opinión

Una puesta onírica para contar una lírica leyenda

Fue estrenada "Novecento" (La leyenda del pianista en el océano) del italiano Alessandro Baricco. Llevada al cine por el director Giusseppe Tornatore (Cinema Paradiso). Mendoza fue la primera provincia argentina en presentarla.

Una puesta onírica para contar una lírica leyenda

La falta de una promoción acorde con la importancia de la obra que se ofrecía fue uno de los factores para que los amantes del buen teatro perdiesen la oportunidad de ver la exquisita puesta teatral de una creación que pocas veces ha sido llevada a las tablas.

No obstante, en cada función (hubo dos) la concurrencia ocupó las dos terceras partes del teatro municipal Julio Quintanilla.

A bordo del trasatlántico Virginian, que hace la ruta entre Europa y América, recién comenzado el siglo XX, aparece sobre el piano de cola del salón de baile de primera clase una caja de cartón con un niño de pocos días en su interior. La encuentra uno de los marineros del barco, Dany Boodman, quien al leer la tarjeta que acompaña a la caja, que dice "T.D. Lemone", cree que T. D. significa, Thanks (gracias) Danny. Así que se hace cargo del niño, al que pondrá su nombre, añadiéndole, como homenaje el año que inaugura el nuevo siglo. El niño se llamará Dany Boodman T. D. Lemon Novecento y se convertirá en el más grande pianista de todos los tiempos.

Argumento y puesta en escena

Novecento es un argumento que juega entre lo real y lo onírico, con entornos y personajes ficticios, buscando indagar en los laberintos de la interioridad del ser. Produce una sensación de alegoría continua.

Muestra la soledad a través de la resignación, el rechazo a ampliar horizontes, el conformismo con lo que se tiene y el autoconvencimiento de que se es feliz de esa manera.

Lo que retiene a Novecento, el mejor pianista del mundo, que nace y pasa toda su vida en un barco, sin bajar nunca a tierra, es el miedo a luchar por lo que se quiere y perderlo.

El Virginian es todo su universo, que está compuesto por muchos otros, que son aquellos que le cuentan sus propias vivencias.

Novecento es un espectador del mundo pero que no se atreve a vivirlo.

En base a esta perspectiva no era una tarea simple, para la responsable de la puesta en escena, montar un clima escénico acorde con el estilo de Baricco.

Grazia Fresu, una connacional del autor, doctora en Filosofía y Letras, escritora teatral, poeta, docente universitaria, especializada en aquel, supo utilizar las herramientas apropiadas para una realización pulcra. Tal vez su innovación de poner un pianista en vivo en el escenario y dejarlo fuera del contexto temporal de la historia narrada fue chocante. Era un Novecento descolgado, perteneciente a nuestro presente. Quizás debió haber utilizado otra táctica más metafórica, más sugestiva y menos directa para proyectar al personaje hacia un clima más ficticio, conforme lo plantea Baricco.

Relevante elenco

Eligió un equipo de notables, encabezados por otro italiano, el actor Marcello Leone, cuyo oficio y calidad interpretativas, atraparon al público desde el principio (la obra dura casi dos horas ininterrumpidas).

Su desempeño fue tan convincente y prolijo que, a pesar de representar a dos personajes (el del trompetista narrador y al propio Novecento), en ningún momento dudó en el texto. Llenó todos los espacios escénicos con realismo y prestancia. Dueño de una gesticulación admirable, creó la sugestión entre los presentes de estar viendo un film (trabajó para el cine francés). Para esto tuvo la apoyatura de una escenografía y vestuario (Leticia Tagliaferri y Juana Rojas) sencillos, adecuados y evocativos, acompañados por una iluminación precisa y oportuna que le imprimió un clima sutil y fantástico, a cada escena.

No pasó desapercibido el papel del pianista y compositor mendocino Jorge Martín. Su carisma escénico acompañó el trabajo actoral de Leone, sumándose a sus acertadas interpretaciones musicales.

Forzoso es señalar el desacertado manejo técnico del sonido, que, por momentos, opacó el monólogo del actor, cuya voz era tapada por el piano o los efectos especiales.

Desagradó abiertamente al público que no disimuló su disgusto al final del espectáculo, reprobando a la Municipalidad por la falta de equipamiento o por la ineptitud técnica de los responsables del sonido.

Opiniones (1)
24 de noviembre de 2017 | 10:30
2
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24 de noviembre de 2017 | 10:30
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  1. Coincido con su descripción de la obra.la puesta y el problema técnico del sonido. Sin embargo el actor es carente de una voz más impostada y una dicción clara .El tema del sonido se solucionaba con una imprescindible prueba de sonido. Con estos defectos el espectáculo fue somnífero. Muy bueno el esfuerzo de presentar la obra, pero al Cesar lo que es del Cesar
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