opinión

¡Me vuelvo loco! Mi chica, la turrita

¿Por qué el pasado de una mujer pone histéricos a los hombres?

Reunión de amigos. De toda la vida. Juntada de varones. Exactamente ocho pibes. Asado.  

El que sacó el tema fue Horacio: “Vieron que estoy saliendo con Andrea, la que me presentó este –señaló a mi amigo Gonzalo-. Bueno ya salimos hace cuatro meses, pero me han llegado malos comentarios. No sé… como que la tipa es súper turrita. Fácil. Si hasta me dijeron ‘Ojo que esa es la mujer maravilla: un par de vueltas y queda en bombacha’. Me la tiraron un poco abajo. Y eso que la mina me parece divina y sé que está conmigo…”.

Diego le cortó el speach: “Chicos, necesito contarles esto porque no sé que hacer. No sé cómo ni por qué salió el tema, pero el otro día Paula, me contó algunas de sus prácticas sexuales anteriores, que me dejaron petrificado: ¡Tuvo relaciones con desconocidos, una onda sexo express, y hasta con un casado! Ustedes saben que la adoro, y que nos llevamos genial… pero desde que tuvo ese ataque de sinceridad casi no puedo ni dormir. ¿Qué hago?”

A eso se sumó entonces lo que, envalentonado, contó Marcos. “Yo estoy estupefacto. Por mi culpa, charlando con Fabiana –su esposa desde hace cinco años- de locuras de la adolescencia, ella confesó que había tenido, un par de veces, experiencias sexuales con una amiga motivada por la curiosidad. Les juro que en ese momento, la desconocí”.

Después de algunos instantes de silencio, Esteban fue el que tomó la palabra y dijo: “Por eso la vida pasada, es pasado. ¡Ni loco le contaría a mi novia lo que hice antes! A ver, che… Tengo 33 años, nos conocemos con Lauri desde hace seis años, y convivimos hace dos. Lo que hice de mi vida antes es tema mío, y lo de ella, que se lo guarde. Es obvio que compartirlo traería problemas”.

Antes que nada, me puse contento. Tengo también muchísimas amigas mujeres, y siempre noto una gran diferencia: cuando las féminas tienen un problema, siempre tienen a alguien a quien recurrir. Mandan un mensajito y concretan una reunión, o agarran el teléfono, y se pueden quedar horas hablando con el confidente del otro lado (otra amiga, el amigo gay, una hermana o incluso la madre).

Es raro que los hombres hagan algo así. Cuando nos reunimos o nos llamamos, hablamos del trabajo, de deportes, de política… o de minas, pero definitivamente, no en un contexto intimista o desde lo emocional. El varón no está hecho para confiar sus inquietudes sentimentales.

Pero acá se dio. Con los “chachomu” entramos en el terreno de lo sensitivo, de la emoción. Y entonces me miraron a mí para que diga algo, pues vengo a ser el “sensible” del grupo.

Lo primero que se me ocurrió decir fue que lo que Esteban opinaba, era bastante acertado. Sin llegar a ser un mentiroso o un total escondedor, reconozco que no soy un fan de la “honestidad brutal”. ¿Para qué contar todo? Hay que ser abierto y transparente, pero sin transformarse en un kamikaze.

"Se la fifó medio mundo". "Es un gato". "No da para novia". Hay cientos de categóricas frases que se pueden usar para enviar a tu chica al cadalso, defenestrándola y poniéndote loco.

No es muy difícil la cosa. Por más buena persona que sea, o por más que te guste mucho, si creés que tiene valores demasiado distintos a los tuyos... valores tan fuertes que el saber de su quebrantamiento no te dejará ni dormir... y bueno, tal vez ella no sea la chica con la que tenés que compartir tu vida.

Pero si pintó la sinceridad… Lo que me surgió fue como una rebelión ante un casi mandato social: pareciera que la mujer tiene que bancarse cualquier historia antigua de un hombre, pero un varón es casi incapaz de aceptar un pasado turbulento femenino. Es que en muchos casos los hombres consideramos nuestro pasado como una colección de trofeos, mientras que a las mujeres se les hace sentir que cada relación trunca o fugaz o puramente física es un fracaso. Ellos recolectan trofeos, ellas fracasos.

Dejémonos de joder: las relaciones interpersonales se fundan en la aceptación. El pasado ya no existe. Fue. El único valor que tiene es el de la experiencia. El pasado es lo que nos ha traído hasta aquí, y si en este “aquí” estamos prendados de alguien (ya sea por gusto, pasión, calentura, enamoramiento o verdadero amor) tenemos que agradecer a su pasado, excesivo o decoroso, -¿quien sabe?- porque fueron esas experiencias la que la hacen ser lo que es.

Las crónicas del pasado son importantes, pero solamente son crónicas. La mina que te gusta, la que te interesa, es esta que está acá hoy y no esa de la cual te hablan.

Las princesas encantadas y las “chicas de su casa” también tienen su historia, al igual que “los príncipes azules”. Y gracias a esa historia llegaron a ser las personas que tenemos enfrente.

Somos el resultado de todos los errores, aciertos, decisiones y omisiones de nuestra vida. O lo tomás o lo dejás.

Haceme caso y aceptá el consejo: el pasado, pisado.

Opiniones (2)
13 de diciembre de 2017 | 16:56
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13 de diciembre de 2017 | 16:56
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  1. siempre me pasaba por alto los artículos de este chico porque me parecían muy frívolos y caretas pero lo empecé a leer cuando escribió sobre el Papa Francisco que me conmovió y ahora le digo que esa es una conversación muy típica de los menducos lo notamos los que no nacimos acá los hombres viven pensando que sus mujeres son unas turras porque se acuestan con quien se les da la gana deberían saber que así es la vida muchachos ni los menducos ni ningún hombre del mundo se voltea una mina son ellas las que nos voltean a nosotros.
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  2. El problema es que cuando pisás el pasado a veces se te ensucian los zapatos ¿O no?
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