opinión

La Argentina trágica

Las miserias políticas, democráticamente distribuidas. En el horizonte, la próxima crisis, que no es cuestión de aprender de los errores. Y menos cuando son tantos.

La Argentina trágica

Por Julio Villalonga (@villalongaj) *

La tragedia por las inundaciones en la Capital y el Conurbano, pero especialmente en La Plata y sus alrededores, encontró a la dirigencia política en medio de un feriado largo de Semana Santa. No solo Mauricio Macri fue sorprendido por la macabra noticia de los muertos en su distrito durante su escapada a Brasil: el también intendente pero de la capital bonaerense, Pablo Bruera, también se hallaba en el vecino país. Si a Macri, con un cuestionable oportunismo, se le reclamó que no estaba en la Ciudad, qué habrá que decir de Bruera, que el martes a la noche difundió a través de Twitter que estaba colaborando con la asistencia a los damnificados pero parece que recién este miércoles logró arribar a la Argentina para conducir efectivamente esas tareas.

Otro funcionario importante tuvo suerte: el ministro de Seguridad de la provincia, Ricardo Casal, estaba de compras por Nueva York, el sábado pasado, pero previó su regreso para el domingo a la noche y el lunes de la debacle estaba junto al gobernador, Daniel Scioli, en contacto con los medios.

Si las primeras reacciones de algunos funcionarios muestran su escaso nivel para enfrentar situaciones de este tipo (es el caso del ministro porteño Santilli, que atribuyó la magnitud de la catástrofe sólo al factor climático; o el del secretario de Seguridad nacional, Sergio Berni, que en las primeras horas cacareaba casi histérico que el problema era que Macri estaba en Brasil), el paso de las horas y la mejor mensura de la gravedad de la crisis provocó que los principales actores articularan algún tipo de tarea conjunta, tarea que luce casi imposible en circunstancias normales.

El ministro de Seguridad de la provincia estaba de compras por Nueva York, el sábado, pero previó su regreso para el domingo y el lunes de la debacle estaba junto al gobernador.

El trauma de las inundaciones sacó de su despacho a la presidente, Cristina Kirchner, poco afecta a presentarse en el lugar de los hechos, según marcan diversos antecedentes. Decir ahora que la primera mandataria acudió este miércoles a Tolosa, el pueblo platense donde se crió, porque aún allí vive su madre, es una canallada y una mala caracterización. Sí es cierto que ella misma evaluó que no podía dejar a Scioli en un terreno que domina, el del contacto con la prensa en medio de sus acciones empáticas con los sufrientes. A la presencia de la jefa de Estado en Tolosa no le faltó una dosis importante de realidad, según se ve en algún registro de video del diario “La Nación”. Los reclamos de la gente del lugar pusieron en algún aprieto a Cristina, que resolvió la situación como mejor le sale: poniéndose en una situación omnicomprensiva y de compartir el dolor. Se comprende por qué la Presidente evita este tipo de contactos sin producción previa. En rigor, la naturalidad ya no existe en la política actual y a los que proponen acciones casi suicidas en esta línea, como es el caso de Francisco en los primeros días de su papado, las estructuras los van domesticando para reducir al mínimo el margen de error.

No obstante, el impacto de tantas muertes logró que la primera mandataria visitara por primera vez a Scioli en La Plata. Un hecho que, sin embargo, es improbable que tenga consecuencias políticas alentadoras, tales como las que algunos han imaginado que podría tener la ascensión del Papa argentino.

Aunque es temprano para analizar los daños políticos que toda tragedia como la actual implica, el tremendo duelo no impide ver que la Argentina es un país atado con alambres, como se apuró a describir un dirigente opositor desde una red social. Y lo es en todos los sentidos. También la dirigencia muestra esa precariedad. Todos les echan la culpa de sus males a los otros. Y quienes usan como avatar en Twitter el número “51”, en alusión a los muertos en la tragedia anterior, la de Once, se quejan en las últimas horas del uso de los fallecidos en esta catástrofe por parte del oficialismo.

Este estado de cosas permite advertir que nadie se salva en el deteriorado mercado político local. Lo único que se consiguió con lo ocurrido en Once, hace más de un año, fue una serie de reuniones tripartitas entre los gobiernos nacional, provincial y comunal para tratar de articular algunas acciones. Muy poco tiempo después esos encuentros se fueron deshojando al calor de las acusaciones cruzadas entre la Presidente y Florencio Randazzo, por un lado, y Macri y sus adláteres, por el otro.

Pretender que existan algunas políticas de Estado consensuadas entre partidos de Gobierno y oposición es ilusorio. Quienes administran el aparato estatal no están dispuestos a compartir ni una mínima porción. Y quienes aspiran algún día a sucederlos no tienen empacho en esperar su derrumbe. Unos y otros en ningún caso piensan en los “daños colaterales” de tales actitudes, los que se traducen en muertes y en miles de damnificados en vida por la falta de acuerdo político y de planificación.

Pretender que existan algunas políticas de Estado consensuadas entre partidos de Gobierno y oposición es ilusorio.

La acción política, de este modo, es el intervalo entre una crisis y la que sigue. No más.

En Argentina, cuando se acaban los ecos de cada tragedia, como escribió Joan Manuel Serrat, “vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas”. Es decir, nada cambia. Y nada hace más daño a la institucionalidad tan declamada que esta realidad a prueba de muertos.

En esta pasada Semana Santa, un importante financista estadounidense apuntaba, trago de por medio en Nueva York, que la Argentina va a la deriva “no por razones económicas, eso está claro, sino por una notable falta de conducción estratégica”. Para este hombre de negocios, que alguna vez recomendó invertir en el país, cuando los regímenes políticos se cierran “solo hay negocios para unos pocos, los mejor relacionados”. Y cuando se abren, “solo para los que pueden imponer las condiciones, tanto de adentro como de afuera”. Con una cuota importante de cinismo, continuó el inversor que en el país hoy se dan las condiciones más para lo primero que para lo segundo. “Lo que no significa una mala noticia en sí misma para los argentinos”, sobre todo considerando que cuando la política desertó y la economía se abrió, sin defensas, los menos favorecidos fueron los más vulnerables.

En este pragmatismo extremo parecen coincidir el financista estadounidense, que de paso se inclinó por anticipar una salida favorable para el país en el caso de los “holdouts”, y la segunda Administración Kirchner. Llegan desde lugares solo en apariencia distintos. La verdad del poder es una sola: se ejerce o se pierde.

  * Director de gacetamercantil.com

Opiniones (1)
22 de enero de 2018 | 03:21
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22 de enero de 2018 | 03:21
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  1. Quiero dejar una inquietud por si uds. pueden hacer algo. Va dirigido para el Sr. FAVIAN SAMA (director de la Nave Cultural) y Sr VITI FALLAD. Se trata precisamente del hermoso edificio NAVE CULTURAL. Anoche hubo un evento muy lindo y como éste hay varios por semana, pero...NO HAY AGUA EN LOS BAÑOS. Dicen que es un caño que siempre se rompe, que lo arreglan y vuelve a lo mismo. Es vergonzoso que un lugar tan concurrido por locales como por turistas, se encuentre en ésas condiciones antihigiénicas. No solo para los que llegan sino para los empleados que están todo el día allí. Es demasiada publicidad para un lugar tan nuevo y que no está en condiciones.Evidentemente se ha escatimado en gastos escenciales para que sean duraderos. Sería razonable, cerrarlo el tiempo que sea necesario, pero dejarlo en MUY BUENAS CONDICIONES. "ES UN FOCO DE INFECCIÓN Y UNA VERGÜENZA PARA LA PROVINCIA". Por favor, les agradezco mucho si ésto lo dan a conocer y que se haga cargo el INTENDENTE DE CAPITAL, QUE TAN CRÍTICO ES CON OTRAS COSAS. Un saludo grande y muchas gracias.
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