opinión

Reforma constitucional: así, no

El proyecto de resolución del senador Valls que el Senado hizo propio, representa un camino poco transparente para reformar la constitución.

En la primera semana de octubre del año pasado el gobernador Francisco Pérez lanzó su proyecto de reforma integral de la Constitución provincial, dirigida básicamente a modernizar las instituciones políticas mendocinas e incorporar los derechos de tercera generación.

Antes del fin de aquel octubre, la oposición bloqueó el intento de promover en la Legislatura la reforma de Pérez, bajo el argumento de que la mayoría de las propuestas podían aprobarse por ley sin necesidad de tocar la Constitución. El miedo mayor, claro, era la posibilidad de reelección del gobernador. De todos modos, la movida opositora no careció de especulación política de dudosa calidad.

En aquel momento, como ahora, desde MDZ apoyamos fuertemente la iniciativa por considerar que Mendoza necesita claramente una renovación de sus instituciones. Pedimos incluir herramientas de democracia directa tal como remoción de mandato, plebiscitos vinculantes, audiencias públicas vinculantes también, reforma política integral, nuevos derechos ambientales, colectivos e individuales, que consideren además que el mundo ha cambiado casi 100 años desde nuestra Constitución de 1916. Creemos que se deben limitar las reelecciones de los intendentes, así como pensamos que debe haber una reelección para los gobernadores mendocinos. Debemos alumbrar una constitución nueva, plural, federal, moderna, que considere los avances de la comunicación y la tecnología, y de las preocupaciones del mundo por sus recursos naturales en los próximos cien años.

Pero creemos que una reforma constitucional debe ser de todos los mendocinos, y debe arribarse a ella por consenso.

Frente al cerrado discurso de una parte importante de la oposición que contaba con los votos necesarios para bloquear la reforma propuesta por Pérez, desde el oficialismo se enunció la idea de conseguir primero un fuerte apoyo social a través de debates y la participación de la sociedad civil y posteriormente con ese apoyo social generar el necesario consenso legislativo.

Sin embargo poco o nada se hizo desde entonces. Por el contrario, se produjeron extrañas operaciones políticas que terminaron con la fractura de los bloques radicales, algo que tenía toda la apariencia de tener que ver mucho más con la especulación política que con las diferencias partidarias. Desde esos mismos sectores se le propuso al gobierno la idea de tomar el extravagante atajo institucional sobre el que ayer se ha pronunciado el senado mendocino, en un guiño político para que Francisco Pérez avance no ya en su reforma constitucional, por el bloqueo legislativo, sino sobre la que se pueda. Es decir, la reforma propuesta por el gobierno radical de Roberto Iglesias en 2001, y la enmienda votada en 2009 que limitaba la reelección de los intendentes, y que además podía abrir la puerta a la reelección del gobernador.

Esta suerte de “atajo” consiste en llamar a elección de convencionales constituyentes, en pos de continuar el proceso de reforma iniciado en 2001 que consiguió el favor electoral de los mendocinos porque en el plebiscito ganó el SI, aunque no obtuvo la mayoría indicada por la Constitución, interpretado luego por un fallo de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza a fines de los ochenta.

El fallo de la Corte sustentado por Aída Kemelmajer de Carlucci y hoy vigente, indica que la mayoría es el 50 % más un voto de la totalidad del padrón, algo muy difícil de conseguir. La idea del gobierno es llamar igual a elección de convencionales, y que la Corte se pronuncie nuevamente sobre la mayoría requerida si es que hay un planteo de inconstitucionalidad. La especulación es que los votos de los jueces Mario Adaro y Omar Palermo, cercanos al oficialismo en su vida política anterior, dejarían una reforma constitucional bien a mano.

Debe recordarse aquí que cuando la política quiso reformar la Constitución en el 2011 y flexibilizar la mayoría, la gente votó que NO. La opción era que la mayoría se considerase sobre la cantidad de gente que fue a votar efectivamente a la elección.

Este insólito atajo que ha propuesto el Senado de la provincia y que propone reformar la Constitución con el proyecto de 2001, es una avivada institucional, basado en un exceso interpretativo. Ni más ni menos. Se trata de un camino sugerido en su momento por algunos políticos presuntamente opositores y apoyado ahora por hombres del peronismo no kirchnerista, que han tratado de allanar el camino a una reforma a la que no se puede llegar por una vía normal, institucional, transparente.
 
La Reforma de la Constitución debe ser un proyecto de modernización de toda la sociedad mendocina y debe ser hecha entonces con los procedimientos legales y legítimos y el más amplio consenso posible de la población.

El procedimiento correcto que exige contar con mayorías especiales en la Legislatura y la posterior elección de constituyentes, justamente apunta a que el proyecto de reforma cuente con un fuerte apoyo político y social. Que sea una reforma que esté en la mente y el corazón de los mendocinos y no en las especulaciones de oportunidad de los políticos de turno.
 
Los mendocinos queremos y necesitamos más derechos, más justicia, más control ciudadano sobre los políticos, y más y mejores canales de participación. Un amplio debate social sobre cada uno de estos temas será enriquecedor y si se hace con el tiempo necesario y con grandeza y sin ambiciones personales, tiene muchas posibilidades de llegar a buen puerto. Es una oportunidad que tiene toda la clase política de superar la desconfianza de los ciudadanos y promover un cambio positivo en nuestras vetustas instituciones.
 
Si el peronismo sigue el camino serio del consenso y la institucionalidad, al final del camino -es cierto- podría ocurrir que las mayorías no se obtengan y el proyecto quede estancado. Una mirada corta lo podrá evaluar, si así ocurriera, como una derrota política. Pero siempre será mejor trabajar por una causa justa con armas políticas transparentes, que ganar el partido con un gol hecho con la mano. La democracia en serio que nos merecemos exige integridad, respeto y transparencia.

Nada más alejado de ello que el insólito proyecto del senador Valls, pensado para promover una reforma constitucional necesaria, pero por un camino absolutamente vidrioso.
Opiniones (1)
21 de noviembre de 2017 | 13:00
2
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21 de noviembre de 2017 | 13:00
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  1. Sin reelecciones. De haber reelección (una), tendría que incluirse un mecanismo sencillo y transparente de revocatoria de mandato. (dudo que alguien una vez arriba quiera "soltar la manija")
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