opinión

El factor Bergoglio: la política argentina besa el anillo del papa

El humor social en la Argentina cambió con la entronización de Jorge Bergoglio como el papa Francisco. Su incidencia política, su opinión, su pasado y su presente.

Gran parte del país está sumido en una insospechada -hasta hace unos días no más- “bergogliomanía”. Tiene motivos exitistas y frívolos pero, además, otros que son reales y profundos. Entre los primeros, la argentinidad, despojada de fundamentos muy hondos: “ganamos el mundial de los cardenales”, “colocamos un primer mandatario en un estado ajeno”, “tenemos a Maradona, Messi, la reina de Holanda, el Che Guevara y ¡al papa!”. Entre los segundos, en un país que se reconoce como mayoritariamente cristiano y católico, el jefe de la Iglesia es argentino y porteño, con quien miles de personas ofrecen anécdotas personales y que es un protagonista de la vida política contemporánea importante.

Entonces no resulta descabellado pensar en cuál será su rol en la política argentina. Sería mezquino pensar en una incidencia directa en las próximas elecciones: una especulación menor, que subordinaría nada menos que al papa a las cuestiones domésticas y lo enfrentaría directamente con la referencia inmediata de ese proceso, la presidenta Cristina Fernández.

Lo que sí está claro es que Bergoglio ya como Francisco, el papa, se ha convertido en uno de los epicentros informativos no de la Argentina solamente, sino del mundo.

Por lo tanto, como bien lo analizó el encuestador Alejandro Catterberg, es inevitable que logre cambiar el humor social en el país y que cada uno de sus mensajes (múltiples y fuertes, por cierto, en los pocos días que lleva de elegido y aun sin ser coronado) generen una corriente de opinión en su favor y en contra en su país de origen.

Jorge Bergoglio es, de repente, un líder de opinión argentino para los argentinos y para el mundo.

Ante el mundo en donde los argentinos somos estereotipados como soberbios y altaneros, Francisco (que es Bergoglio), es mencionado al menos por 300 millones de personas como el dueño de los gestos simples y las acciones concretas. De hecho, en Europa se le llama ya “el papa de la humildad”.

Es ineludible que este factor tenga una impronta en la Argentina.

Pero, ¿quién es Bergoglio en nuestro país?

Es un sacerdote que, mientras era jefe de los jesuitas en la época de la dictadura, no se sumó a la guerrilla y hasta es probable que haya asumido la indiferencia que caracteriza a la Iglesia, tanto como su oposición a las mujeres sacerdotisas, el matrimonio gay, el divorcio y otros tantos clásicos quela identifican. Pero no un cura que se haya sumado a la dictadura activamente como lo hicieron tantos otros. Así lo indican testimonios como el del también jesuita Franz Jalics, secuestrado e interrogado por los militares durante cinco meses que ayer saludó con afecto a Bergoglio.

Es un religioso que, como dijo la respetable Estela de Carlotto, “no se sumó a la lucha de las Abuelas; nunca nos llamó”. Pero que eso no lo declara “culpable” de las atrocidades de la gran tragedia argentina de los años 70. Además, Alicia Oliveira contó en la semana que termina que él la ayudó cuando debió ocultarse de la búsqueda sangrienta de los dictadores junto con la actual ministra de Seguridad, Nilda Garré.

Bergoglio, el esquivado

Es un cura que no se guarda las críticas políticas.

Como arzobispo de Buenos Aires cuestionó en sus homilías a los políticos y los gobernantes en tiempos de Néstor Kirchner y, a partir de allí, los máximos mandatarios del país lo esquivaron a la hora de los tradicionales Te Déum de las fechas patrias, girando por el país y dejando que Bergoglio diera su homilía sin su presencia.

Y es un jerarca de la Iglesia que tiene amigos y preferencias “política adentro”, entre los que se encuentra una larga lista de opositores.

Es obvio que uno es amigo de sus amigos y no es amigo por la fuerza de nadie. Menos, si no se tienen coincidencias básicas.

El papa y la papisa nac & pop

“Si las mujeres pudieran aspirar al cargo de papa no les quepa duda que esta presidenta estaría disputando para ser papisa”, dijo Cristinas Fernández en un encendido discurso en el que quería mostrar su vocación de poder ante una multitud de sus acólitos, tras la renuncia de Joseph Ratzinger.

Pero las cosas de la vida indicaron que efectivamente: ella no podía comptir por ese cargo, pero aquel a quien dejó plantado en sus homilías de las fechas patrias sí. Y lo eligieron papa, no más.

El oficialismo en pleno sufrió un fuerte shock con la noticia. Es que como movimiento amplio se nutre de católicos y anticlericales, entre otras corrientes, pero con estos últimos liderando la fuerza de opinión y decisión en este momento histórico del peronismo.

Pero el peronismo si es algo, eso es práctica del ejercicio del poder y no ideologismo. Por ello, Bergoglio se convirtió en un factor interno de la amplia alianza gobernante que comienza, ahora, a mostrar sus diferencias.

Hace unos días, durante su visita a Mendoza por la Vendimia, un ex colaborador directo del ex presidente Néstor Kirchner que ya no participa de los círculos del poder, contó en los corrillos que “hay una fuerte lucha entre los sectores más peronistas contra los menos peronistas”, dejando de lado los nombres que, a su entender, “no importan tanto como las formas de hacer la política”. Ubicó a los “prácticos” enfrentados con los “maoístas” de Zannini, el asesor presidencial que es sindicado como el dramaturgo del accionar presidencial.

Esto se evidenció con la reacción anti Bergoglio de la militancia más cristinista que sólo calló sus chiflidos y tuits enardecidos ante el llamado a comprender la dimensión del “enemigo” elegido realizado por la propia Presidenta en su aparición pública en Tecnópolis.

Insultar al nuevo papa resulta, en este momento, poco efectivo, aun para aquellos que creen que hacer cualquier cosa por ganar una elección es lo mismo que embarcarse en alguna "revolución".

 Es como no recibir a una selección de fútbol ganadora del mundial, o endilgarle a Las Leonas que no son lo suficientemente afines al Gobierno como se cree en la Casa Rosada que deben serlo...

Es que cuando Néstor Kirchner eligió hacerle frente hasta al propio aparato justicialista juntando transversalmente a gran parte de la oposición en un frente armado para vencer en las elecciones, armó un “Frente para la Victoria” que no lo fue para gobernar. Cristina Fernández, en cambio, con el movimiento iniciado por su esposo ya inserto dentro del aparato justicialista, inició un movimiento de “profundización del modelo” que terminó siendo para atravesar a la oposición y no para transversalizarse junto con ella, con un único objetivo: el culto indiscutible a la palabra presidencial.

Convertida Cristina Fernández en la “papisa” de un movimiento diverso, los sectores más cercanos a su intransigencia ideológica le rinden pleitesía y perdonan todos sus "pecados

En tanto, los grupos que sintonizan con el “peronismo práctico”, se apuran por alinearse con Bergoglio, el verdadero papa, recordando que es argentino y “peronista”, en relación a su pasado militante dentro de la agrupación Guardia de Hierro. Usan los argumentos que le sirvieron al periodista Horacio Verbitsky para justificar el enfrentamiento entre la Presidencia y el ex arzobispo de Buenos Aires a su favor, reciclándolo, obviando los detalles escabrosos y destacando las cualidades del ahora papa: humildad, visita a las villas humildes, su pasión futbolera y que toma mate y disfruta de los asados y los amigos, como cualquier otro argentino. Como cualquier otro peronista.

Un papa anti k

Como lo contó el periodista Jorge Fernández Rojas el día de la elección papal, la Presidenta pasará de evitar las homilías de Bergoglio en Buenos Aires en las fechas patrias y cambiarlas por las de obispos más afines o menos politizados, a besarle el anillo en el Vaticano, ante su trono, el día de su coronación.

Y no lo hará sola: ha previsto un avión completo de dirigentes argentinos que van a ir a hacer lo mismo: arrodillarse ante el papa y saludarlo en los códigos de la Iglesia, la misma que no va a cambiar sus preceptos opuestos al matrimonio gay, el divorcio y tantas otras cosas que resultan medievales, pero que son su esencia y que nadie desde afuera les va a quitar, y menos en su núcleo, la Basílica de San Pedro.

Algunos ya se han bajado del avión, como el titular de la UIA, Ignacio de Mendiguren, amigo del nuevo papa, que respondió a su pedido de que “no viajen al Vaticano y donen la plata para obras de bien”. Otros, se apuran a participar de las pompas institucionales de consagración del “papa humilde”.

Por lo pronto, Bergoglio no es un factor de decisión electoral, pero sí se ha transformado, guste o no, en un referente social con opinión política. Y por lo tanto, un nuevo líder que todos quienes están en la vereda de enfrente del kirchnerismo podrán utilizar –con o sin la propia anuencia papal- para contrastar las prácticas e ideas del gobierno argentino cada vez que se someta al escrutinio del pueblo.

Opiniones (0)
20 de noviembre de 2017 | 01:07
1
ERROR
20 de noviembre de 2017 | 01:07
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    Grammy Latinos 2017
    18 de Noviembre de 2017
    Grammy Latinos 2017
    Lluvias torrenciales en Grecia
    16 de Noviembre de 2017
    Lluvias torrenciales en Grecia