opinión

Cosas que no sabías de Malvinas

La venta de Rosas, la niña Malvina, los kelpers y la falta de relato propio.

Las islas Malvinas ya estaban en disputa cuando nuestro país comenzó a organizarse como tal. Mientras que los ingleses aseguraban que les pertenecía porque John Davies las había descubierto en 1592, los españoles exhibían varios nombres, entre ellos el de Esteban Gómez que la habría visitado en 1520, documentos y mapas anteriores en los que las islas aparecían contorneadas.

Al independizarse de España, el gobierno criollo trató de afirmar sus derechos sobre las islas en 1820 con la toma de posesión, la autorización a Luis Vernet en 1823 para la explotación de los recursos y su posterior nombramiento en 1829 como gobernador.

Pero el gobierno británico reaccionó y tras fallidas escaramuzas diplomáticas y militares, en 1833 el comandante John James Onslow, que había llegado a las islas en la fuertemente armada corbeta Clio, arrió la bandera argentina, se la entregó al entonces gobernador José María Pinedo y lo despachó al continente en un barquito. Así se perdieron las Malvinas.

Y comenzó una de las más extensas, complejas y hasta ahora inútiles historia de reclamos de soberanía frente a una nación europea sobre un territorio en hispanoamericano.

“Todos los gobiernos del siglo XIX mantuvieron el reclamo sin pausas”, escribe la historiadora Ema Cibotti en su libro Queridos enemigos. De Beresford a Maradona. La verdadera historia de las relaciones entre ingleses y argentinos, publicado por Aguilar.

La investigadora relata que fue en el período de Rosas cuando se trató de encontrar una solución que hoy podría considerarse “escandalosa” si no se leyera la historia en su contexto de época completo.

Juan Manuel de Rosas le propuso en 1838 al gobierno inglés “ceder los derechos sobre las islas Malvinas a cambio de una indemnización económica que serviría para cancelar el monto del empréstito adeudado con la banca Baring Brothers”.

Gran Bretaña no aceptó porque como no reconocía la soberanía argentina, sobre las islas no iba a pagar nada y porque si quisiera avenirse al acuerdo, esa supuesta “indemnización” no servía ya que la deuda de las Provincias del Río de la Plata era con banqueros particulares y no con la Corona.

El gobierno de Rosas insistió sin éxito hasta 1843 y pagó una sola cuota de la deuda con la Baring.

“Vale aclarar que a ninguno de sus sucesores, Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Roca, se les hubiera ocurrido jamás acusar a Rosas de traidor por intentar esa salida”, destaca Cibotti.

La niña Malvina, los kelpers y la falta de relato propio

Luis Vernet llegó a Puerto Soledad en 1829 como comandante político y militar, es decir, como gobernador de las Malvinas. Lo acompañaban su esposa embarazada y sus hijos, colonos europeos, criollos, gauchos, indios y negros criollos. Llevaba semillas de cereales, legumbres, flores y árboles; caballos, ganado, aves de corral, arreos y recados; ron, caña y yerba mate; un piano, una guitarra y decenas de libros en varios idiomas de su biblioteca.

Su hija nació en 1830 y fue llamada Malvina, como las islas. El término malvinas deriva del francés malouines dado por el navegante Louis Antoine de Bougainville en 1764, quien bautizó al archipiélago con ese nombre en recuerdo del puerto Saint Malo en Francia.

Se ignora cuántas personas exactamente quedaron en la isla tras la ocupación inglesa, puesto que no se realizaron censos ni antes ni después. “La población y su origen nunca fueron temas de análisis para las autoridades argentinas del siglo XIX y tampoco le importó a la Corona británica cuando sostenía sus derechos. Los sucesivos gobiernos nacionales reclamaron sistemáticamente por el territorio de acuerdo al principio del derecho heredado de España: el mensaje seguía las vías diplomáticas pero no se apelaba a la opinión pública”, escribe Cibotti.

Señala, además, que la modernización de las islas es una consecuencia de la guerra de 1982: “Rutas, infraestructura, ciudadanía inglesa para los habitantes, subdivisión de la tierra, en una suerte de reforma agraria que le permitió a los granjeros locales comprar parcelas antes concentradas en grandes estancias de propietarios ausentes que residían en Londres”.

Respecto de la propia opinión de los malvinenses o kelpers (gentilicio que deriva de las algas de la isla, llamadas kelp en inglés), que hoy suman alrededor de 3.000 personas, un documental realizado el año pasado por Martín Ezpeleta muestra los prejuicios “antiargie” (antiargentinos) de los isleños y observa que adolecen de narradores locales que cuenten su propia historia. Dice textualmente: “Los kelpers no han producido su propio relato. Lo han importado”.

Patricia Rodón

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16 de diciembre de 2017 | 14:04
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