opinión

Los "ultra cat": nace el peronismo católico

Un hijo no deseado de 10 años de gestación kirchnerista. Metamorfosis de cambio de época.

El kirchnerismo ha incubado durante una década a su criatura, su sucesión, su porvenir. Pero hay indicios en los últimos días de que no se parecerá a los padres.

Esta noticia, lógicamente, incomoda a la familia directa y provoca divisiones de criterio en la parentela que comienza a mostrar sus diferencias como nunca lo había querido antes exhibir en público.

Como suele suceder en estas cosas del ADN, lo que viene saldrá muy parecido a alguno de sus antepasados y, como en esas familias nutridas por múltiples corrientes migratorias, es muy probable que termine teniendo “un poquito de cada uno”.

Así, el aporte “ultra k” que se sumó en esto últimos años como gen poderoso al peronismo histórico (en una reedición de aquellos intentos por querer explicarle al propio Perón qué era el peronismo), dejará una huella, pero no le caracterizará de cuerpo entero al nuevo hombre peronista tal como los padres lo deseaban: las primeras sociografías demuestran que, fuertemente afectado por el eventual contexto mundial actual, la criatura ha sufrido mutaciones. No será k: será “cat”.

El papa argentino exacerba el catolicismo también en la política.

Fuera de cualquier parábola, la realidad aporta datos insospechados cuando todavía no ha transcurrido siquiera una semana desde que un cura argentino se transformó repentinamente en referente de un puñado de íconos relevantes no sólo para el país, sino para el mundo.

Jorge Bergoglio arrasó en las particulares elecciones cerradas del Vaticano y un argentino es el jefe de ese poderoso Estado europeo con un ejército de hombres y mujeres, uniformados y laicos, en las entrañas de más de 150 países. Es más: no tiene una embajada en cada país, la tiene en cada barrio y, muchas veces, con mejor diálogo con sus habitantes que el propio gobierno constituido en el lugar.

Bergoglio, entronizado como el papa Francisco, es el jefe espiritual de los católicos del mundo y un líder de opinión a escala global.

Pero, por una serie de actos fallidos del Gobierno, en la Argentina es mucho más: no es un ángel, sino un humano. Como tal, un ser político intrínsecamente. Eso le llevó durante su “misión pastoral” en el país a confrontar con el poder político que, como respuesta, le devolvió no solo la acción de ignorar sus palabras y actos: lo convirtió en víctima de su relato del presente y del pasado; lo obligó a mirarse en un espejo oblicuo en el que su imagen apreció durante años deforme y diabólica.

Tal vez, el último gesto de afecto entre los Kirchner y Bergoglio antes del papado.

Bergoglio, argentino y con pasado en alguna de las versiones del peronismo (como casi todo el país), pero sobre todo miembro de una institución milenaria y experimentada, además de ser un jesuita de pies a cabeza, puso la otra mejilla. Y su catarata de gestos –reales, montados: esa es otra discusión- dejó perplejos a seguidores y detractores. A unos, porque se enamoraron rápidamente de la promesa que constituye ese conjunto de señales. A otros, porque los deja offside.

Ahora es quién es y en miles de rostros sus carretillas se estrellaron contra el suelo cuando escucharon ese “Habemus Papam” que entre un retorcido “Marium…” pronunció también un “Bergoglio”.

De repente, se aceleró el proceso de metamorfosis. Aquel proyecto que tenía mucho de independencia frente al poder de la Iglesia (que en la Argentina, por cierto, pocas veces ha estado del lado de los más amplios sectores d ela sociedad y de la democracia) empezaba a cambiar de rostro. El parto estaba cerca.

Lo que le sucede al kirchnerismo no estaba en el relato y sus relatores ya no pudieron, siquiera, poner el grito en el Cielo: el Cielo, ahora, es argentino pero “opositor”, pensaron.

Bergoglio, ante los portazos en cadena del Gobierno desde 2004, no fue recibido en más de una decena de ocasiones en las que pidió audiencia. En sus fotos, entonces, aparecen otras figuras de la vida política: Macri, Cobos, Scioli, Sanz, Michetti.

Una congregación del "peronismo católico".

Todos ellos ahora sacan sus álbumes y se muestran orondos con el papa nuevo, el papa propio: “Yo confié en é”; “lo conozco desde antes y somos amigos”.

En el kirchnerismo revuelven el baúl y no encuentran nada, salvo los recortes amarillos de las denuncias que formuló Horacio Verbitsky contra el cura por su silencio durante la dictadura.

Pero el peronismo es práctica del poder y no solo teoría.

Lamentablemente, algo salió mal en el proceso gestacional. Y la madre de la criatura que pretende llevar el apellido del General se esfuerza por adaptarse y lo hace bien: transformarse de acuerdo a los tiempos es la gran herencia familiar.

Pero las familias tan numerosas son siempre complicadas. Rápidamente, los primos lejanos del peronismo que fue víctima de la fuerza centrípeta del kirchnerismo vuelven y lo hacen ahora en su nuevo rol de “ultra cat”.

“Somos el peronismo católico”, han dicho en estos días aquellos que pasaron de ser los “auténticos” a los “disidentes” y que hoy rezan el rosario electoral ante quien se les interponga.

Tienen sus fotos con el papa y las exhibirán. No tienen prejuicios con la iglesia, y lo demostrarán vistiendo, si hace falta, sotana. Están convencidos que su expulsión del Paraíso kirchnerista ha sido su cruz e esta década y que les toca, que les ha llegado el momento. Místicos al fin, creen en milagros.

Y mientras tanto, desde la tribuna, el resto de los argentinos nos debemos preparar para ver una vez más un proceso único, cíclico y que nos caracteriza en el mundo: la capacidad de mutación que hizo de un mismo peronismo, víctima y victimario; al popular y al oligarca; al de los católicos armados de Montoneros y a los católicos jerarcas de la Triple A.

El tiempo de la pelea entre los “ultra K” y los “ultra cat”, ha llegado. Y el ring esta vez está ubicado a 15 mil kilómetros de distancia: en el Vaticano.

Opiniones (1)
19 de noviembre de 2017 | 18:37
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19 de noviembre de 2017 | 18:37
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  1. la verdad que nadie esperaba un papa argentino y mucho menos uno opositor al gobierno nacional...pero bueno esperemos que sea lo mejor para el pueblo católico... yo no soy catolico ni de ninguna religión pero creo que para la argentina no sera un beneficio ni un conflicto político..si es verdad que la gente se deja influenciar y que la iglesia católica tiene un fuerte impacto en sus decisiones políticas pero espero por el bien de todos que se mantenga al margen al menos por un tiempo...es lo mejor para todos
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