opinión

Cuestiones papales

¿De dónde viene la expresión Habemus Papam y otras que hemos oído en estos días?

Cuestiones papales

Los argentinos, radiantes porque sentimos que el Papa es nuestro, repetimos la fórmula que contenía la noticia: Habemus Papam!

¿De dónde provienen estas palabras que circularon raudamente por todo el mundo? La fórmula, en latín –idioma de la Iglesia Católica–, es parte de un anuncio mucho más largo: Annuntio vobis gaudium magnum: Habemus Papam: Eminentissimum ac reverendissimum Dominum, Dominum Georgium Marium Bergoglio, Sanctæ Romanæ Ecclesiæ Cardinalem, qui sibi nomen imposuit Franciscum. La traducción al español es: “Os anuncio un gran gozo: tenemos Papa: el eminentísimo y reverendísimo señor don Jorge Mario Bergoglio, cardenal de la Santa Iglesia Romana, que se impuso el nombre Francisco”.

La persona que hizo el anuncio al mundo fue un protodiácono, palabra que no usamos en nuestro vocabulario cotidiano y que nos llama la atención: ¿cuál es su significado y valor? El término es de origen griego: πρότος con el significado de “primero” y δικονος,  con el significado de “servidor, ministro”.

En la Iglesia católica, el cardenal diácono de más alto rango (en el orden de su nombramiento al Colegio cardenalicio) es el Cardenal Protodiácono. Tiene el privilegio de anunciar una nueva elección papal en el famoso anuncio de Habemus Papam desde el balcón central de la basílica de San Pedro e imponer el palio en la misa de inauguración del Pontificado. También es el encargado de proclamar los decretos de indulgencia plenaria promulgados por el Santo Padre en ocasiones especiales y de asistir como diácono al Sumo Pontífice en las funciones litúrgicas más solemnes. El actual cardenal protodiácono es Jean-Louis Tauran.

¿De dónde proviene el vocablo ‘Papa’? Nos dice el Diccionario etimológico de Joan Corominas que el vocablo tiene raigambres latina y griega. En latín, papas era el título honorífico con que los cristianos designaban a los obispos y a otros dignatarios eclesiásticos, tomando en cuenta que, en primera instancia, el término significaba “tutor”. La acepción señalada, como tratamiento de respeto, había llegado al latín por vía hereditaria pues ya existía el griego pappas, con idéntico valor.

Antes de la elección del nuevo mandatario de la Iglesia Católica, hubo un ‘cónclave’, voz también derivada del latín  conclāve, “lo que se cierra con llave”; en efecto, esta palabra puede designar ya a la junta de los cardenales de la Iglesia católica, reunida para elegir Papa, ya al lugar donde se reúnen los cardenales para esa elección. Destacamos que la acentuación del término es como palabra esdrújula, si bien en su origen latino fue grave.

Cuando la elección resultó definitiva, el pueblo reunido en el Vaticano pudo saberlo gracias a una ‘fumata’; esa voz, asociada al latín fumus, “humo”, designa la nube de humo que anuncia el resultado de la votación en la elección de Papa.

La bendición que da el Papa es conocida como urbi et orbi: los dos términos acabados en –i, indican a los destinatarios de la acción de bendecir: por un lado, la ciudad (urbi significa “para la ciudad”); por otro, el mundo (orbi significa ‘para el mundo’). Es importante saber que la terminación en –i no debe cambiarse por otra, si se mantiene la fórmula en latín, pues esa desinencia señala lo que se conoce como “caso dativo”, esto es, el beneficiario de la acción.

Y la expresión ‘Sumo Pontífice’ ¿qué valor posee? El adjetivo ‘sumo’ es un grado superlativo del adjetivo ‘alto’, proviene directamente del latín summus y es equivalente a “supremo, altísimo”. También el vocablo ‘pontífice’ tiene etimología latina ya que está conformado por dos partes: pons = “puente” y facere = hacer, ya que este funcionario de la Iglesia es, para los creyentes, el que hace o tiende el puente entre los hombres y Dios.

Finalmente, no sabemos cuándo corresponde usar la mayúscula inicial y cuándo no, en relación con el portador de esta dignidad eclesiástica: la normativa es sumamente clara al respecto, pues indica que, si se designa concretamente al funcionario, no con su nombre, sino con el del rango que porta, llevará mayúscula inicial. Así: El Papa visitará Brasil en julio. Pero, si el nombre de la dignidad aparece acompañado del nombre propio de la persona que la posee, se escribirá con minúscula: Renunció el papa Benedicto XVI. Tampoco llevará mayúscula el vocablo usado en sentido genérico: Muchos papas eran de origen italiano.

En cuanto al número que acompaña al nombre que toma el Papa, se usarán ordinales hasta el número diez y cardinales a partir del número once. Entonces, para nombrar a  Paulo VI diremos “Paulo Sexto”; en cambio, fue “dieciséis” para designar a Benedicto o “veintitrés” para nombrar a Juan XXIII.

* Nené Ramallo es la directora del Departamento de Letras, de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCuyo; es lingüista, especialista en dialectología.

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