opinión

El papa, la Argentina y el futuro

La elección de Francisco es, como mínimo, el inicio de un debate rico y apasionante.

El papa, la Argentina y el futuro

Me animo a decir que, salvo que  uno viva en una burbuja, la designación del Papa Francisco ha sido la noticia más conmocionante para los Argentinos en los últimos tiempos.

Más allá de la religión que profesemos, o aun desde el ateísmo, la elección de un jefe de la Iglesia Católica que conduce la fe de más 1.200 millones de personas, que además se convierte en el primer Papa de origen no europeo y  jesuita, en tiempos de una Iglesia tan discutida y convulsionada, es como mínimo el inicio de un debate rico y apasionante.

Confieso que como la gran mayoría, tuve una inmediata reacción mezcla de sorpresa, alegría, cierto orgullo algo emparentado con la cuota chauvinismo propia de todo argentino y  a los pocos segundos la sensación de esperanza y alguna intuición que en un país como el nuestro, impregnado de la cultura peronista, la designación del cardenal Bergoglio,   no sería neutra en términos políticos.

Debo autoelogiarme, no me equivoque.

En primer lugar, los cambios que desde mi punto de vista la Iglesia Católica debe experimentar las primeras señales, aun cuando sean consideradas de forma, van en la dirección correcta.

Para una Iglesia que en los últimos tiempos estuvo más vinculada a la pompa y pésimas noticias  un Papa de modales y comportamientos austeros y de una mensaje destinado a retomar el camino de San Francisco de Asís no puede menos que entusiasmar a la humanidad

Claro esta, muchos de nosotros esperamos por aquellos cambios profundos que la Iglesia Católica ha demorado y por una investigación y condena de la pederastia y de los escándalos del Banco del Vaticano.

Los mensajes hasta aquí emitidos por el nuevo Papa despiertan la posibilidad de un debate más que interesante y en lo que respecta a nuestro país una prueba más que en la Argentina, el pasado siempre vuelve.

La Iglesia Católica a través de sus representantes suele emitir mensajes elípticos y en algunas oportunidades difíciles de interpretar de un solo modo. Es por eso que le definición del Papa de: “necesitamos una Iglesia pobre para los pobres” invita a algunas reflexiones.

No es precisamente la idea de una “Iglesia pobre”  lo que pueda resultar confuso de hecho es quizás lo mas claro y contundente del mensaje Papal y aleja afortunadamente a la Iglesia de la ostentación  a veces obscena de la riqueza del Vaticano.

La segunda parte, “… para los pobres” es la que hace  más ruido, coincido en este punto con el teólogo Hans Küng y severo crítico del Vaticano cuando dice: La pobreza en sí misma no es un ideal. Especialmente en América Latina, lo que tiene que hacer la Iglesia es ayudar a la gente a salir de la pobreza. La Iglesia tiene que estar al lado de los pobres y el poder tiene que reconocer que la Iglesia debe protestar contra los abusos, contra la miseria.

Como no coincidir desde nuestra concepción política, desde el radicalismo, que desde sus orígenes, con sus mas y con sus menos, ha intentado construir una sociedad mas justa, que haga de la movilidad social ascendente una constante y evite que los pobres se conviertan en rehenes de religiones e ideologías políticas que los terminen transformando en instrumentos para los peores fines.

Es por eso que anticipe que la designación del Papa se convierte en un debate atrapante.

La puja en el peronismo, como dice Feinmann, “por la apropiación del Papa” con su polémica con el referente de Carta Abierta, Horacio González, está más vinculada con el futuro que con el pasado, como lo demuestra el cambio abrupto en las actitudes y declaraciones que han tenido desde la Presidenta hasta el último de sus exégetas a partir de la designación del Papa Francisco.

Ya no importa el pasado, eso sería develar una pelea entre la izquierda y la derecha peronista que como en otras oportunidades acarreó muerte y desolación, y siendo indulgente dejar sometidos al resto de los argentinos a una discusión sin resultado definitorio, porque, como en tantos otros temas, finalmente se indultarán a sí mismos.

Importa el futuro, la puja será si el Papa “colabora” con consolidar el proyecto populista del Kirchnerismo o, por el contrario, logra transmitir y convertir a la Iglesia en un instrumento para la construcción de sociedades con más ciudadanía y con más bienestar.

Me sorprendo a mi mismo escribiendo estas cosas pero la impudicia del comportamiento de los representantes del oficialismo me impide limitar el análisis de la designación del nuevo Papa sólo a lo teológico y espiritual y me obliga a advertir al radicalismo sobre la peligrosidad de su ausencia en el debate que viene .

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20 de noviembre de 2017 | 14:43
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