opinión

He aquí una nota que no habla del papa Francisco

No es autoayuda ni autoplan ni plan de ahorro. No hay premio ni indulgencia ni descuento ni paraísos para quien lea esta columna.

Uno que está harto de que se hable del papa, se pondrá a hablar de otra cosa. Una de esas cosas que ocurren lejos del paraíso. Es más, como firmante de este texto, aseguro que nunca conocí a Bergoglio, que no tengo nada profundo que decir al respecto, que le deseo lo mejor como papa y que la institución que comanda es de lo peor y que vería con sumo agrado que el hombre concrete todo lo que insinúa y la mejore. Eso es todo sobre el papa. Vamos al tema.

Resulta que el otro día, decenas de mujeres encerradas, junto a personal penitenciario y un grupo de artistas notables y solidarios, entre todos, hicimos la primera Fiesta Nacional de la Vendimia, en la cárcel de mujeres de El Borbollón, Las Heras.

Lejos de espectacularidad y cerca de lo genuino del arte como producto social, debemos decir que fue una gran fiesta y hubo de todo: murga, teatro, poesía, danzas, escenografías, vestuarios pintados a mano y coreografías por ellas mismas creadas. Hasta las pizas que comimos y el jugo que bebimos fueron hechos por ellas, por sus manos malheridas.

Actuaron solidariamente artistas que participaron de modo destacado de los actos centrales de la fiesta “oficial”: Griselda López Zalba, Marcelino Azaguate, Raúl Reynoso, Alejandro Rotta y Pablo Azaguate. También brillaron Laura Piastrellini, Juan Manuel Gigenafioretti, un dúo bien cuyano de El Borbollón -Moyano y Alarcón-, el ballet de adultos mayore de Las Heras y hasta un jovencito, cantante melódico, Facundo González, quien puso a  todos a bailar.

El encuentro cerró con las detenidas, empleados y las autoridades presentes bailando cuarteto y todo, algo que, a priori, nadie imaginó. ¿Por qué no habría de pasar algo así, algo que suponga una esperanza, en un penal?

Pocas veces se ha visto algo así. La intención, de ahora en más, será que esta fiesta crezca y que, con el tiempo, se asocie Vendimia y cárcel con esta hermosa fiesta y no con el infausto “Motín Vendimial”.

(Ya mismo repitamos, una vez más, para aquellos que piensan que las cárceles están llenas de asesinos y violadores, que no es así. El 90% de los presos no mata ni intenta matar y el 90% no viola ni intenta violar. Y algo más, también según datos fehacientes: el 98% de ellos, son ladrones de gallinas. Las cárceles son depósitos de pobres)

Volvamos a la vendimia en la Unidad Tres: la conclusión, ya más íntima, fue con lágrimas y casi en silencio. Una de las chicas, mientras se secaba la cara, nos dijo:

Es la primera vez en mi vida que lloro, pero de emoción, de alegría, no de tristeza.

A este punto queríamos arribar: a la belleza escondida entre tantos pliegues de mugre que constituyen nuestro paso por el mundo. Cuando uno, de pronto, se encuentra preguntándose qué es importante y qué no, es cuando ya no nos importa salvarnos y cuando ya, finalmente, acertamos con aquello de separar la paja del trigo.

¿Por qué lloraba de alegría esa mujer presa? Porque, por un rato, sintió que la vida no era infierno y sintió que servía para algo y que compartir tal vez sea posible. Muchos de aquellos que trabajamos en cárceles bien sabemos que en esos lugares uno se trae de enseñanza mucho más de lo que lleva: ¿cómo no conmoverse y agradecerle semejante testimonio? ¿Cómo no aprender de ella que las cosas de la vida, las realmente importantes, no se compran ni se venden?

Mi amigo el pastor Manuel Olalla aporta una cita por demás nutritiva al respecto. La comparto: “La colonización epistemológica producida por el discurso del crecimiento económico ha neutralizado la capacidad que tendría la humanidad en repensar las alternativas al capitalismo. Quizá es más difícil desaprender que aprender. Para salir de esta colonización, quizá sea necesario un largo trabajo de olvido sobre todo aquello que aprendimos a propósito del desarrollo y del crecimiento. Superar esta cesura epistémica es una de las tareas más complejas del presente porque la razón siempre es autorreferencial, y la analítica del crecimiento económico ha hundido sus raíces en la episteme moderna incluida en sus propuestas emancipadoras”. Pertenece a Pablo Dávalos, economista y profesor universitario ecuatoriano.

Nos han hecho creer que hay que pagar para ser felices y que el semejante, el prójimo, es aquel que ha comprado más o menos la misma cantidad de cosas que nosotros.

Si aquella mujer, antes de volver a su funesto calabozo, lloró de alegría por ser actriz de una vendimia desde el encierro, cada uno de nosotros debiera agradecerle por ser ella la que se animó a asumir los delitos por todos cometidos. Los presos –al igual que reinas, periodistas, políticos, doctoras, empresarios, curas y taxistas– son tan nuestros como nuestros hijos. Sus tristezas son nuestras. Sus alegrías también.



Ulises Naranjo.

Opiniones (5)
24 de noviembre de 2017 | 23:31
6
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24 de noviembre de 2017 | 23:31
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  1. El problema de estos ladrones de gallinas, como decis vos, es que las fueron a robar con un revolver en la mano...y en algunas ocasiones si te negas a darles "la gallina" te disparan sin mas....
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  2. Las cárceles, en general, no sólo en Argentina, no castigan el delito sino la pobreza. Sólo los pobres están presos. Es un hecho, aquí o en la China. Los que tienen poder tienen buenos abogados y salen o tienen prisión "domiciliaria" como el policía que mató a Franco Díaz o el que secuestró a una familia en San Martín. Gracias sí, a todos los que participaron , porque llevar alegría y felicidad, aunque sea por un momento, debe ser más importante ante Dios (si es que existe) que los cargos y las riquezas. Todas esas mujeres merecen que alguien las mire como a hermanas y les tienda una mano.
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  3. Entonces aclará. De todas formas, estoy de acuerdo con lo de delitos de guantes blancos. Vila y su grupo deben más de $ 50 millones a la provincia y eso es tambien "estafa" si se quiere. Y estoy de acuerdo que a los que delinquieron con delitos de poca pena no tienen una resocialización. No obstante, estar en la carcel es un riesgo cuando "se sale a trabajar".
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  4. Tal vez no he sido lo suficientemente claro en mi columna. Lo repito: la inmensa mayoría de los presos no está en la cárcel por atentar contra las personas (ya sea contra su vida o contra su integridad sexual), sino contra la propiedad. Arriba de los 96% de los 3500 presos de las cárceles, de hecho, no tiene esa sentencia a que hacés referencia. Otros datos significativos: el 98% de ellos no han completado estudios y prácticamente nadie está preso por cometer delitos de "guante blanco". Lamento, estimado, que un tema tan delicado te provoque risas.
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  5. Cuando un juez de cámara penal condena dice: Condenar a este/a ladron de gallinas a reclusion perpetua o a 14 años de prisión... Tenés razón Naranjo...los que están en la cárcel son todos inocentes a quienes un proceso penal no investigó y los metio a la carcel por ser "ladrones de gallinas"... ja ja ja
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