opinión

“La única iglesia que ilumina es la que arde”

Hoy parece que será el aluvión eclesial al que el oficialismo escuchará para no perder fieles.

“La única iglesia que ilumina es la que arde”

Escribo desde la más absoluta de las decepciones. Algunos me dirán “¡Viste, boludo! ¿Ahora te venís a dar cuenta?". Pero igual pensé que esto no sucedería. Creí que un proceso de transformación se estaba dando en serio, que se había arraigado hasta lo más profundo de la cultura, que la matriz ideológica tradicional podría modificarse. Estoy con bronca, como con bronca y junando, como reza el tango del 26 El ciruja. Es que no soporto el borreguismo. No me da. No llego al fin de semana con la frialdad para entender que, de pelearle al león hoy terminamos como el ratón huyendo pegado a los zócalos. La papamanía se ha metido hasta los huesos en la militancia peronista y kirchnerista, excepto claro en los acusados hoy de izquierdistas anticlericales. La biblia y el calefón. Y sí, la tengo adentro. Y a mí no me gusta tenerla adentro. Por eso lo digo.

No se trata de ir contra las creencias populares, no, para nada. Es más, es desde las creencias populares donde el pueblo encuentra refugio espiritual para “soportar” su realidad material. Esto es así antropológicamente hablando, condición necesaria del sujeto, capacidad de simbolización como especie, desde tiempos inmemoriales. Creencias y religión atraviesan la vida de todos los humanos del planeta. Y reparo en el término creencias porque hay muchos que creen en distintos santos oficializados o paganos y no asisten jamás a una iglesia. No necesitan de mediadores institucionales. Esta práctica, la de las creencias, se da más en los sectores populares que en los sectores medios y altos, quienes son los que más asisten a la iglesia, por el bautismo, la confirmación, el casamiento, o la misa. Los de abajo, que no tienen religiones sino creencias al decir de Galeano, sincretizan. Vela a la difunta y al gauchito Gil, rezos a un par de vírgenes y al santo pagano del lugar y vamo’andando. ¿Por qué esta parodia? ¿Hacía falta llegar  a alabar al papa por especulación electoral? Ahora seré condenado por la militancia kirchnerista vaticana, lo sé, pero me calienta tres carajos, la verdad. No puedo soportar escuchar a los justificadores de las olas sociales que invitan al retroceso.

Hoy vivimos un huracán espiritual mediatizado sin precedentes por la asunción de Bergoglio como papa al mando del Estado del Vaticano. A las creencias hay que respetarlas, tanto como al que no las tiene en términos religiosos. El tema pasa por la Iglesia. La Iglesia católica apostólica y romana es una comunidad de fieles organizados jerárquicamente, verticalmente bajo doctrina, un aparato institucional con muchísimo poder político y financiero con una historia horrorosa. Lo saben, lo han dicho, y ahora borran con el codo lo que ayer escribieron o mandaron a escribir en las paredes.

Ahora bien, decir que el papa es peronista y de lujo es como mucho (Emilio Pérsico dixit). Representa, en todo caso, así lo entiendo desde la política, un intento de apropiación del símbolo que eficazmente ha generado este despertar católico en el mundo occidental. Pero justamente este papa, sin quizá proponérselo, ha inoculado una serie de contradicciones al interior del oficialismo kirchnerista que si bien puede que sean secundarias en relación al proyecto nacional y popular, obstaculizan al mismo, generan rispideces al interior, producen una suerte de catolicismo peronista fervoroso y militante que anula toda posibilidad de crítica sobre las consecuencias y el rol a cumplir por la iglesia de aquí en más.

Es prematuro -dicen muchos- para criticar al papa. "Déjenlo andar, es jesuita", "Es mejor un jesuita que un opus", "El pueblo es católico y no podemos enfrentar su religión", etc. Entendible desde la política, reitero. Ahora convengamos en que el escriba cambia. Mientras que en los orígenes del kirchnerismo los movimientos sociales, los intelectuales, periodistas que son afines al gobierno, sindicalistas, organismos de derechos humanos, fueron quienes marcaban la línea ideológica y el rumbo del gobierno bajo la conducción de Néstor primero y luego de Cristina, hoy pareciera que será el aluvión espiritual eclesial a través de sus voceros al que el oficialismo escuchará para no perder fieles.

Mientras Bergoglio acumulará nuevos y perdidos fieles a la iglesia, el kirchnerismo perderá fieles a su proyecto toda vez que los avances que se espera maduren en términos de derechos y políticas de profundización se frenen por influencia directa o indirecta de la iglesia. La salida de Rafael Bielsa del Sedronar puede que sea el primer efecto negativo. Se respeta la creencia y la esperanza de las mayorías, pero aclaremos que ni la paz ni la justicia social llegan de la mano del “discurso religioso” que siempre tiende a la conservación del statu quo, más allá del perfil misericordioso del nuevo papa. Es desde las políticas concretas que las realidades cambian, pero si la letra te la pone el Vaticano...

No digo que la religión sea un opio del pueblo, pero hay coyunturas en que la religión funciona justamente para eso, para frenar avances que inevitablemente no van de la mano de las creencias ni la fe religiosa. La reconciliación de los argentinos es más un eslogan que una posibilidad toda vez que existan brechas de desigualdad. Mucho menos si se adormecen las políticas de rescate de la memoria. Las luchas sociales son las que marcan el rumbo de los cambios y no la asistencia a misa o el fervor oportunista a un papa.

Si había contradicciones internas en el proyecto del kirchnerismo, hoy la sola designación de Bergoglio, "El cardenal opositor", como lo calificó Néstor Kirchner, ha reubicado los discursos al interior, esta vez antagónicos (Estela de Carlotto no piensa lo mismo que Mariotto, quien sí tiene esperanzas en el papa).

El peronismo católico de derecha opositor al gobierno se frota las manos. “El papa es nuestro”, dicen por lo bajo. Y esa disputa al interior del peronismo, con un Scioli sagaz y táctico, inevitablemente llevará a una batalla discursiva por la apropiación de quien por ahora hace silencio y sólo manda señales y gestos de austeridad al mundo entero. Babean por Bergoglio, ya casi un Santo de los pobres.

Lo cierto es que en esta coyuntura la oposición política tiene, junto al trabajito minuto a minuto de los medios pro papa -periodistas emocionados-, un nuevo aliado para presionar y desgatar al gobierno de cara a las elecciones legislativas y sentar precedente para las presidenciales de 2015.

No es un momento fácil. Yo le pediría a la iglesia, que tiene la oportunidad histórica, que pida perdón por su participación en los golpes de Estado desde la década del 30 y actúe para esclarecer los casos de desaparecidos en dictadura, el paradero de hijos de desaparecidos y del robo de bebés. Eso sería un acto de dignidad institucional para verdaderamente empezar a creer que podrá haber en la Argentina una iglesia de los pobres y renovada. Pero sé que no lo hará, que ha logrado todo esto para no hacerlo. Un reformismo conservador que no se va a mirar el ombligo jamás. El cholulaje clerical ahora nos viene a decir cómo es esto de organizarse en comunidad. Y pensar que hubo un tiempo en que los peronistas salieron a quemar iglesias. Me quedo con la frase del filósofo anarquista ruso Kropotkin: “La única iglesia que ilumina es la que arde”.

Y sí, ¡es política, estúpido!

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