opinión

Falacias en la disertación política

El caso Darín como tópico de la falacia argumentativa.

Falacias en la disertación política

Sumario:

1. Introducción. 2. Argumentación, vicios y falacias. 3. El “clare loqui”. 4. El caso “Ricardo Darín” y la respuesta presidencial de la Dra. Cristina Fernández de Kirchner. 5. Conclusiones. 6. Bibliografía.

Resumen:

La elección del tema que motiva este trabajo ha tenido por exclusiva finalidad exhibir la aplicación práctica de la falacia en el discurso político, que es en definitiva uno de los aspectos más importantes de la materia “Metodología de la Investigación Científica” en la que he participado. Asimismo debo remarcar que este ensayo en ningún modo ha pretendido abordar cuestiones políticas ni tratar aspectos ideológicos, ya que su objetivo exclusivo es, reitero, mostrar la importancia práctica de distinguir argumentos y falacias para capitalizar o denostar un determinado discurso, conferencia o alegato. Entiendo que todo esto está íntimamente ligado al denominado <clare loqui>, de indudable importancia práctica en cualquier alocución, conforme veremos a continuación.

En efecto la comunicación es de suma relevancia en el ámbito forense toda vez que permite trasmitir la creación de palabras en formas de premisas con la finalidad de llegar a una conclusión que sea convincente para el interlocutor, que muchas veces es un Magistrado.

Abstract:

The choice of theme that motivates this work has had the sole purpose of displaying the practical application of the fallacy in political discourse, which is definitely one of the most important aspects of the subject "Methodology of Scientific Research" in which I participated. I should also note that this test has no way intended to address political issues or try ideological, because its sole purpose is to, again, show the practical importance of distinguishing arguments and fallacies to capitalize or insult a certain discourse, conference or allegation. I understand that this is closely related to known <clare loqui>, of unquestionable practical importance in any speech, as discussed below.

Indeed communication is of paramount importance in the forensic field since it allows the creation of words convey in premises ways in order to reach a conclusion that is convincing to the party, which is often a Magistrate.

Palabras clave: Discurso, oratoria. Argumentos y falacias. El “Clare Loqui”.

Keywords: Speech, speech. Arguments and fallacies. The “Clare loqui”.

1. Introducción

Para la elaboración de este trabajo de análisis y reflexión he reparado con atención los objetivos trazados por el curso, es decir, saber identificar y distinguir argumentos y falacias como método de investigación adhiriendo a la idea de que una comunicación eficaz coadyuva a lograr óptimos resultados en el oyente o bien ante un auditorio.

Por tal motivo y teniendo por norte que el proceso penal como sistema de enjuiciamiento es un esquema epistemológico de averiguación de la verdad, considero de suma relevancia la formulación de argumentos idóneos o la detección prematura de falacias para lograr excelencia discursiva.

En efecto, una inteligente construcción ordenada de ideas seguida de una fructífera comunicación conduce al éxito discursivo de acuerdo a la propuesta que se ha trazado el ejecutor.

Así las cosas creo conveniente partir de la idea de argumentación, continuando luego por el concepto de falacia y sus distintas clases para finalizar con el análisis de la carta cursada por la Presidente de la Nación argentina al actor Ricardo Darin, intentando reconocer los vicios argumentales cuanto la identificación de los distintos tipos de falacia que la misma presenta.

Dejo constancia que este ensayo tiene por exclusiva finalidad aquilatar experiencia en el manejo eficaz de los conceptos teóricos en su faz práctica, encontrándose el autor absolutamente desligado de cualquier ideología política que el tratamiento del tema podría representar en el lector.

2. Argumentación, vicios y falacias 

“Argumentar” es el medio de fortalecer por medio de razonamientos eficaces premisas débiles para lograr su aceptación.

Según el diccionario de la Real Academia Española, argumentar significa valerse de argumentos, argüir, aducir razones favorables a la causa propia o contrarios para la adversa.

Huelga aclarar que para lograr estos propósitos vigorosamente es necesario conocer, distinguir y utilizar distintas técnicas argumentativas idóneamente.

Como vemos la argumentación es una variedad discursiva con la cual se pretende defender una opinión y persuadir a un receptor mediante pruebas y/o razonamientos, y en pos de ello se vincula con otros conocimientos, por ejemplo con la lógica (en cuanto a las leyes del razonamiento humano), con la dialéctica (en cuanto método por el que se puede formar toda clase de silogismos sobre todo género de cuestiones, partiendo de proposiciones simplemente probables) y con la retórica ( que es correlativa a la dialéctica, y que en su concepción actual es considerada como “... el estudio de las técnicas discursivas que tratan de provocar o de acrecentar la adhesión a tesis presentadas a un determinado auditorio).

Uno de los primordiales objetivos de la argumentación es persuadir y lograr adhesión a través de distintas técnicas argumentativas, es decir, operaciones  racionales proyectadas por el orador a través del lenguaje claro (clare loqui) y dirigidas a un auditorio.

Los vicios en la argumentación aluden a insuficiencias, deficiencias o fallas que los respectivos argumentos presentados pueden contener, ya sea de forma deliberada y/o accidental, que buscan obtener que sus tesis o discursos argumentales sean aceptadas y acogidas.

Dentro de la forma de presentación de los vicios argumentales, los autores en general la denominan con la expresión “falacias” y algunos diferencian su presentación en tres formas distintas, esto es falacias, paralogismos y sofismas.  Por lo pronto, decimos que el término “Falacia” se usa cuando sé pretende que un argumento tenga validez sin realmente poseerla; aunque dicho argumento contenga algún elemento que nos puede llevar a engaño si no estamos suficientemente atentos, y por ello, a pensar que es válido.  Algunos autores establecen una diferencia entre “Falacia y Sofisma”[1] y otros directamente los asimilan o consideran sinónimos es decir que “Falacia” es igual a “Sofisma”.Así lo entiende Ricardo GARCÍA DAMBORENEA, quien dice “...A todas las formas de argumentación que encierran errores o persiguen fines espurios, los llamamos falacias. El término procede del latín fallatia, que significa engaño, y lo empleamos como sinónimo de sofisma, palabra que acuñaron los griegos para designar el argumento engañoso...”.  

Falacia es un error lógico, es decir, un argumento imperfecto, quimérico, inválido o simulado con apariencia de ser correcto, verdadero o válido. Se equipara a un sofisma, es decir, a un argumento que no es tal argumento. Cuando una falacia se usa para aprobar una Ley, en un litigio o en política se trata de un argumento falso empleado premeditadamente para convencer a los incautos, lo cual se puede lograr gracias a su aparente validez. En definitiva ironías, sofismas, mentiras, etc. complementan el denominado argumento falaz.

A la falacia se le considera un engaño intencional con el fin de producir en un tercero impróvido un efecto determinado por quien la usa en su propio beneficio. En otras palabras, el uso deliberado de las falacias suele convertirse en una estafa. En materia de violación de derechos humanos, los infractores suelen invocar en su defensa la primacía de otros derechos a los que consideran absolutos.

El Diccionario de la Real Academia Española define falacia (del latín fallatia) como engaño, fraude o mentira con lo que se intenta dañar a alguien, también se dice del hábito de emplear falsedades en perjuicio ajeno. Falacia se equipara a un argumento falso, que el mismo diccionario define como engañoso, fingido, simulado, falto de ley, de realidad o de veracidad; 2. Adj. Incierta y contraria a la verdad. Citas falsas. Argumentos falsos. U. t. c. s.; 3. Adj. Dicho de una persona: Que falsea o miente. Entre otras acepciones. Sofisma es: Razón o argumento aparente con que se quiere defender o persuadir como verdadero lo que es falso. En todo caso, falacia y estafa tiene un punto común: la mentira, el engaño.

Delimitamos entonces a la “falacia” como todos aquellos argumentos aparentes introducidos en el discurso que buscan engañar o inducir a  error a un auditorio, oyente o interlocutor.  

La mentira puede ser una falsedad genuina o una verdad selectiva y tanto estas cuanto las falacias argumentales se difunden mediante la propaganda, recurso cosmético éste con el cual persuaden sutilmente al público para su homologación generando así una visión distorsionada de la realidad.

La falacia difundida por la propaganda desde el poder es un requisito indispensable para aumentar su vigencia. Cuando ello ocurre, la falacia se convierte en mentira y una mentida difundida y repetida en forma reiterada y tenaz adquiere el valor de una verdad irrefutable.

Siguiendo lo expresado por el Dr. ANDRUET, decimos que “... la falacia no es otra cosa que un argumento falso que la parte incorpora dentro de su discurso con la intención de que sea utilizado como tal, esto es como verdadero, con lo cual se pretende trasladar un error a la contraria, sea este el interlocutor juez o letrado, o ambos en definitiva”.  

A continuación enunciaré algunas de las argumentaciones falaces más usuales para luego proceder al análisis de la carta cursada por la Presidenta de la Nación, Dra. Cristina FERNÁNDEZ al actor Ricardo DARÍN, remarcando en ella las falacias habidas a juicio de quien suscribe.

1) Ad Populum: 

Son argumentos dirigidos al pueblo. Se atribuye esa designación a todos los recursos retóricos que buscan ganar el consenso popular a favor o en contra de cierta conclusión, por medio de la exaltación de los sentimientos que predominan en esa multitud y que no se encuentra sustentada en pruebas valederas, sino él en hecho de que un número de personas así lo creen.  

Ricardo G. DAMBORENEA, en su obra, la describe diciendo “... Se basa en la supuesta autoridad del pueblo, de una mayoría o, simplemente del auditorio, para sostener la verdad de un argumento, como si la razón dependiera del número de los que la apoyan: ...no es posible que tantos sé equivoquen, dicen. El recurso es evidentemente falaz, porque de lo que dicen muchos lo único seguro es que lo dicen muchos, y lo más probable es que se trate de un interés, un prejuicio o una pasión colectiva...”, y continua diciendo "...Estamos ante una falacia cuando se intenta probar mediante el peso de la opinión cosas que no son opinables. Para averiguar determinadas circunstancias las creencias de la mayoría son irrelevantes. Apelar a opiniones populares para sostener algo que debe ser comprobado objetivamente es una falacia de opinión, un mal argumento basado en una pésima autoridad. Todo el mundo no es una fuente concreta, no es imparcial y, generalmente, ni siquiera está bien informada...” y concluye “...Se puede combatir esta falacia rechazando la razón del número y su carácter de autoridad parcial y mal informada, pero es preferible aportar ejemplos y comparaciones...” 

2) Ad Baculum:

Razonamiento en el que para establecer una conclusión o posición no se aportan razones sino que se recorre a la amenaza, a la fuerza o al miedo. Es un argumento que permite vencer, pero no convencer. Ejemplo de éste tipo de falacia lo constituye la mueca de helicóptero que incluía en sus discursos el entonces Presidente Néstor Kirchner, aludiendo a la renuncia y salida de la casa Rosada del ex Presidente Fernando De la Rúa.

En realidad no es un argumento pues no busca convencer ni persuadir, sino que es lisa y llanamente una amenaza más o menos disimulada de hacer uso de la fuerza en el caso de que el receptor no realice lo que se le pide.

La expresión “ad Baculum” significa al bastón y se refiere al intento de apelar a la fuerza, en lugar de dar razones, para establecer una verdad o inducir una conducta. La denominación es irónica, puesto que no existe tal argumento: reemplaza la razón por el miedo. Su empleo exige dos (2) requisitos: disfrutar de algún poder y carecer de argumentos. Representa, con el insulto, la expresión extrema de la renuncia al uso de cualquier razonamiento. 

Es decir que estamos ante la presencia de un argumento que acude a amenazas para hacer que el interlocutor acepte una determinada opinión o punto de vista. Como es evidente, forzar al adversario dialéctico a aceptar una proposición por miedo es contrario a los fines del diálogo basado en razones y viola la primera regla de la etapa de argumentación.  

Cuando la amenaza no deja libertad a la otra parte para decidir libremente si aceptar o no la conclusión, el argumento ad Baculum será una falacia.  

3) Ad Medum (miedo): 

Aquí están los argumentos que utilizan el miedo como forma de persuasión. Los más usuales se dan en los parlamentos y asambleas. Se despierta por ejemplo, el temor de una guerra, o de perder una ayuda económica extranjera, o de perder la estabilidad monetaria, o de perjudicar las relaciones exteriores del país, etc., si no se adopta una medida determinada. 

4) Ad Verecundiam (apelación a la autoridad, a la costumbre, a la tradición):

Razonamiento o discurso en lo que se defiende una conclusión u opinión no aportando razones sino apelando a alguna autoridad, a la mayoría o a alguna costumbre. En otras palabras, vale más la autoridad, la opinión del partido o de un líder carismático. Se trata de una argumentación viciosa que reside en defender una opinión sin presentar pruebas.  

En esta falacia, según el profesor GARCÍA DAMBORENEA “... se produce un engaño con tintes dogmáticos que cierra el paso a cualquier crítica del argumento y acaba con la discusión. Es una falacia bautizada por LOCKE hace trescientos años, pero llevamos milenios empleándola...”. “... Podríamos llamarla “Falacia de la Autoridad Reverenda”, entendiendo por tal la que parece digna de respeto y veneración, esto es, casi infalible y, a todas luces, indiscutible. Esta falacia pone a prueba las emociones de la contraparte; más aun si esta se intimida por las opiniones de los grandes nombres o autores.  

En suma, concluye el profesor GARCÍA DAMBORENEA “... la falacia ad Verecundiam (al respeto o a la vergüenza), en lugar de ofrecer razones, presenta autoridades elegidas a la medida de los temores o respetos del adversario.

Apela, pues, a la vergüenza que produce rechazar a una autoridad que se supone indiscutible.

5) Ad Hominen:

Recurso que descalifica a una persona o grupo de ellas por su naturaleza, condición, atributos, características o circunstancias que le rodean. No importa lo que dice o argumenta. Todo ello es malo por lo que la persona es.

Consiste en dirigir la discusión, no sobre la cosa en cuestión (“ad rem”) sino sobre el hombre que la sostiene, de manera que el juicio positivo o negativo que recaiga sobre la persona, afecte a la proposición en cuestión. 

Ricardo GARCÍA DAMBORENEA nos dice: “...Se llama así todo mal argumento que, en lugar de refutar las afirmaciones de un adversario, intenta descalificarlo personalmente. Consiste, por ejemplo, en negar la razón a una persona alegando que es fea. Al describir a un oponente como estúpido, poco fiable, lleno de contradicciones o de prejuicios, se pretende que guarde silencio o, por lo menos, que pierda su credibilidad...”. “.. Estamos ante un ataque dirigido hacia el hombre, no hacia sus razonamientos. Es una agresión frente a un sentimiento de impotencia. Podemos distinguir dos (2) estilos: el ataque directo y el indirecto.

El directo pone en duda la inteligencia, el carácter, la condición, o la buena fe del oponente. Lo menos importante es si los términos del ataque son ciertos o falsos... Es comprensible que la idea puede desagradar. Pensar que los razonamientos de los monstruos son monstruosos es una ensoñación de idealistas y, para lo que aquí nos ocupa, una falacia ad Hominem. El tipo indirecto o circunstancial es un ataque que no se dirige abiertamente contra la persona sino contra las circunstancias en que se mueve: sus vínculos, sus relaciones, sus intereses, en una palabra, todo aquello que pueda poner de manifiesto los motivos que le empujan a sostener su punto de vista. Es la forma de ataque que sufre quien pertenece a un grupo (político, religioso o cultural) no porque sus ideas sean despreciables, sino porque se supone que disfraza con argumentos los intereses de su grupo. Aquí se trata de eludir las razones para, en su lugar, insinuar que el adversario habla por interés, que es sospechoso de parcialidad e incluso de mala fe, y, en consecuencia, que no se debe malgastar el tiempo rebatiéndole”. 

Continua expresando el autor “...Como acabamos de ver, tanto en el ataque ad Hominem directo como en el indirecto, se dejan a un lado los razonamientos para provocar una actitud de rechazo hacia el oponente y, en consecuencia, hacia sus palabras. Esta transferencia de la afirmación hecha por una persona a la persona misma resulta ser extremadamente atractiva para el público, de ahí el “éxito” de estas falacias. No se trata de saber quién tiene razón, sino quién gana, es decir, quién golpea con más contundencia. Si una de las partes sabe alinearse con los sentimientos de la mayoría y caracterizar a la oposición como un enemigo común, su ventaja es indudable. 

Y concluye el Profesor Ricardo GARCÍA DAMBORENEA “...Por eso conviene señalar que este juego es peligroso. Los ataques personales descalifican también al atacante, ya que muestran su irracionalidad y su indigencia argumental. Con frecuencia, sé vuelven contra quien los produce (resulta contraproducente), porque repugnan a los sectores más sensibles del auditorio. El caso es hablar para que no se note la carencia de razones. Abundan quienes consideran más grave callar que decir tonterías. Si alguna vez nos vemos impelidos al ataque personal hemos de procurar en primer lugar que culmine nuestro razonamiento (no que lo sustituya) y, en segundo lugar, revestirlo de formas corteses y, a ser posible, irónicas para mitigar sus efectos negativos. Si somos víctimas de este abuso oratorio, podemos defendernos al estilo clásico: azótame pero óyeme; Si ha terminado usted con sus insultos, nos gustaría escuchar sus razonamientos; Eso es una digresión. Ahora espero su argumento...”. Todas estas falacias revelan el común propósito de desviar la atención de la medida al hombre, de modo que la maldad de una propuesta se prueba por la maldad de quien la apoya, y la maldad de quien se opone prueba la bondad de una propuesta.  

Arthur SCHOPENHAUER, en su obra Dialéctica Erística, hace referencia a este argumento, describiéndola como Estratagema Nº 16 diciendo:

“...Con respecto a una afirmación del adversario, tenemos que buscar si de alguna manera no estará en Contradicción – en caso necesario, por lo menos en apariencia – con alguna otra cosa que el haya dicho o admitido previamente, o con los principios de una escuela o secta que él haya alabado o aprobado; también con hechos de quienes pertenecen a tal secta, o con los de miembros falsos o supuestos, o con su propia conducta...”.

De esta falacia se alimenta el derecho penal de autor según lo cual se criminaliza su condición, o más recientemente el derecho penal del enemigo (difundida por el jurista Gunther JACKOBS), mediante lo cual se eliminan garantías jurídicas y procesales para castigar más severamente a estos enemigos.

6) Ad Hominen inversa:

Consiste en un recurso contrario al anterior, según el cual por el hecho de ser de una forma se es bueno. Así, se diviniza o santifica una condición de la persona por lo que es, se le perdona cualquier conducta o argumento por su naturaleza, condición, atributos, características o circunstancias. Una evidencia de esta falacia es la corrupción. La corrupción del amigo se acepta, se justifica, no se procesa ni se condena.

7) Falacia de ambigüedad: 

La base de una falacia de ambigüedad consiste en el uso de argumentos que contienen palabras o términos de significado cambiante, con varios sentidos de manera más o menos sutil o imperceptible en el curso del razonamiento.

8) A la Mofa: 

Se usa este argumento para que mediante una oportuna observación o réplica burlona se haga caer el ridículo sobre el adversario o sobre una afirmación suya. Suele utilizarse por quienes quieren refutar a otro pero carecen de todo argumento. 

9) Ad Superbiam:

Se apela al orgullo, soberbia o arrogancia que el interlocutor tiene en contra de su contraparte; por ejemplo, cuando se exaltan las cualidades referentes a su actuar en su profesión, o a sus cualidades - reales o inexistentes -, etc. 

10) Ad Ignorantiam: 

Este argumento se da cuando se pretende dar por probada una determinada tesis a partir del hecho de que no se ha podido probar la tesis contraria.

Según Ricardo GARCÍA DAMBORENEA “...Llamó LOCKE argumento ad Ignorantiam al que se apoya en la incapacidad de responder por parte del adversario. El proponente estima que su afirmación es admisible -aunque no la pruebe- si nadie puede encontrar un argumento que la refute...Usted no demuestra que A sea falso ni que sea cierto lo contrario. Luego A es cierto...”

Es decir que como nadie puede probar la tesis contraria, la argumentación falaz se ampara en la ignorancia del interlocutor. 

Con referencia a las cuestiones judiciales, y en virtud a nuestro sistema jurídico, citamos al profesor Ricardo GARCÍA DAMBORENEA quien lo explicita de una manera clara “...En los tribunales, por supuesto, está prohibido el paso a la falacia ad ignorantiam. Quien acusa debe probar su acusación más allá de toda duda razonable (In dubio, pro reo), y quien la rechaza no precisa probar nada, porque se le presume inocente. Le basta con refutar los argumentos de la acusación. Ahora bien ¿constituye esta presunción de inocencia una falacia ad ignorantiam? Aparentemente, sí: El acusado es inocente porque usted no puede demostrar lo contrario”

Y continúa expresando el autor “... No estamos ante una falacia porque la presunción de inocencia no prueba ni pretende probar la inocencia. Puede muy bien darse el caso de un culpable cuyo delito no se logre demostrar. Estamos ante una “regla prudencial” que, para evitar el castigo injusto de los inocentes, aconseja considerar a todos los acusados como si fueran inocentes mientras no se demuestre lo contrario. Cuando un jurado dice inocente o no culpable (not guilty), no pretende afirmar la inocencia, sino la falta de pruebas, y eso es lo que importa, pues sólo sé castiga la culpa probada. Los jueces de la Roma republicana al votar la sentencia de un caso dudoso escribían en su tablilla: “N.L”. que significa non liquet (no está claro que sea culpable). Un acusador que traslada la carga de la prueba es falaz. Un acusado que exige la prueba, no, porque no está obligado a probar su inocencia. (en muchísimas ocasiones es imposible probar la inocencia ..”).  

Con respecto a la manera de contrarrestar a este tipo de falacia, dice: “...La mejor manera de combatir la falacia ad ignorantiam consiste en exigir que se atienda la carga de la prueba, es decir, que quien sostiene algo o acusa a otra persona, pruebe sus afirmaciones. Cualquier otro camino nos deja en manos del argumentador falaz. El acusado que, en lugar de exigir pruebas, intenta demostrar su inocencia, acentúa las sospechas. “...En las situaciones inverificables, es decir cuando no es posible ni probar la verdad ni la falsedad de algo, como ocurre con los extraterrestres, siempre podemos alegar que no sabemos lo suficiente para formar un juicio ni a favor, ni en contra: ¿cómo se prueba que Dios existe o que no existe? Nuestra conclusión debe ser que, a la luz de la razón, la cuestión está abierta. Debiéramos decir que es una cuestión no pertinente o impertinente, pero nunca faltan indocumentados que toman esta expresión como un insulto...”. 

Siguiendo al distinguido profesor Ricardo GARCÍA DAMBORENEA dentro de esta falacia se incluyen otras, entre las que podemos mencionar:

11) Falacia de la pista falsa: 

Que consiste en distraer la atención del oponente y del auditorio hacia un asunto colateral para disimular la debilidad de la propia posición. Por ejemplo: ¿No está usted de acuerdo con el juicio a las juntas militares? ¿Es que no le importan los treinta mil desaparecidos, ni el dolor de sus familias?. Esto se produce en cualquier conversación de una manera tan inconsciente que impide considerarlo falaz.

La pista falsa, debe ser colateral a la cuestión, porque ha de estar relacionada con ella aunque sea indirectamente. De otro modo el auditorio no aceptará la fuga. Si se está discutiendo sobre la clonación de animales uno puede desviarse por la rama del hambre en el mundo sin que se note demasiado la trampa.

12) Falacia casuistica: 

Consiste en rechazar una generalización alegando excepciones irrelevantes. Es una falacia muy extendida, mediante la cual el adversario intenta llevarse el debate y/o concentrar la atención en los aspectos que sólo a él interesan (excepciones y casos particulares). Es una argucia muy socorrida porque entorpece la discusión y distrae al adversario con detalles nimios. Es una artimaña fecunda porque contribuye mejor que ninguna otra a degradar un debate que no se puede ganar, a falsearlo y a confundir al auditorio.  

13) Falacia Ad Consecuentiam: 

Aquella con la cual se pretende refutar una tesis o un plan apelando a consecuencias irrelevantes para lo que se intenta demostrar.

Es una falacia que deforma la realidad insertando juicios de valor donde no hacen al caso. No es posible resolver si la proposición es verdadera o falsa alegando que no es deseable.  

14) Ad Misericordiam: 

Se apela a movilizar los sentimientos de piedad del auditorio, antes de formalizar las propias razones serias y consistentes con las cuales la argumentación debe ser ejecutada. Esencialmente “...Consiste en apelar a la piedad para lograr él asentimiento cuando se carece de argumentos. Trata de forzar al adversario jugando con su compasión (o la del público), no para complementar las razones de una opinión sino para sustituirlas...”. “...Uno apela a las emociones cuando piensa que serán favorables a su causa, lo cual es legítimo, pero comete una falacia cuando lo hace por carecer de argumentos.

15) Por el Sacrificio:    

Es aquel por el cual el interlocutor procede a dejar de lado distintas tesis argumentales para lograr la rápida aceptación y resultado de su disertación, sacrificando de esta manera intereses personales o económicos.  

16) Ad Odium - Ad Iram: 

En el primero (Ad Odium) se explota el odio del oyente hacia una persona o cosa. El segundo de ellos - (ad Iram)- se aprovecha la ira que el receptor siente hacia alguien. Como vemos en ambos no existe un argumento de racionalidad que sustente dicho argumento, solo dichos sentimientos o emociones.  

17) Falacia de Accidente: 

Se produce cuando a un determinado sujeto o cosa se le coloca una cualidad como esencial y en verdad no tiene dicho carácter o no le corresponde al mismo.  El profesor Ricardo GARCÍA DAMBORENEA la describe diciendo: “....Se comete al confundir la esencia con el accidente, lo sustancial con lo adjetivo. Incurre en ella, por ejemplo, quien juzga por las apariencias... La Falacia del accidente se comete por tomar una propiedad accidental como esencial, lo que conduce a errores al generalizar y al definir: Atribuimos como esencial a todos los individuos de una especie una cualidad que sólo conviene accidentalmente a algunos de ellos...". 

La mayoría de las Falacias del accidente se cometen al generalizar a partir de los accidentes de las cosas, lo que ocurre con más facilidad cuando los datos son insuficientes: Todos los españoles bailan flamenco. 

18) Falacia Causa por Causa: 

Este sofisma argumental se produce, cuando se intenta explicar un determinado hecho o fenómeno por algo que no es su verdadero origen o causa. El jurista Arthur SCHOPENHAUER, en su obra aplica este sofisma a dos de sus estratagemas, como son los números 14 y el número 20, al decir: “... Estratagema 14.. cuando el adversario ha respondido a varias preguntas sin favorecer la conclusión que teníamos pensada, se enuncia y se exclama esta triunfalmente como si ya estuviera demostrada, aun sabiendo que no se sigue de las respuestas dadas por el adversario... Esta estratagema pertenece a la fallacia non causae ut causae (engaño producido al tomar lo no fundamentado por el fundamento).”.

“Estratagema 20.. Cuando hayamos obtenido del adversario la concesión de una premisa que requeríamos, tenemos que deducir la conclusión deseada no con más preguntas, sino concluyéndola inmediatamente nosotros mismos; así incluso careciendo todavía de una u otra de las premisas, la tomamos también como igualmente concedida y deducimos de esta forma la conclusión. Lo que resulta entonces es la aplicación de la fallacia non causae ut causae (falacia que consiste en tomar por fundamente lo que no es)...”. 

19) Falacia de petición de principios: 

Se trata de introducir como premisa en el razonamiento aquello que se quiere demostrar. Es decir que este tipo de argumento utiliza como premisa lo mismo que dice la conclusión.

Según ANDRUET, “ ..tiene como nota propia el de consignar en la premisa inicial aquello que luego será objeto de demostración en la conclusión...". La idea es que de una demostración no puede apoyarse en la conclusión. Una cosa no puede ser probada por sí misma. Por esto la falacia consiste en postular o sentar aquello mismo que es preciso demostrar (Aristóteles). 

Se puede presentar este tipo de sofisma de dos (2) maneras: (i) porque se utiliza como premisa lo mismo que afirma la conclusión o algo cuya verdad depende de ella o (ii) porque se usa como premisa algo cuya verdad no está probada, es algo opinable.

Ejemplo: Todos los perversos han de ser castigados en este mundo o en el otro. Hay perversos que no son castigados en este mundo. Luego lo serán en el otro. En la primera premisa se da por supuesto algo que no está probado y que no todo el mundo acepta. Lo que sirve de prueba en un argumento debe ser más claro y conocido que lo que se quiere probar. Es preciso que la conclusión busque un apoyo que no se cuestione.

Este sofisma de Petición de Principio da por descontado que el interlocutor aceptará como evidente una proposición no demostrada. La cometen con frecuencia quienes parten de supuestos religiosos o ideológicos que consideran indiscutibles.

Tras esta breve clasificación de las falacias que suelen filtrarse en los discursos, y antes de adentrarnos a la revisión de la carta cursada por la Señora Presidente de la Nación, Dra. Cristina FERNÁNDEZ al actor argentino Ricardo DARÍN en respuesta a una crítica que éste vertiera en una entrevista respecto de la riqueza presidencial, haremos una breve referencia al denominado “clare loqui”, a juicio nuestro íntimamente ligado a una sana exposición.

3. El “clare loqui”

Puede afirmarse −sin hesitación− que la “claridad discursiva” es un presupuesto indispensable de cualquier argumentación legítima, aforismo que tiene especial significación en el ámbito forense, donde impera la dialéctica y la retórica.

Ya Aristóteles en su clásica obra “Retórica” destacaba a la claridad dentro de las cinco virtudes esenciales de la expresión, consistente en elegir las fórmulas o expresiones más aptas para que el discurso haga patente lo que se quiere decir. En tal sentido, la claridad apunta a erradicar la ambigüedad y la vaguedad expresiva, de modo que entre ambos rectores se posibilite el diálogo en un mismo plano lingüístico.

En directa relación con lo expuesto, a los fines de alcanzar una realización ideal del espacio argumental en el proceso o discurso, ineludiblemente se requiere que todos sus protagonistas respeten lo que -desde la doctrina- ha dado en llamar “principio clare loqui”, o “Principio del Favor Argumentativo Prima Facie”.

Éste último “aparece como una suerte de regla de hermenéutica argumentativa por la cual, como personas razonables que son ─o deberían serlo─ quienes están argumentando, se impone que los argumentos utilizados por ellos sean claros, evidentes y explícitos. De tal manera, que no resulta posible que se argumente, como tampoco que se interprete ésta, por los canales que resulten o parezcan contradictorios, entimemáticos, oscuros u opuestos al sentido común, como lo que habitualmente acontece o con lo que la práctica corriente ordena” (ANDRUET, Armando S., “Aplicación del principio de cooperación dinámica en la argumentación jurídica”, Revista de Derecho Procesal, Sentencia I, Ed. Rubinzal Culzoni, Santa Fe, 2007, pág. 159). Por vía de consecuencia, “se puede afirmar que se desprecian las argumentaciones que tienen elementos ocultos o crípticos y que habrán de poder constituirse ulteriormente como emboscadas para los otros argumentantes” (ob. cit, pág. 161). Estos se denominan vicios de la argumentación, que toman forma de falacias o sofismas.

Así, puede entonces sostenerse que el principio argumental referenciado impone a todos los sujetos intervinientes en determinado proceso dialéctico un ineludible deber de ser claro al tiempo de asumir una determinada posición discursiva, de modo de aventar equívocos, anfibologías, o confusiones en sus destinatarios.

Ocurre que, sólo de cumplirse con el postulado de claridad se hace cognoscible el contenido de un argumento, de modo que es un requisito inexcusable para habilitar su ulterior inspección. De lo expuesto se sigue que la explicación clara no sólo tiende a respetar principios basales del proceso, como son el de moralidad y buena fe procesal, sino que tiene raíces constitucionales por cuanto alcanza la defensa en juicio (Art. 18 de la Const. Nac.).

La aludida regla argumental, encuentra en nuestro ordenamiento adjetivo expresa consagración, ya que determinadas coyunturas procedimentales reclaman a las partes ─de manera positiva─ que se expresen con particular claridad, es decir, que se hable claro (clare loqui); y en el supuesto de no hacerlo, quedará el litigante respectivo sumido en el riesgo de soportar una situación procesal desventajosa (conf. PEYRANO, Jorge W., “Del ´clare loqui´ (hablar claro) en materia procesal”, LA LEY, 1992-B, 1159). Por caso, la carga de demandar en términos claros (vgr. Art. 175 inc. 4 CPCC, al igual que el Art. 330 inc. 3 del CPCC Nacional), o de contestar la postulación en iguales condiciones (Art. 192 CPCC). De allí que se le asigne a la regla bajo la lupa, la naturaleza de “carga procesal” desde el prisma de los litigantes.

Como no puede ser de otro modo, porque también son operadores jurídicos y participantes del diálogo forense, sobre los órganos judiciales pesa igual exigencia de hablar claro (clare loqui). Sin embargo, por razones obvias, tal regla se impone no a título de “carga procesal” sino como un verdadero “deber funcional” de expresarse con claridad de modo de evitar ambigüedades, y ─por carácter transitivo─ equívocos o malentendidos en los litigantes. Del mismo modo debe procederse en el discurso político en sus distintas variantes, siendo del caso precisar que en el caso hemos tomado una misiva cursada por la Presidente de la Nación a un ciudadano popular por los éxitos logrados en su carrera de artista (actor).

Dicho imperativo de actividad respecto del Tribunal encuentra un doble orden de justificación. Por un lado hunde sus raíces en el deber legal de fundamentar debidamente las resoluciones jurisdiccionales (Art. 155 Const. Prov. y Art. 326 CPCC), ya que de inobservarse elementales reglas argumentales (cons. VIII. 1) no se permite que el justiciable conozca las razones que la motivan, desde que no será comprensible el iter de su razonamiento, lo que las priva de todo control. De otro costado, igualmente se nutre de aquel otro deber (derivado del Art. 18 de la Const. Nac.) que impone a los magistrados asumir la dirección del proceso, ejerciendo dicha función de una manera que no provoque incidencias, ni menos aún, indebidas restricciones o limitaciones en los derechos defensivos de los litigantes.

En el caso de un funcionario político el clare loqui tiene no menor importancia, ya que la Constitución Nacional le asigna la máxima magistratura del país situación que proyecta efectos en el orden internacional, donde un equivocado discurso o desvío argumental pudiera tal vez generar una reacción imprevista o fuera de una debida escala, al margen de cierto compromiso de orden diplomático de la Nación.

En dicho marco, por aplicación de estas reglas, se advierte que no puede cohonestarse que el juzgador coloque a una de las partes, por no hablar claro, en una verdadera “emboscada procesal”. El principio clare loqui impone un comportamiento procesal específico (hablar con claridad, expresarse de modo tal de no generar equívocos), y tal exigencia -como adelantamos- comprende no sólo a las partes sino también a la actividad del Tribunal, (Cfr. PEYRANO, Jorge W., “Otra propuesta para un nuevo vocabulario procesal: el concepto de potestad procesal” L.L. 1994-E, 1111; PEYRANO, Jorge W., “Carga de la prueba -Actualidad-. Dos nuevos conceptos: el de imposición procesal y el de sujeción procesal, JA 1992- VI-744).

De tal guisa, su incumplimiento tiene virtualidad de invalidar la actividad jurisdiccional, infeccionando un pronunciamiento judicial, e ─incluso─ invalidar las resoluciones que sean su consecuencia.

Ocurre que -como es natural- la actividad del Tribunal encuentra un valladar infranqueable, cual es el respeto irrestricto del “derecho de defensa” de las partes, lo que impone un obrar positivo y claro en la dirección del proceso así como en la fundamentación de sus resoluciones, de modo de aventar oscuridades o ambigüedades que terminen por zaherir garantías reconocidas constitucionalmente (Art. 18 Const. Nac.).

Bien es cierto que el ordenamiento adjetivo brinda herramientas para aclarar las resoluciones jurisdiccionales, de modo de proscribir toda duda en torno a su recta interpretación (por caso, las derivadas de los Arts. 336 y 337 del CPCCC). Pero sin desconocer dichas facultades de la magistratura (cargas para las partes), de lo que aquí se trata es de que ante una resolución oscura o ambigua, las consecuencias que de ésta derive el propio Tribunal que la dictó no tomen por “sorpresa” a las partes, aclarando su sentido ex post facto de un modo que implique pérdida de derechos o facultades procesales. En tal caso, al infringirse la regla de claridad habrá sido la propia conducta del Tribunal la que comprometa -seriamente- el principio de bilateralidad, que es el basamento del principio en comentario. Ello deviene intolerable en un estado de derecho, ya que supone una deslealtad nada menos respecto de quien debe velar porque estas conductas no ocurran.

En suma, como derivación del principio clare loqui, una misma conducta ─deber de claridad─ al tiempo que constituye una carga procesal para las partes, impone un deber funcional para el Tribunal. Por tanto, su incumplimiento genera consecuencias negativas para las primeras, al tiempo que para el órgano jurisdiccional, podrá implicar -es una contingencia- la anulación de la resolución que contiene el yerro, así como también de aquéllas que sean su consecuencia, desde luego, siempre que existiera -grave- afectación al derecho de defensa.

Estos sólidos fundamentos de la imposición del clare loqui surgen del fallo “TISSERA HERIBERTO JUAN c/MUNICIPALIDAD DE VILLA MARÍA- ORDINARIO- CUERDERNILLO DE TRAMITACIÓN DE RECURSO DE APELACIÓN- RECURSO DIRECTO” (Expte. “T”, 14/09) y en cierto modo se han  visto reflejados por la CSJN en el fallo “MACHADO” del pasado 15 de noviembre de 2011, con dictamen de la PGN.

Y por último entendemos que la claridad a que hemos aludido también debe ser respetada por todos los funcionarios de las más altas magistraturas del país, sin perjuicio de resultar aceptable que en la argumentación o réplica argumental se pueda válidamente recurrir a falacias o sofismas que permitan una fructífera interacción discursiva de acuerdo a los propósitos que guíen al orador o al auditorio en determinadas circunstancias.

A continuación se pasara a ejemplificar con un caso práctico la aplicación y uso que tanto de las distintas falacias como sofismas se hace en el ámbito político, tomando para ello dentro de la clasificación anteriormente explicitada, los argumentos que con más continuidad se presentan, a cuyo fin he elegido la misiva que la Señora Presidente de la Nación cursara al actor Ricardo Darín en el mes de enero del corriente año, por ser a mi juicio, un texto plagado de falacias.  

4. El caso “Ricardo Darín” y la respuesta presidencial de la Dra. Cristina Fernández de Kirchner

                                      Buenos Aires, 06 de enero de 2013

Señor Ricardo Darín:

De mi consideración,

Quiero en primer término felicitarlo una vez más por su trayectoria artística y por haber dado al cine argentino memorables actuaciones. Entre otras, El Secreto de sus Ojos y un Cuento Chino me parecen interpretaciones, sobre todo esta última, que no sólo evidencian su enorme talento sino que han logrado premios y reconocimiento internacional a nuestro cine. (Falacia ad superbiam[2] y falacia ad populum[3]).

¿No sé si sabe que soy una cinéfila total? (Falacia de la pista falsa[4] y falacia de la pregunta compleja[5]).

Pero bueno, como usted imaginará no le envío la presente sólo para comentarle la cartelera cinematográfica. Si. Acertó. He querido escribirle luego de leer en varios periódicos del día de hoy sus inquietudes e interrogantes: “Declaraciones sobre política del protagonista de la Luz de tus Ojos. Darín: Que alguien me explique el crecimiento patrimonial de los Kirchner”, titula hoy Clarín en página 24. Se ve que quien escribe la columna, que por otra parte no tiene firma, no ha visto sus películas, no por lo menos la que yo considero una de las más lindas, porque confunde el título. Vió. Nada que ver. (Falacia ad hominem abusivo[6])

No quiero apartarme de una de las cuestiones centrales de sus preocupaciones: “Que alguien me explique el crecimiento patrimonial de los Kirchner”.

Es obvio que, por razones de público, notorio y doloroso conocimiento, - esto último por lo menos para algunos argentinos -, la única que le puede responder soy yo, Cristina. Y es precisamente una de las razones que más me movilizaron y decidieron a hacerlo. Es tan difícil que alguien que no está pueda defenderse que usted entenderá los motivos por los que le escribo. (Falacia de la pista falsa).

Ricardo, permítame llamarlo por su nombre de pila como usted lo hace conmigo en su entrevista en la revista Brando, porque es más amigable y aleja toda posibilidad de pelea y confrontación que tanto parecen afectarlo. No quiero imaginar cómo se sentiría usted si alguien llevara carteles escritos por la calle insultándolo, deseando su muerte o festejando la de su compañero de toda la vida como me ocurre a mí en algunas manifestaciones opositoras. (Falacia argumentum de la misericordiam[7]). ¿Nunca vio alguna? (Falacia de la pregunta compleja). Seguro que sus múltiples ocupaciones y compromisos propios de un artista exitoso le restan tiempo para una observación más completa de la realidad, pero no se preocupe, tampoco es culpa suya, seguramente los medios que usted lee no publican esa información. (Falacia de argumentum ad hominem circunstancial[8]).

Pero sigamos con el tema del crecimiento patrimonial. Quiero decirle que no ha habido funcionarios públicos, sean políticos, gobernadores, legisladores, intendentes, jueces o jefes de gobierno más denunciados penalmente e investigados por la justicia argentina en materia de enriquecimiento, que quien fuera mi esposo y compañero de toda la vida, y quien le escribe. No sólo se investigó a fondo sino que también se designó al cuerpo de peritos de la Corte Suprema de la Nación para que realizara pericias contables, que duraron meses, y concluyeron que no se había cometido ningún acto ilícito, lo que obligó al juez a desestimar las denuncias. (Falacia de la pista falsa[9]).

Nunca en toda la historia política de la Argentina se ha podido acceder a las Declaraciones Juradas de un funcionario público con mayor facilidad, frecuencia y publicidad que a las de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. (Falacia casuística[10] y falacia ad misericordiam).

Ríos de tinta, fotografías, y todo lo que uno pueda imaginar en torno a una Declaración Jurada. Lo desafío a que intente encontrar lo mismo de algún funcionario público opositor ma non troppo, juez, gobernador, legislador o intendente.

Mire Ricardo, sin ir más lejos hoy otro diario, La Nación, propietario de la revista Brando donde usted formuló las declaraciones que llamaron mi atención, publica en su página 16 un reportaje al Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli. No sólo me enteré de que mantiene sus ahorros en dólares (está en todo su derecho a hacerlo) sino que cuando el periodista le preguntó por el monto de sus divisas, se rehusó a contestar y declaró que el monto figura en su Declaración Jurada, que es pública. (Falacia ad odium[11] y falacia ad hominem impropio[12]). En un apartado de la nota los periodistas se muestran luego sorprendidos porque además, cuando pretendieron acceder a la información, no se les permitió hacerlo.

Nadie parece preocuparse por ninguna otra Declaración Jurada que no sea la de “Los Kirchner” (sic). Sólo se conocen fotos de las casas en que vivíamos nosotros, y ahora habito solamente con mi hija. ¿Se publican fotos de las casas de gobernadores, jueces, altos magistrados, intendentes, concejales, legisladores actuales o de mandato cumplido? Sin embargo todo el país conoce mi casa, la de Rio Gallegos, y a pesar de que a pocas cuadras y en el mismo barrio viven dos legisladores de la oposición en casas mucho más importantes que la mía, nunca se vió una foto. ¿No le parece raro, Ricardo? Ni hablar de mi casa de El Calafate. Vió que los medios nunca van al Delta, Punta del Este, Miami. ¿Es extraño verdad? (Falacia de la pregunta compleja[13])

Siempre me pregunto por qué siguen también la vida de mis hijos, dónde van, con quién, y nadie parece preocuparse de la vida rumbosa que esposas, hijos, hijas y otras yerbas de otros políticos llevan adelante en fiestas y viajes permanentes que parecen no tener fin.(Falacia de la pista falsa). ¿No le llama la atención? (Falacia de la pregunta compleja[14]). Me parece que las personas con tantas inquietudes e interrogantes deberían observar estas cosas. Pero sabe qué, después de todo, el haber sido y seguir siendo los únicos funcionarios públicos observados y fotografiados con tanta tenacidad, nos ha permitido demostrar que vivir en un país donde el único político investigado es el Presidente (o la Presidenta, como me gusta decir a mi), significa que vivimos con la más absoluta libertad. Eso sí, con la información más retaceada sobre otros funcionarios (Falacia de la pista falsa).

Sería bueno, sano y transparente para el sistema democrático si todas las Declaraciones Juradas de gobernadores, intendentes, jueces, magistrados, ministros de la corte, estuvieran a disposición de toda la sociedad, publicadas, analizadas y publicitadas como siempre lo son las de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. (Falacia ad misericordiam).

Usted quería que alguien le explicara. Ya se lo hemos explicado a la Justicia y a peritos de la Corte. Descarto, Ricardo, que usted confía en la Justicia. (Falacia ad baculum[15])  Usted mismo fue acusado y detenido por un juez en marzo de 1991, por el delito de contrabando de una camioneta que ingresó al país con una franquicia especial para discapacitados. Perdón, no le deseo el mal a nadie, pero menos mal que no estábamos “Los Kirchner” en el gobierno, o hubiera sido considerado una persecución política. ¿Lo recuerda? La verdad yo lo había olvidado, con tantas cosas en la cabeza, pero hoy entré a clarín.com y leí la nota “Un fallo benefició a Darín”, algunos de cuyos párrafos le transcribo: (Falacia ad Medum[16] y Falacia ad Baculum).

Los jueces de la Sala A de la Cámara, Nicanor Repetto y Edmundo Gendler, consideraron que por el paso del tiempo la acusación contra el actor está prescripta. Pero se preocuparon por aclarar que el actor sabía que estaba comprando la camioneta en forma irregular.

“Debe descartarse bajo todo punto de vista la buena fe de la compra”, apuntaron los jueces. Y advirtieron que el actor "tuvo una actitud claramente responsable".

Lo que leí y me llamó la atención en la entrevista de Brando, es su convocatoria a una reconciliación. Y disculpe si le digo que soy yo la que me gustaría que explicara que significa para usted “reconciliación” (no se sienta presionado o intimidado, si prefiere no hacerlo está en todo su derecho).(Falacia Ad Hominem[17]).  Porque no vivimos en un país niño, como ha dicho usted y es el título de la nota de la revista Brando, sino en un país democrático donde cada uno es libre de decir lo que se le de la gana, y le aclaro que me encanta vivir así y no como lo hicimos durante los años de la dictadura. Por eso, ¿Cómo llamaría usted a un país donde nadie hablaba excepto las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo? Si este es un país niño, ¿aquel qué sería, un país in vitro? (Falacia de la pregunta compleja).

Sigamos con el tema de la reconciliación. Me interesa saber a que qué se refiere. ¿A los juicios de lesa humanidad? Porque ha habido alguna jerarquía eclesiástica que se ha referido a terminar con los juicios por la memoria, verdad y justicia utilizando justamente el término “reconciliación”. O tal vez usted se refiera a que me reconcilie con quienes me desean la muerte, festejan la de Néstor o les gustaría destituirme. ¿No sería mejor pedir que cesen los insultos, las agresiones, los golpes a periodistas o la falta de respeto a la voluntad popular? Falacia ad Misericordiam y Falacia de la pregunta compleja).

La palabra “reconciliación” goza de múltiples acepciones. ¿Con quiénes deberíamos reconciliarnos? (Falacia de la pregunta compleja). Porque créame, no estoy peleada con nadie, aunque sí es público y claro que existen diferencias de pensamiento con respecto a nuestro proyecto de país, políticas públicas, la memoria, verdad y justicia... y eso es vivir en un país democrático. No ponerse de acuerdo también es un derecho, como lo es resolver de acuerdo a la voluntad y responsabilidad que el voto popular le ha asignado a cada uno, sin la menor soberbia, simplemente con la responsabilidad que me otorga la Constitución Nacional. (Falacia Argumentum ad verecundiam[18])

Usted define que el problema de nuestro país es la falta de “tolerancia”. Hubo un tiempo en que yo usaba esa palabra, sin embargo me di cuenta de que la significación de tolerar, era algo así como que te aguanto porque no me queda otro remedio, entonces decidí cambiarla por “aceptación”. Aceptar al otro, al diferente, al que piensa y actúa diferente. Piénselo, es más positivo que tolerar.

¿Recuerda usted algún otro momento del país con tanta libertad, libertad de palabra, de pensamiento y de acción?¿Recuerda usted que se haya tratado a un Presidente de la Nación como se me trata a mi desde medios, dirigencia opositora, etc.? (Falacia de pregunta compleja). No crea que me molesta, yo he vivido cuando era joven otro país que era el que cantaba Charly cuando decía “Los que están en los diarios pueden desaparecer, los que están en la radio pueden desaparecer, los amigos del barrio pueden desaparecer, pero los dinosaurios van a desaparecer”. Afortunadamente ya no estamos en esa etapa del país, aunque algunos dinosaurios resisten, atacan, impiden y algunas cosas peores. Estoy segura de que a usted los dinosaurios tampoco le gustan. (Falacia ad populum).

No lo distraigo más. Usted se preguntará y esta mujer, con todo lo que tiene que hacer, se ocupa de escribirme... Y debo reconocer que soy un poco cholula y usted es uno de mis actores preferidos. (Falacia ad Superbiam). Hoy es sábado 5 de enero, víspera de Reyes, estoy en El Calafate, leí los diarios y me pregunté, por qué no explicarle a Ricardo Darín, algo que lo tiene tan preocupado.

Con todo mi respeto y admiración.

Cristina Fernández de Kirchner

Presidenta de la Nación Argentina

P.D.: Podría haberle contado también como se encontraba nuestro país en mayo de 2003 cuando Néstor Kirchner asumió con apenas el 22% de los votos (Falacia ad Medum), pero como nunca lo había escuchado hacer declaraciones políticas antes, en su extensa y exitosa trayectoria, supongo que debía estar más de acuerdo con el otro país que con este. No lo tome como reproche, está en todo su derecho. Ah! Me dijeron que su nueva película, un thriller (le aclaro que me encantan), es muy buena y desde ya me atrevo a recomendarla. (Falacia ad Superbiam). Atentamente y con la misma consideración de siempre.

4.       Conclusiones

         “Las falacias se construyen para alcanzar una ilusión, es decir, una utopía”.

Primeramente he expresado de manera clara y teóricamente, en que consiste la argumentación en general y las falacias en particular, todo ello con la intención de presentar el tema brindando sus lineamientos esenciales.

Posteriormente he conceptualizado los distintos vicios que componen la argumentación, exhibiendo las deformaciones que suelen presentarse en forma recurrente en el ámbito político discursivo.

Asimismo he puesto énfasis en algunos ejemplos para poder evidenciar como juegan los argumentos falaces en un discurso, y la dificultad que presenta su clasificación amén de reconocer la falacia en si misma.

Estimo que el ejemplo final traído a colación ha permitido el objetivo de este trabajo, permitiendo que el lector pueda identificar falacias discursivas y concientizar de su importancia práctica al momento de ensayar una argumentación o contraargumentación, para lo cual se requiere del “clare loqui”, al que también he hecho prolija y puntual alusión.

Consciente de que este trabajo es simplemente un ensayo, tengo para mí que servirá como muestra a partir de la cual puedan surgir nuevas inquietudes que inspiren un desarrollo más profundo del tema.

5. Bibliografia  

ANDRUET, Armando S. (h) “Teoría General de la Argumentación Forense”, Ediciones Alveroni, Año 2001.

FERNÁNDEZ, R, ANDRUET A. (H) – GHIRARDI J.C,  “La Naturaleza del Razonamiento Judicial” (El razonamiento Débil), Editorial Alveroni, año 1993.

FERNANDEZ, Fernando “Las Falacias” y “La nueva retórica y la decisión judicial”, fuente electrónica http://www.uned.es/investigacion/anuario-investigacion.

CH. PERELMAN, “La Lógica Jurídica y la Nueva Retórica”, Madrid - Civitas, 1979.

GARCÍA DAMBORENEA Ricardo,  “Uso de Razón. Diccionario de Falacias”, fuente electrónica http/www.usoderazon.com/.

SCHOPENHAUER, Arthur, “Dialéctica Erística o el Arte de Tener Razón”, expuesta en 38 estratagemas, Editorial Trotta, Año 1997-2000, Sagasta –Madrid.



[1] En ocasiones se suele distinguir entre “sofisma” y “falacia” indicándose que mientras el primero se caracteriza por ser “intencional”,es decir, por ser el tipo de razonamiento falso con el fin de derrotar y confundir al contrario; mientras que la segunda se caracteriza por ser simplemente un “error” o “descuido” en el razonamiento.  

[2] Cuando se exaltan las cualidades referentes a una persona.

[3]  Se intenta ganar el asentimiento popular despertando las pasiones de la multitud mediante un discurso claramente persuasivo. Por supuesto, aquí no hay un esfuerzo intelectual en utilizar las elementos de la razón para convencer a la audiencia, pareciera  abandonarse el campo de la racionalidad, para disponerse sólo a expresar pensamientos cargados de emotividad que logren persuadir, conmover a los receptores del discurso.

[4] Esta falacia produce un dialogo de sordos en el que no existe ninguna posibilidad de entendimiento, porque ni siquiera se sabe cuál es la postura de los contendientes, ni qué es lo que se quiere demostrar. El único resultado claro es que la cuestión se elude, que el auditorio pierde el rumbo y que, si quien la cultiva es hábil, puede dar la impresión de que domina el debate

[5] Es cuando se realiza una pregunta que trae implícitamente la afirmación o negación de algunos aspectos dentro de ella. Ejemplo: ¿Ud ha dejado de fumar? Implica la afirmación de que fuma.

[6] Se ataca al autor de la nota que origina la carta presidencial.

[7] Se recurre a la piedad y a la súplica, intentando sensibilizar al lector.

[8] Se acusa al adversario de tener tanto prejuicio que sus presuntas razones son meras racionalidades de conclusiones dictadas por el propio interés.

[9] Se distrae la atención hacia un asunto colateral para disimular la debilidad de la propia oposición.

[10] Se concentra en aspectos que solo a ella le interesan.

[11] Se explota el odio del oyente hacia una persona.

[12]  Ataca a un tercero ajeno a la discusión, pudiendo además incurrirse en la Falacia de la pista falsa.

[13] Este tipo de falacia es la que en derecho se concibe como la de pregunta capciosa.

[14] Se intenta capciosamente desvirtuar la proposición intentando contrargumentar contra las tesis incluidas en la formulación de interrogantes.

[15]  Se apela a la manipulación de poder.

[16]  Argumento que utiliza el miedo como forma de persuasión.

[17] Ataque subliminal disuasivo.

[18]  Falacia de apelación a la autoridad.

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