términos que se han perdido en el olvido y rastreemos nuestros recuerdos: el folclore ha atesorado el término ‘jarillero’, a través de un pregón serrano, creado por Hilario Cuadros:

¡Jarillero!...¡Jarillero!...
Jarilla fresquita
le vendo, señora
de los ojos negros,
de chapeca larga
y ondeado el cabello...
Esos ojos negros
a este jarillero
le han quitado el sueño...
Señora...,
le doy lo que tengo...
Está el carro lleno
de jarilla, chilca,
pichana y romero...
Todo se lo ofrezco:
mil yuyos del cerro
por una mirada, señora,
de sus ojos negros.

En cuanto a la flor de la jarilla, según leemos en  Los Andes, en junio de 2005, fue declarada ‘flor provincial’, a través de una encuesta realizada por la Dirección de Recursos Naturales. La belleza de esta flor, símbolo de humildad, fue  eternizada por el músico Emilio Dublanc, largamente radicado en Mendoza, en una partitura para voces iguales, que hoy se canta en varios lugares del mundo:

"Solo una flor de jarilla del campo me trajo, / Solo una flor de jarilla prendida en un gajo,/ Solo una flor de jarilla me trajo mi amor:/ Era la flor más sencilla, la más olvidada./ Solo una flor./ ¡Flor de jarilla es mi amor,/ casi oculto y sin fragancia!/ No lo marchita el dolor,/ El otoño o la distancia./ ¡Flor de jarilla, así es mi amor!"

Magia del habla, a veces memoriosa, a veces renovadora, siempre dúctil y dinámica, que nos permite atesorar vocablos y evocarlos para mostrar las diferentes aristas del multifacético español.

* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.

Opiniones (2)
15 de diciembre de 2017 | 01:17
3
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15 de diciembre de 2017 | 01:17
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  1. Esa tonada de Hilario Cuadros es de una belleza e inocencia conmovedoras: "Otro que celoso soy . . . ¡celoso y medio!" Saludos
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  2. Sra Ramallo, de nuevo gracias. Esperaré atentamente su próximo artículo. Saludos
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