opinión

El uppercut vaticano al Gobierno

CFK tendrá que rendir pleitesía a quien, aunque no le guste, es también su líder espiritual.

Si había algo que le faltaba al Gobierno nacional para que el 2013 fuese un año malhadado, ese algo llegó esta semana con la designación de Jorge Bergoglio como Papa.

En un año de elecciones legislativas, un año que marca el punto de partida hacia las presidenciales del 2015, el país ha comenzado a vivir reclamos gremiales de una virulencia que no se veía desde hacía tiempo, además, por acción y/u omisión de los gobiernos provincial y nacional se retiró una de las inversiones más importantes (anunciada con toda pompa por la mismísima presidenta) y han empezado a surgir fisuras entre los aliados al Gobierno, impulsadas por grupos que ven venir un panorama complicado y que saben que deben comenzar a abrir el paraguas ante la incertidumbre de las elecciones del 2015.

Se preveía ya desde octubre que este sería un año duro, y de alguna manera la Nación fue anticipando o creando en el camino parches que, como tales, tienen a desprenderse si la presión es mucha. Pero lo que nunca pudieron prever desde el entorno presidencial fue que, a pocos días del aniversario de la tragedia de Once, cuando la actitud del Gobierno no fue de lo mejor, uno de los más acérrimos rivales del kirchnerismo fuera a convertirse en el líder espiritual del mundo católico y, por ende, de la mayor parte de la población argentina, incluyendo a la presidenta.

La noticia debe haber impactado como un uppercup en la mandíbula del Gabinete nacional y de ahí para abajo. Tal debe haber sido la magnitud del derechazo (tómese este término como guste), que ni siquiera pudieron organizar desde la conducción militante K cómo comportarse esa misma tarde del miércoles en Tecnólopis, donde la presidenta encabezaría un acto y donde los allí congregados para hacer número y ruido comenzaron a cantar consignas contra Bergoglio, que tuvieron que acallar cuando Cristina, desde el escenario, envió saludos al nuevo Papa.

Políticamente correcta, la presidenta envió una carta de felicitaciones vía Twitter, augurios y algún que otro reclamo al Papa recién nombrado, luego anunció que viajaría a la asunción y, por último, llamó a un total silencio a su entorno. Pero no pudo callar al periodismo oficialista, que no ha hecho más que echar paladas de tierra sobre la popularidad de Cristina.

Las tapas de Página/12 son el más claro ejemplo de cómo Bergoglio es, para algunos oficialistas, un enemigo que está al mismo nivel del Grupo Clarín. Pero bastaba ver la Televisión Pública, escuchar radio Nacional o a Víctor Hugo Morales desde Continental, o a cualquiera de los personajes públicos próximos al oficialismo, para entender que el escudo alrededor de Cristina había comenzado a elevarse. Pero este escudo, que en otros momentos tuvo cierta efectividad ante algunos temas, esta vez, contra Bergoglio, se convirtió en una pesada carga.

Ni siquiera los demás medios de comunicación aliados (gracias a la pauta publicitaria) al Gobierno reprodujeron mínimamente el discurso de la prensa oficialista.

Es que tirarse, de buenas a primeras, contra las convicciones de fe de millones de argentinos seguramente tendrá un costo importante. Y esto lo entendieron otros líderes políticos: los que pidieron un homenaje en el Congreso, los que se mostraron en cámara alegres por la designación de un Papa argentino, Lilita Carrió, que aprovechó su vaticinio para intentar recuperar algo de imagen positiva, y hasta el mismísimo Nicolás Maduro, con esa irrisoria declaración que atribuía a Chávez la elección de Bergoglio.

Cristina ya está allá, en el Vaticano, para asistir a la ceremonia de asunción del nuevo Papa, porque sabe que esa figura, desde Roma, influirá de manera importante en las próximas elecciones. Porque sabe que la más mínima crítica que desde el balcón de la Plaza San Pedro parta hacia la Argentina le puede piantar más votos que la mentirosa inflación oficial del 11 por ciento. Y porque, ante todo y aunque no le guste, tendrá que rendir pleitesía a alguien a quien hasta la semana pasada le podía hacer un desplante pero que hoy es incluso líder espiritual suyo, aunque siempre se haya esforzado por marcar las diferencias entre la grey y la dirigencia eclesiástica.

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13 de diciembre de 2017 | 22:27
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13 de diciembre de 2017 | 22:27
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    Leopardo al acecho
    7 de Diciembre de 2017
    Leopardo al acecho